Colaborador Invitado

Una voz, de miles, en defensa de Chiapas

La sentencia que acaba de emitir la Suprema Corte sobre el supuesto conflicto de límites entre Chiapas y Oaxaca es un fallo en contra de mi estado.

A la fatalidad no hay que darle patente de corso, derecho de tregua y, menos, albedrío para la contemplación y el disimulo. Es momento de levantar el ánimo, la determinación y sacar al guerrero de la profundidad del alma. Es tiempo de expresar nuestra verdad, defender causas justas y denunciar entuertos y desatinos políticos que lesionan al pueblo.

La sentencia que acaba de emitir la Suprema Corte de Justicia de la Nación en relación con el supuesto conflicto de límites entre Chiapas y Oaxaca es un fallo en contra de mi estado. Esta resolución lastima la soberanía y la dignidad de mi pueblo. En tiempo y forma, como dicen los abogados, le solicité al señor secretario de Gobernación que, en ejercicio de sus facultades como responsable de la política interior, pidiera a la Corte aplazar la sentencia de marras. Este aplazamiento daría tiempo para revisar a profundidad los planos de la época colonial y de la anexión de Chiapas a México. Además, sería un espacio para construir los acuerdos y los consensos entre las partes para afrontar y avanzar en este tema tan delicado.

Por supuesto, es fundamental deslindar el tema de límites de las cuestiones agrarias, que son diferentes y suelen confundirse. En verdad, el entonces Departamento Agrario del gobierno del presidente Díaz Ordaz, a cargo del ingeniero Norberto Aguirre Palancares, de Oaxaca, complicó demasiado el problema con dotaciones de tierra sin precisión clara y contundente. Ha habido más conflictos entre estas comunidades por el asunto agrario que por cuestiones de límites. El traslape de los decretos presidenciales, dotando de tierras a los campesinos, ha generado tensión y enfrentamientos. Además, el asunto de «límites» se ha convertido en fuente socorrida de los intereses políticos; pronto saltarán a la palestra los «salvadores» y «mediadores» oficiosos, expertos en la nada, la ignominia y el oportunismo.

Quisiera pensar que mi propuesta al secretario de Gobernación llegó a destiempo. Finalmente, el hecho se dio y la Corte dictaminó sin considerar el daño que causaría. Existen muchas dudas e interrogantes que no se han resuelto sobre este asunto. Lo más delicado es que en forma subrepticia, casi en secreto, de pronto se urgió la sentencia, al viejo estilo de las consignas del pasado.

Las comunidades, con altas y bajas, conviven con normalidad y en relativa paz; reconocen los límites preestablecidos. Chiapas no aceptará la sentencia de la Corte; se dispone a defender su territorio. Ya se habla de grupos armados y de convertirse en municipios autónomos. Este es el resultado de una aberración política: una crónica anunciada de violencia y desencuentros. Me hubiera gustado equivocarme en mi predicción; parece que, al contrario, puedo quedarme corto en mis cálculos sobre la posible descomposición política y social que sufrirá esta región.

La sentencia de la Corte es un atropello a mi estado y una ofensa a la inteligencia política. Se supone que la política es el instrumento para construir acuerdos y evitar que los conflictos escalen, poniendo en riesgo la vida de los ciudadanos. Con tristeza y coraje levanto la voz en defensa de Chiapas. ¡Llegamos a México con nuestro territorio y con límites históricos bien definidos! ¡México debe respetarlos y evitar el agravio a los chiapanecos!

A la deuda histórica que tiene el Estado mexicano con Chiapas por el olvido, el abandono y la pobreza ahora se suma la falta de respeto a la dignidad y soberanía de mi pueblo. No han medido las consecuencias que puede traer este desatino político en contra de Chiapas. Mi pueblo no lo merece.

El silencio es aturdidor, nadie ha levantado la voz por Chiapas, nadie asume su responsabilidad. No les duele Chiapas. “La historia los juzgará”. Durante mi gobierno, con el corazón y la ley, defendí la soberanía de mi estado. Avanzamos en su pacificación, restablecimos el Estado de derecho y creció su economía. «Hechos y no palabras». En el conflicto específico de límites Chiapas-Oaxaca, con inteligencia, determinación y voluntad política, ambos gobiernos privilegiamos la paz entre las comunidades y fortalecimos nuestra fraternidad como estados hermanos.

El presidente López Obrador debe atender este asunto. De no hacerlo, le provocará un clima de tensión política en Chiapas. Este tipo de problemas de límites son similares a los religiosos: el fanatismo hace su aparición y el costo puede ser muy elevado. Es su responsabilidad buscar, con apego a la ley, cómo restablecer y garantizar la paz entre Chiapas y Oaxaca. Una voz, de miles, en defensa de Chiapas.

Roberto  Albores Guillén

Roberto Albores Guillén

Exgobernador de Chiapas

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