Roberto A. Albores Guillén, exgobernador de Chiapas
La política tiene ritmo, cadencia y tiempo. Su ley de rendimientos decrecientes es una realidad. El poder sufre un evidente desgaste en razón casi proporcional al transcurso del periodo de gobierno. En México es un ciclo bien determinado: un sexenio. No hay reelección. Los primeros tres años son los de mayor poder y los restantes tres de capotear el vendaval y los desencuentros políticos.
Los símbolos del poder acuñados por el nacionalismo revolucionario cobran sentido y sabiduría política. En la práctica, aun en forma subrepticia, se hacen presentes. La anécdota de los tres sobres es una máxima de la cruda realidad. El personaje que entrega el poder deja a su sucesor tres sobres con una recomendación política. Cada uno será útil y le facilitará la gobernabilidad durante dos años. En privado, revisa el contenido de los sobres y el primero dice: «Échale toda la culpa a la administración anterior»; el segundo: «Cambia gabinete», y el tercero: «Empieza a escribir tus tres sobres».
El tiempo pasa a velocidad de vértigo, fugaz y repentino, un suspiro al aire. Al actual gobierno se le pasó el tiempo. Los mejores años, los primeros, son para fincar las bases del cambio y la transformación. El presidente quedó anclado en el discurso y en la condena del pasado, ya cambió gabinete y está en plena redacción de su tercer sobre.
Cada seis años renovamos la esperanza del pueblo de México y cada seis años traicionamos esa esperanza. Al presidente López Obrador le faltó definir con precisión su cuarta transformación, era necesario concretar los alcances del cambio de régimen. Era indispensable clarificar objetivo, método, sistema, modelo e instrumentos para aterrizarlo. El momento de profundizar los cambios e inaugurar una nueva forma de gobierno: democracia, justicia y seguridad. Sentar las bases de una nueva República, sacudir la polilla del viejo árbol.
Combatir la corrupción con hechos y no sólo con palabras. Reactivar la economía con un programa integral de acciones de gobierno y de la iniciativa privada, con un nuevo enfoque y modelo de desarrollo para garantizar bienestar y sosiego colectivo. Reestablecer la seguridad nacional combatiendo con información de inteligencia e instrumentos tecnológicos a los criminales que azotan al país y que desplazan al gobierno en amplias zonas y regiones. Y, por supuesto, gran tarea, convocar a los mexicanos a unirse para hacer frente a la calamidad y al fatalismo de la pandemia. Todas y todos en defensa de la vida.
Estos problemas nacionales no se han resuelto y están horadando el alma nacional. Son lápidas muy pesadas que ponen en riesgo nuestro destino como país civilizado y con perspectivas de avanzar hacia el futuro y la modernidad. El país está dividido, en disputa la nación. El movimiento nacional de mujeres en defensa de lo propio es reflejo del acontecer del país. Las clases medias en proceso de deterioro y en lucha por su reivindicación; los empresarios simulando apoyo y, en el fondo, en contra del actual gobierno y los partidos políticos en busca de sus candidatos para la sucesión presidencial.
El ámbito internacional, enrarecido. El gobierno norteamericano y el Senado, preocupados por lo que pasa en México; el Parlamento Europeo igual, los medios de comunicación y los periodistas en franca lucha, en fin, un coctel muy explosivo. Esta realidad ayuda a la oposición. Ya está presente y son evidentes sus manifestaciones de inconformidad. Hizo el vacío a la revocación del mandato, pues la considera un ejercicio inútil y con su silencio deja solo al presidente y deslegitima el proceso.
Después de las elecciones de las seis gubernaturas vendrá la batalla por las reformas constitucionales propuestas por el presidente López Obrador. Se antoja una arena política caliente y movediza y después, campo abierto y lucha sin cuartel para la búsqueda de la Presidencia de la República. ¿Y el país, su salud, su economía y su seguridad? ¿Olvidadas? En realidad, la lucha por la sucesión ya está en plena efervescencia; los fantasmas de la sucesión presidencial recorren la República.