Bajo la premisa común que priva en Estados Unidos de que las relaciones, sobre todo las comerciales, deben regirse por el principio de la conveniencia mutua, ese país y Canadá deberán llegar a un acuerdo en la controversia que mantienen con México en materia de energía.
Por racionalidad, este debe darse en la etapa de conversaciones que han solicitado estadounidenses y canadienses juntos, con el fin de que nuestro país, en su percepción, se ajuste a lo que establece el TMEC.
En esa instancia, que evitaría llegar a un panel al cabo de varios meses, las partes pueden presentar los argumentos en los que apoyan sus respectivas posturas y seguir obteniendo los enormes beneficios que les deja el multimillonario intercambio.
De acuerdo con autoridades mexicanas, el tratado trilateral no comprende las pretensiones de Estados Unidos y Canadá sobre la producción y venta de energía. El capítulo 8 del TMEC se refiere exclusivamente al dominio directo y exclusivo del Estado mexicano sobre los hidrocarburos.
Aunque decenas de especialistas e interesados han puesto sus argumentos sobre la mesa, y en ningún caso ha considerado alguno que a esos países no le asiste la razón, debe decidirlo quien está facultado para ello.
Está en duda si el gobierno de México aceptaría que la disputa se decidiera con base en otro acuerdo, eventualmente el Tratado de Asociación Transpacífico, del que también formamos parte, con el que se buscaría imponerle condiciones.
Un punto importante en este caso es el tiempo. No hay manera de que la resolución se vaya a aplazar indefinidamente.
La idea es y debe ser ganar-ganar. Y las partes en conflicto pueden hacerlo. México, por ejemplo, manteniendo su defensa de la soberanía energética, pero enviando un mensaje indubitable de confianza, certeza, credibilidad y respeto a las leyes.
Sobre esa base, sus socios podrían mantener y canalizar más y mejores inversiones no sólo al sector energético, sino a otras ramas, aprovechando la nueva tendencia mundial en la que empresas mueven sus fábricas a países más cercanos a sus mercados (nearshoring).
México, no sólo por su posición geográfica, ofrece ventajas comparativas y competitivas frente al resto de las naciones latinoamericanas, sino otras condiciones que debería aprovechar en todo su potencial.
Si ambas partes se asumen dialogantes, tolerantes y justas, la inversión de 40 mil millones de dólares para los próximos dos años que se puso en perspectiva durante el encuentro de los presidentes López Obrador y Biden hace unos días, podría coagular más rápido.
Si no concretan un acuerdo y Estados Unidos y Canadá emprenden una guerra comercial contra su socio, la economía podría descomponerse todavía más aquí, llevándola incluso a una indeseable recesión, pero irremediablemente impactaría también allá. Es mejor el equilibrio que las diferencias o la confrontación.
Históricamente, Estados Unidos siempre se ha regido por el interés económico; es su espíritu y es comprensible, pero México también lo tiene en el Tratado y defenderlo es, política y moralmente, una obligación.
Esta es una ocasión en la que está a prueba una diferencia notable entre Estados Unidos, Canadá y México, centrada en el dinero, pero nuestro país debiera enfrentarla con la fuerza de la inteligencia y la razón.
Sotto Voce.- Después de la primera encuesta, volvemos al mismo lugar: Delfina, Horacio o Higinio, son los únicos y con las mismas posibilidades de alcanzar la candidatura de Morena al gobierno del Estado de México... Ya ni la burla perdonan quienes proponen a Silvano Aureoles como candidato a la presidencia. Faltarían Cuauhtémoc Blanco, Ignacio Peralta, Claudia Pavlovich…