En las últimas semanas América Latina se ha debatido en la inestabilidad política y ha abierto sus puertas a un proceso de deterioro democrático. El caso de Perú nos debiera preocupar a todos porque da muestra de la debilidad institucional que se vive en la región y la fragilidad de los procesos democráticos. Las instituciones tardan en gestionarse y son luchas que acaban definiendo las reglas democráticas sobre los cuales deben cimentarse la construcción de la nación. México ha tenido frente a sí un siglo de construcción institucional que ha permitido un reordenamiento de la vida política y social del país, nos hemos declarado un país democrático capaz de alcanzar consensos y crear instituciones sólidas, sin embargo, debemos de estar conscientes de que este proceso tiene que ratificarse continuamente para asegurarnos que el marco institucional captura el espíritu de la República.
Las instituciones tardan en gestionarse, procesos largos que buscan los consensos de forma de generar el encuentro de voluntades. En el siglo XX México se convirtió en un paradigma en la construcción institucional, un movimiento revolucionario que abrió la puerta a rediseños estratégicos, consolidamos un sistema de seguridad social, creamos instituciones de educación que permitieron la construcción de una sociedad del conocimiento, rediseñamos el acuerdo fiscal y consolidamos el federalismo fiscal, es un recuento que muestra cómo encontramos el camino para dotar al país de una visión de largo plazo. Adaptamos el proceso productivo para impulsar la industrialización del país, fuimos capaces de dar un perfil de modernidad a la economía. En ese esfuerzo de gran aliento no sucumbimos ni a la especulación, ni al desaliento de la fuga de capitales, fuimos capaces de nacionalizar cuando se encontraba en riesgo la nación, en la primera mitad del siglo enfrentamos a las grandes corporaciones petroleras y sentamos las bases para sustentar el desarrollo de la sustentación de la sustitución de importaciones. Posteriormente nos petrolizamos y no supimos evitar el riesgo del colapso petrolero, pero tuvimos la voluntad de nacionalizar la banca para reordenar el país.
En la debacle, en una visión de largo plazo reordenamos el país y dimos los pasos necesarios para construir un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos y Canadá. En todo este proceso, las diferentes fuerzas sociales acompañaron la modernización económica y social, y en un esfuerzo que daba muestra de la fortaleza de la sociedad mexicana, en el reordenamiento se fueron generando nuevos espacios que lentamente fueron labrando acuerdos para acometer la gran tarea de construir instituciones electorales capaces de ordenar el proceso electoral y caminar hacia una transición ordenada hacia la democracia. Fue un esfuerzo complejo que dio a luz al Instituto Federal Electoral, encargado de estructurar un sistema electoral creíble en un país con 2 mil 446 municipios, 32 entidades federativas, y con una población de 98.8 millones de habitantes. El país dio muestra de civilidad frente a todo el mundo, este proceso consolidó e institucionalizó un sistema electoral creíble.
Esta lucha permitió la alternancia democrática dando muestra de su vigor como instancia creíble y responsable de conducir los procesos electorales. Contrastando con el desarreglo electoral que prevalece en gran parte de la región latinoamericana, en donde incidentes como el de Perú dan muestras de la debilidad institucional en algunos países del cono sur.
Estos vientos de inestabilidad se presentan ahora con una propuesta de reforma legal que busca con la mayoría simple aprobar reformas que violentan el proceso legislativo. Se requiere que las fuerzas democráticas del país pongan un alto a este proceso ya que lo que se encuentra en riesgo es la credibilidad del sistema político electoral, abriendo la puerta a una nueva inestabilidad política y sistemas autoritarios que habían sido superados.
Es momento de reflexión nacional, se está violentando el proceso legislativo que ha servido para mantener el orden constitucional en el país, se requiere atajar estos procesos para evitar un retroceso democrático, se está poniendo en riesgo la historia de lucha por desterrar las prácticas autoritarias del país. Este debate es un debate por la democracia, por respetar a las instituciones que hemos forjado a lo largo de los últimos cien años, es un llamado a no tirar por la borda el esfuerzo realizado. Es momento de reflexión nacional para evitar dar un paso hacia el pasado que habíamos superado.