Colaborador Invitado

¿Cómo garantizar el lugar de México en la producción mundial de algodón?

Para garantizar la producción de este cultivo se requiere de herramientas tecnológicas que prioricen el cuidado de dos elementos esenciales en la agricultura: el agua y el suelo.

Gilberto Macías, representante de Yara México

El Día Internacional del Algodón nos invita a reflexionar sobre los usos de la fibra natural más producida en el mundo, −se estima que entre 2019-2020 la producción mundial de algodón alcanzó un volumen de 26.5 millones de toneladas−, así como de la importancia para el desarrollo económico de todos los involucrados en su cadena de valor; desde el cultivo, hasta la comercialización y transformación de materia prima en productos que usamos a diario.

El algodón está catalogado como el cultivo no alimentario más importante a nivel mundial por sus diversos usos, principalmente como una materia prima para la industria textil, cosmética y alimentaria. En esta cadena de producción participan más de 350 millones de personas en el mundo, quienes, con los avances de la tecnología, hoy producen 50 por ciento más de este cultivo que hace 40 años. Así, México ha logrado posicionarse como noveno productor, a nivel mundial, con una producción de un millón 162 mil 603 toneladas de algodón gracias a los esfuerzos de los pequeños productores del país.

En el marco de este día internacional, México debe voltear a ver el trabajo de los productores que enfrentan retos como la obtención de semillas de calidad y variedades adaptadas al país, así como un bajo acceso a maquinarias y a equipos adaptados a la agricultura familiar. Esto sumado a los efectos climáticos que dificultan lograr una producción sostenible y rentable para todos los involucrados en el sector.

¿Cuál es la respuesta? Para garantizar la producción de este cultivo se requiere del impulso de herramientas tecnológicas que prioricen el cuidado de dos de los elementos esenciales en la agricultura: el agua y el suelo, y que, a la vez, otorguen información que le permita a los agricultores tomar decisiones con mayor certidumbre respecto al cuidado de sus cultivos.

A veces olvidamos que el suelo es un recurso no renovable y su preservación es esencial para la seguridad alimentaria. Cuanto más saludable se mantiene, se obtienen mejores resultados en la cosecha. Estos pueden jugar un papel importante en la mitigación del cambio climático ya que almacenan el carbono y disminuyen las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera cuando se gestionan de forma sostenible. Para mantenerlo en condiciones óptimas la puesta en práctica de soluciones tecnológicas como el fertirriego, es decir, el uso de fertilizantes solubles en agua en un sistema de riego aplicación de fertilizantes sólidos, permite una reducción en 31 por ciento de consumo de agua por tonelada de cultivo.

En el cultivo del algodón se requieren riegos constantes, pero no excesivos, para mantener la salud de la fibra, por lo cual, un manejo adecuado de sistemas de microirrigación, aunadas a una buena iluminación y temperaturas mayores a 15 grados, permitirá cubrir la producción de uno de cada cien kilogramos cultivados en el mundo.

En México se ha reportado la existencia de especies nativas del algodón en 27 estados, pero son seis las entidades federativas en donde se distribuyen las zonas productoras del cultivo agroindustrial: Tamaulipas, Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila y Durango. De acuerdo con la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, 70 por ciento de la fibra de algodón que se produce en México se destina a la industria textil nacional, mientras que el resto se exporta.

Lo anterior se debe a que el algodón tiene la ventaja de ser un producto completamente natural, lo que significa que es biodegradable y, por lo tanto, más demandado a nivel mundial, en comparación con otras fibras comunes como el poliéster sintético, el rayón semisintético, etc. Para mantener este eje de sostenibilidad que caracteriza a la fibra más producida en el mundo, desde el sector agro se deben impulsar capacitaciones que tengan como prioridad sostener una agricultura inteligente, que a través de la tecnología, genere rentabilidad tanto para el ambiente como en la economía de todos los miembros de su cadena de valor.

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