Colaborador Invitado

Ramón López Velarde y la lectura de Charles Baudelaire

Ramón López Velarde también fue estudioso y lector asiduo de otros poetas nacionales e internacionales gracias a su difusión en las publicaciones mencionadas.

En el centenario luctuoso del poeta nacional, la aguascalentense Martha Lilia Sandoval se reconoce poseedora de una “responsabilidad gozosa”: difundir la obra de López Velarde; en esta primera parte nos habla de él y Baudelaire.

La primera mención de Charles Baudelaire en México, según investigadores, apareció en 1876, en Le Trait d´Union, publicación en francés editada en la Ciudad de México, en ella se incluyó una anécdota sobre el personaje, fue tres años después que este diario imprimió en sus páginas uno de sus poemas. Hoy las nuevas tecnologías permiten acceder de forma inmediata a todo tipo de creadores y sus obras, pero en aquel lejano siglo XIX el descubrimiento y estudio de los nuevos talentos, los que estaban en boga o recién se consagraban, dependía del acceso a las obras originales -privilegio de pocos- o la traducción al español (la de las Flores del Mal llegó hasta 1905), por lo que las publicaciones periódicas cumplieron una importante función como oportunas divulgadoras de la creación nacional y extranjera, en el caso de Baudelaire, la Revista Azul y la Revista Moderna cumplieron esa misión al publicar sus poemas.

En la búsqueda de una voz propia, la lectura de otros autores cobra particular relevancia para todo poeta, en sus años como estudiante y creador en Aguascalientes, Ramón López Velarde también fue estudioso y lector asiduo de otros poetas nacionales e internacionales gracias a su difusión en las publicaciones mencionadas. La académica y escritora Martha Lilia Sandoval Cornejo ha logrado verificar a través de sus investigaciones, el valor de dicho acercamiento para incluso precisar: “lo que pudo más haber leído López Velarde, fueron los Poemas en Prosa”, pues es lo que más publicaron ambas.  En el segundo poema de La Sangre Devota (1916), el primer poemario publicado por el zacatecano, hace una declaración con la que reconoce un antes y un después en su propia escritura:

entonces era yo seminarista

sin Baudelaire, sin rima y sin olfato

El olfato que retoma se entiende en un sentido literal, Villaurrutia escribió al respecto que es “el más característico, el más refinado, el más precioso y sensual de los sentidos que poeta alguno como Baudelaire haya puesto en juego jamás”, al destacar las imágenes olfativas en la obra de López Velarde:

a oler abiertas rosas del presente

y herméticos botones del futuro

Aunque la palabra olfato también puede referir a otro concepto, indica la doctora Sandoval, al de la perspicacia, al de cierta malicia: “¿Cuál podría ser esa malicia? Yo tengo dos hipótesis al respecto, creo que por un lado es una apertura al otro, al mundo exterior, al mundo de la mujer, por ejemplo; y también ese sentido entre irónico y humorístico que va desarrollando a través de su trabajo como escritor tanto en la poesía como en la prosa y que se va a ver puesto de manifiesto en sus poemarios Zozobra y El son del corazón”. Pero no solo a Charles Baudelaire leyó el abogado y católico militante originario de Jerez, Zacatecas (continua).

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