Clemente Ruiz Duran

Rediseñando América Latina: el entorno productivo

Para México el gran reto es cómo transformar la industria automotriz, que es la típica industria del nearshoring, en una industria de conocimiento.

América Latina ha experimentado diferentes fases de reestructuración productiva, la primera transformación de primario exportador a una industrialización basada en sustitución de importaciones. Sin embargo, el modelo se sustentó en las exportaciones basadas en materias primas, cuyas fluctuaciones las hacían depender de los mercados internacionales.  Todo esto llevó a la crisis de la deuda externa, lo cual obligó a adoptar un modelo exportador basado en mano de obra barata, el cual subsiste hasta la actualidad. El brinco a una transformación productiva basada en el conocimiento aún es incipiente en la región y por lo mismo, se depende de flujos de inversión del extranjero, este modelo parece haberse reforzado con las propuestas de nearshoring propuestas por los Estados Unidos, y que la mayoría de las economías de la región buscan complacer a los inversionistas extranjeros tratando de atraer estas inversiones.

Esta experiencia ha desbordado los ánimos de los ministerios de hacienda de la región, que buscando atraer los recursos externos, han decidido posponer las reformas tributarias necesarias para fortalecer sus ingresos. Esto ha traído una especie de nueva ilusión industrializadora en la región, tratando de atraer los flujos de inversión extranjera ligados a  mano de obra barata, perpetuando con ello el modelo de maquila, sin que se haya mencionado en ningún caso el surgimiento de complejos de alta tecnología. El supuesto detrás de esta propuesta es que será un proceso evolutivo en el que en fases posteriores se dará el desarrollo del producto en la región, tal cual se pensó en el modelo de sustitución de importaciones.

Se requiere de un proceso más complejo, la llegada de capitales a la región sí generará nuevos  empleos; sin embargo, no desatará, como se espera, el desarrollo de nuevas tecnologías, se requiere de un esfuerzo más complejo. En este proceso se requiere de cambios institucionales más amplios, en los cuales se establezca en el centro de la negociación con los nuevos inversionistas el concepto de desarrollo de producto desde su concepción, su diseño y su fabricación, es decir, requerimos centro de manufactura compleja y no ensambladoras.

La pregunta que surge es: ¿en qué buscamos especializar a México y América Latina? Requerimos especializarnos en áreas de tecnología de punta que puedan transformar el actual modelo de tecnología tradicional que apoya al modelo maquilador. Los ministerios de Economía de América Latina debieran ser los encargados de establecer reglas para recibir a las nuevas inversiones, en todos los casos, se debe demandar el desarrollo de producto en todos los países latinoamericanos, no simplemente dar permisos para su establecimiento. Costa Rica adoptó el modelo de desarrollo de software y logró que se estableciera la poderosa empresa Microsoft y ahora la empresa ha ampliado sus capacidades de producción en el país, estableciendo la planta más moderna a nivel global.  En México, hace dos décadas en Jalisco se instrumentó el programa de desarrollo de software que se transformó en un programa nacional con la creación de Prosoft, posteriormente se decidió eliminar el programa y hoy no existe ningún programa amplio para apoyar el diseño de la industria del software.

Costa Rica y México han impulsado la industria de dispositivos médicos y ambos han sido exitosos, este caso se le debería dar seguimiento y ampliar para que su producción se amplíe a nivel regional en México y se logre establecer proyectos conjuntos con otros países latinoamericanos.

Para México el gran reto es cómo transformar la industria automotriz, que es la típica industria del nearshoring, en una industria de conocimiento, debieran asociarse al proyecto a los grandes centros de investigación del país, para el diseño y manufactura de los nuevos automóviles del siglo 21. En este sentido, la Secretaría de Economía debiera cambiar su papel pasivo a uno proactivo para inducir desarrollos tecnológicos más complejos, no se trata exclusivamente de atraer inversiones, sino que estas se liguen a procesos de producción más complejos. Las cifras de inversión al primer semestre de este año muestran que se ha incrementado, lo cual es conveniente, pero para que tenga un mayor efecto multiplicador se requiere negociar la construcción de plantas intensivas en conocimiento. Se requiere de un esfuerzo adicional por parte de las autoridades no sólo de México sino de toda América Latina, se trata de aprovechar el nearshoring para transformar la planta productiva, y no para sólo ampliar la capacidad maquiladora del país y de toda América Latina. Es un gran reto que abre una nueva oportunidad a América Latina, siempre y cuando los países de la región no tengan un papel pasivo en este proceso, simplemente esperando resolver el problema de la restricción externa al crecimiento por la vía de atracción de inversión extranjera y sin que se realicen las reformas requeridas.

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