Clemente Ruiz Duran

Cambio climático, migraciones y ecoansiedad

Los efectos del cambio climático están provocando migraciones masivas que desestabilizan a las economías en desarrollo.

Con el inicio de la cumbre climática de las Naciones Unidas en Glasgow muchos países se han comprometido a realizar un mayor esfuerzo para combatir el cambio climático. Sin embargo, esos planes aún no cumplen con lo que se requiere para evitar un aumento peligroso de las temperaturas globales. Los cuatro mayores emisores de contaminantes en el mundo -China, Estados Unidos, la Unión Europea e India- son responsables de poco más de la mitad de la producción mundial de gases de efecto invernadero y se consideran claves para limitar los impactos futuros del cambio climático.

En el periodo previo a la cumbre en Glasgow, tanto Estados Unidos como la Unión Europea hicieron nuevas promesas de reducir sus emisiones aproximadamente en un 50 por ciento por debajo de los niveles de 2005 para 2030. Pero ninguno de los gobiernos ha puesto en marcha políticas suficientes que les permitan cumplir con sus promesas. La Unión Europea está preparando un nuevo paquete de energía limpia, mientras que la administración Biden no ha logrado convencer al Congreso de que apruebe una legislación que apoye la reducción de emisiones, lo cual deriva de la resistencia de ciertos estados para reducir el uso del carbón.

China, que es el mayor consumidor mundial de combustibles fósiles, ha dicho que sus emisiones alcanzarán su punto máximo en algún momento antes de 2030 y que planea obtener 25 por ciento de su energía de fuentes limpias como la eólica, solar o nuclear. Los ecologistas habían instado a China a establecer objetivos a corto plazo más ambiciosos para presentarlos en Glasgow, sin embargo, mantuvo sus objetivos sin cambios con respecto a los anunciados hace un año.

India, por su parte, aún no ha fijado formalmente una fecha para cuando sus emisiones alcancen su punto máximo, y el primer ministro argumenta que su país todavía es mucho más pobre que otros grandes emisores y necesita más tiempo para desarrollar su economía. (Las emisiones de India por persona son aproximadamente una cuarta parte de las de China y una séptima parte de las de Estados Unidos). El país ha anunciado objetivos para aumentar el uso de fuentes de energía más limpias como la solar y ralentizar su crecimiento en el consumo de combustibles fósiles. pero ha pedido ayuda a los países más ricos para acelerar sus esfuerzos.

En esta perspectiva la reunión de Glasgow está siendo un recuento de la falla de las políticas para reducir el calentamiento global, lo que parece mostrar la debilidad de la convocatoria mundial para acotar este proceso. A lo anterior se suma la ausencia de jefes de gobierno representando a sus países, como es el caso de China, Rusia e incluso México, que desperdicio su oportunidad para dialogar con otros jefes de Estado sobre la necesidad de que los países industriales transfieran recursos hacia los países en desarrollo para combatir el cambio climático.

La presencia del presidente de México hubiera sido importante para explicar a los países desarrollados que los efectos del cambio climático están provocando migraciones masivas que desestabilizarán a las economías en desarrollo. De acuerdo con la segunda edición del informe Groundswell del Banco Mundial la situación climática está empeorando y de continuarse provocará mayores migraciones, señalando que “más de 216 millones de personas podrían desplazarse dentro de sus países en seis regiones para 2050″ y en América Latina señala que hasta 17 millones de personas corren el riesgo de ser desplazados por los efectos del cambio climático en 2050 (equivalente a toda la población actual del Ecuador). Esta situación es evidente ya en varias regiones de América Latina, en especial la costa atlántica de Centroamérica que ha sido afectada por huracanes desde hace más de veinte años, como ocurrió con el huracán Mitch (1998) que obligó a los campesinos a modificar sus cultivos y muchos tuvieran que tomar la decisión de migrar hacia México y Estados Unidos. Esta devastación se ha continuado, en 2020 con la llegada de los ciclones Eta e Iota. Honduras y El Salvador fueron afectados por el aumento del nivel del mar y por las tormentas en 2021, lo que ha motivado una mayor migración. En México este año las fuertes tormentas ocasionadas por los diversos huracánes afectaron a toda la costa del Pacífico en donde los pobladores señalan que el mar está devorando la costa y con ello obligando a un redespliegue de la población hacia zonas más altas, sin que las autoridades hayan tenido la capacidad de responder ante esta situación, provocando un creciente descontento social.

Esta situación ha sido evidenciada por Greta Thunberg, la adolescente sueca que inicio las huelgas escolares para exigir acciones concretas ante el calentamiento global. En enero pasado dio un mensaje claro a los políticos y empresarios reunidos en el Foro Económico Mundial: “Los adultos siempre están diciendo que tienen el deber de dar esperanza a los jóvenes. Pero yo no quiero su esperanza. No quiero que nos hablen de esperanza, quiero que entren en pánico”. Y parece que, en efecto, cada vez más personas entran en pánico, agobiadas por la magnitud del desafío e impotentes. Es tanto que el fenómeno ya tiene un término: ecoansiedad. México requiere repensar su política medioambiental y comprometerse con una política de energías limpias y de preservación del medioambiente que permita frenar las emisiones de efecto invernadero, tal como se comprometió cuando firmó el Acuerdo de París. El riesgo es que si no tomamos las medidas necesarias la situación va a continuar deteriorando, y como declaró el pescador de Nayarit, Jorge Luis Virgen, en una entrevista con el diario El País: “No hay esperanza. No van a detener al mar”.

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