Colaborador Invitado

Barruntos de tormenta en la sucesión de López Obrador

Tres distinguidos morenistas, a excepción de Claudia Sheinbaum, deben intuir que tienen pocas posibilidades de éxito en esta jornada política.

¡Tiempos idos! ¡Qué tiempos aquellos! El tapado y la simulación política. Los tiempos de ahora, de añoranza y algunas semejanzas. Démosle una mirada al pasado y encontraremos similitudes con aquella época.

Miguel de la Madrid no escuchó las exigencias democráticas del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y de Porfirio Muñoz Ledo, entre otros, en el sentido de celebrar una contienda interna democrática en el PRI para seleccionar su candidato a la Presidencia de la República. No se les escuchó, se colapsó el proceso electoral y «se cayó el sistema».

En lugar de abrirse a las exigencias de los nuevos tiempos, se echó a andar una simulación política. El presidente escogió a seis distinguidos priistas aspirantes a la candidatura para que presentaran sus propuestas de país ante el CEN del PRI. Cada cual contaba con su equipo de trabajo y sus responsables de comunicación.

Pecamos de surrealistas. Nos gusta perder el tiempo en distractores. Por experiencia o por costumbre deberíamos saber que el gran elector ya tiene su predilecto y juega con la ingenuidad y ambición de los aspirantes. Lo más interesante es que cada uno se siente el elegido, perdiendo el elemental sentido de la realidad. A esto yo lo llamo «síndrome del ensimismamiento taciturno».

El proselitismo era en los medios, sin mayor penetración en la opinión pública. Los punteros eran Manuel Bartlett, Alfredo del Mazo y Ramón Aguirre. De pronto, el presidente ordenó suspender el activismo mediático. Se ponía fin al esquema de selección interna.

Ante esta sorpresiva determinación, mi amigo del Mazo pidió mi opinión y le comenté, en términos hípicos, que el favorito del presidente no estaba punteando la carrera. Por supuesto, no aceptó mi comentario. Unas semanas después estaban destapando a Carlos Salinas de Gortari. No se cuidó el proceso y para colmo varios priistas, en plena confusión, destaparon a Sergio García Ramírez. De inmediato, el presidente del PRI, Jorge de la Vega Domínguez, y los sectores corrigieron el entuerto y nombraron candidato a Salinas de Gortari.

Algo parecido puede suceder en Morena. A estas alturas, tres distinguidos morenistas, a excepción de Claudia Sheinbaum, deben intuir que tienen pocas posibilidades de éxito en esta jornada política, a menos que estén contagiados del síndrome de ensimismamiento taciturno.

Estamos en el umbral de importantes acontecimientos políticos. Los problemas nacionales, tanto internos como externos, están conformando un coctel explosivo. En este contexto, definir la sucesión de López Obrador adquiere rango de urgente resolución. Por esta razón, el presidente tiene prisa; quiere acortar los tiempos para definir el candidato de Morena a la Presidencia de la República. Durante su encuentro con los senadores de su movimiento y sus aliados enfatizó la importancia de la unidad interna de su partido para no poner en riesgo el 2024.

También deslizó la idea y posibilidad de eliminar la encuesta y construir una candidatura de unidad. Unidad que sólo se puede lograr con un acuerdo que contemple posiciones políticas para todas y todos los contendientes: Claudia, Ebrard, Adán y Monreal.

La realidad y las circunstancias aconsejan «candidatura de unidad». A estas alturas, López Obrador debe saber que la encuesta no le garantiza la unidad interna necesaria para el proceso electoral de 2024.

Ya lo hemos comentado: el método para la selección de la candidata o candidato de Morena está desgastado y adolece de legitimidad. El pueblo sabio está convencido de que el presidente López Obrador será el gran elector. La encuesta no será mecanismo de unidad. Nadie cree en ella. Menos Ebrard y Monreal. Los dos las han sufrido en carne propia. El tiempo va dando certeza a esta realidad: no existe piso parejo. AMLO no oculta su preferencia y, en consecuencia, como efecto dominó acarrea a los simpatizantes a favor de la jefa de Gobierno. «La cargada» a la vieja usanza del nacionalismo revolucionario.

Ante la postura del presidente de acortar los tiempos y la inmediatez de los acontecimientos, Ebrard empieza a sacar la casta argumentando «si hay favorita para qué la encuesta» y exigiendo a la dirigencia de Morena reglas claras para el proceso. Con la renuncia de su principal subsecretaria manda un mensaje y fija su postura, señalando que va en serio a la contienda y seguro demandando algunas exigencias: renuncia de los contendientes, debates políticos y una comisión técnica que opere y vigile las encuestas.

Ya queda poco tiempo para emparejar el marcador. Ebrard, por sus últimas declaraciones, está dispuesto a renunciar y recorrer el país para ampliar su margen de competencia. Aun en desventaja, le dará credibilidad y dejará el papel de simple acompañante de una situación incierta.

Ante este panorama, la candidatura de unidad es la salida política del presidente y la oportunidad de preservar la unidad de Morena y evitar la diáspora engrosando las filas de la oposición. El tiempo apremia. Ebrard está en su derecho político y su renuncia le daría un giro de 180 grados a esta realidad que no beneficia a los contendientes.

Roberto  Albores Guillén

Roberto Albores Guillén

Exgobernador de Chiapas

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