Colaborador Invitado

Partidocracia y cleptocracia, taras de nuestra democracia

Los políticos deben ver que las manifestaciones reflejan claramente una fuerza ciudadana que nace del hartazgo; se nutre del desengaño, la frustración y la rabia crecientes.

¿Qué gana la ciudadanía con procesos limpios, transparentes, creíbles, si sólo se le deja la opción de elegir a los candidatos de las cúpulas partidistas?

Después de la hegemonía del PRI, que se prolongó por siete décadas; luego de la alternancia que protagonizó el PAN, con duración de dos sexenios; al cabo de uno más con el regreso de aquel partido y en el quinto año de la actual administración, el anhelo colectivo por una democracia real, que se traduzca en buenos gobernantes, está marcando la hora política nacional.

Una evidencia de ese proceso ha quedado establecida en los movimientos pacíficos que tuvieron lugar en la capital del país, en otras entidades y en algunas ciudades del mundo, el 13 de noviembre de 2022, y el del 26 de febrero pasado, en que miles de personas de todos los sectores se congregaron para expresar su rechazo a la reforma electoral.

En ambas ocasiones, algunos líderes de los partidos políticos opositores participaron en las movilizaciones, pero fue evidente que no las convocaron, ni las organizaron, ni las promovieron.

Eso significa que no tienen el crédito, ni la capacidad, ni la fuerza para hacerlo; es una prueba de su debilidad y desprestigio, de la desconfianza que inspiran e incluso del desprecio que se han ganado por su cuestionable actuación de años. Gozan del registro, del dinero público y de la hegemonía de las postulaciones; sus líderes deciden sólo ellos para ellos, pero les falta pueblo.

Y este es el que, ahora, deberían incorporar en sus procesos internos de selección y elección de candidatos a puestos electivos si quieren demostrarle que lo consideran, que quieren contar con él, y probar que están en línea con la democracia, régimen en que la inclusión y la participación ciudadana son fundamentales.

Los políticos deben ver que las manifestaciones reflejan claramente una fuerza ciudadana que nace del hartazgo; se nutre del desengaño, la frustración y la rabia crecientes derivadas del inescrupuloso y frecuentemente corrupto desempeño de la élite. Son impulsadas por la conciencia de la sociedad --cada vez más amplia y patente--, que la llevan a decir ¡ya basta!

Con esas y otras motivaciones, se ve que la gente está dispuesta a mantener una exigencia democrática. Esta, hoy, atraviesa por el imperativo de que no se muevan la estructura, funciones y capacidades del árbitro electoral, lo cual decidirá la Suprema Corte cuando emita su sentencia sobre la constitucionalidad o inconstitucionalidad del Plan B.

Pero aun cuando el INE quede intacto, eso no es lo central; el verdadero quid es el que históricamente no se ha podido resolver y se reduce a cómo llevar al poder a gobernantes que en verdad se preocupen y se ocupen del deber --que hasta ahora la mayoría han soslayado-- de procurar el bienestar de sus gobernados.

Porque si no, ¿qué ganan con que haya procesos limpios, transparentes, creíbles, si sólo se les deja la ingrata opción de elegir a representantes que, como históricamente ha sucedido, ven en el poder el medio más fácil y rápido para enriquecerse escandalosamente, en una cada vez más descarada y descarnada práctica de utilizar al pueblo para ello?

Es ahí, justamente, donde se halla el enorme desafío de la sociedad que hoy presiona y se moviliza sin líderes, con excepción de lo que representa AMLO para sus seguidores. Ostensiblemente, la oposición no cuenta con ellos y es lo que requiere con mayor urgencia. ¿Dónde va a encontrarlos?

¿Dónde está, en la oposición, ese personaje que aglutine y canalice el poder comunitario que se está viendo y que lo encabece en la elección de 2024?

¿Dónde está ese posible candidato con la fortaleza política, capacidad, preparación, apoyo gubernamental y popularidad de la que gozan las tres corcholatas oficiales más dos y que representan hasta hoy ventajas comparativas y competitivas frente a casi cualquier aspirante “visible” de los contrarios?

Ese, es un reto para el que nadie, hasta este momento, se atreve a sugerir una respuesta. Y si la oposición y los colectivos que aspiran a desplazar a Morena no la encuentran, el triunfo de los morenos será inevitable y arrollador… con o sin INE.

Sotto Voce.– Buen punto, el aterrizaje de Tesla en Nuevo León. Mérito de muchos, pero destacadamente de Marcelo Ebrard, que con su gran oficio, cabildeó por meses --aseguran sus allegados--, la llegada de la cuantiosa inversión… Contra lo que muchos afirman, Unifin, de Rodrigo Lebois Mateos, avanza en el proceso de reestructuración de deuda, ingeniería financiera, fortalecimiento operativo, administrativo e imagen institucional… Nayib Bukele, presidente de El Salvador, demuestra estatura de verdadero estadista al librar a sus gobernados de la criminal y peligrosa mara salvatrucha, con la aprehensión y encarcelamiento de 62 mil de sus integrantes en el Centro de Confinamiento del Terrorismo, la cárcel más grande, eficiente, segura y moderna del Continente Americano… Aunque haya dicho varias veces que no le interesa, Luis Donaldo Colosio Riojas, alcalde de Monterrey, quizá termine por aceptar la candidatura de MC a la presidencia de la República a fuer de ser incorporado a las encuestas que se levantan por doquier y por el altísimo nivel de aceptación e intención de voto que tiene.

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