Clemente Ruiz Duran

Desastres naturales: una llamada de atención del cambio climático

Los efectos del cambio climático cada vez son más evidentes, el número de huracanes se ha elevado alrededor del mundo y para nuestro país está siendo especialmente grave.

Los efectos del cambio climático cada vez son más evidentes, el número de huracanes se ha elevado alrededor del mundo y para nuestro país está siendo especialmente grave, ya que México queda enclavado en una tierra de huracanes, los cuáles han tendido a ser más violentos cada año, lo que ha ocasionado pérdidas y una fuerte inestabilidad en las zonas costeras. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos predijo una temporada activa de huracanes para 2021 en el Atlántico, con un pronóstico de que ocurran de seis a diez huracanes, y de tres a cinco de ellos probablemente se convertirán en huracanes importantes de Categoría 3 o superior en la escala Saffir-Simpson. Hasta ahora, se han formado cuatro huracanes sobre la cuenca del Atlántico en 2021. El último y más fuerte de la temporada actual ha sido el huracán Ida, que tocó tierra en Luisiana el domingo por la noche, provocando evacuaciones, inundaciones y cortes de energía. Este último ha sido particularmente devastador, ya que muchos pacientes con COVID-19 que utilizan ventiladores están llenando los hospitales. Ida ha sido clasificado como huracán de categoría 4, el segundo huracán más intenso de la temporada después del huracán Grace, que azotó al estado de Veracruz como tormenta de categoría 3, causando destrozos y una decena de muertes a su paso. Esta situación se asemeja ya a la vivida en la temporada 2020 en que hubo 14 huracanes en la cuenca del Atlántico, la mayor cantidad desde 2005, año del huracán Katrina. Seis de ellos fueron huracanes importantes, incluido el huracán Laura, que tocó tierra en Luisiana en agosto, y los huracanes Eta e Iota, que causaron devastación en Centroamérica en noviembre.

Esta situación se ha ido empeorando año con año. Si bien 2019 fue una temporada de huracanes bastante moderada, sin embargo, muestra una tendencia interesante, ya que hubo un aumento en los huracanes en las categorías 3-5 en la escala Saffir-Simpson. Esta elevación ha ido en aumento, de un promedio de 1.6 por año en las décadas de 1970 y 1980 a un promedio de 3.1-3.8 por año en las décadas de 2000 y 2010. El cambio climático ha sido identificado como la principal razón por las que ocurren estos huracanes más fuertes.

A lo acontecido en el Atlántico se suma lo de la costa del Pacífico en donde la temporada de huracanes inició oficialmente el 15 de mayo en el Océano Pacífico oriental y el 1 de junio en el Pacífico central, previéndose que estos terminen el 30 de noviembre. Este año sin embargo la temporada se adelantó con la tormenta tropical Andrés, que inició el 9 de mayo pasado, marcando el segundo año consecutivo con actividad de pretemporada. Andrés marcó el récord de ser la tormenta nombrada más temprana registrada en el Pacífico oriental. A esta tormenta se sucedió la tormenta tropical Enrique que continuó intensificándose para convertirse en un huracán de categoría 1. Sin embargo, su estructura se degradó poco después debido al aire seco convirtiéndose en una depresión tropical. A su paso Enrique dejó dos personas muertas por las corrientes de resaca en Pie de la Cuesta, Guerrero. Al menos 207 viviendas resultaron dañadas por deslizamientos de tierra y vientos provocados en Guerrero. Fuertes lluvias impactaron áreas de Manzanillo, Colima, mientras que los vientos causaron daños menores a las viviendas. En Lázaro Cárdenas, Michoacán, las áreas fueron inundadas por más de 50 cm (19 pulgadas) de agua. Al menos 115 mil 904 clientes se quedaron sin electricidad en Jalisco, aunque 96 por ciento de los hogares regresó con electricidad un par de horas después. Enrique dejó daños en partes de Nayarit, con árboles arrancados de raíz y cayendo sobre casas y cables eléctricos derribados, lo que provocó un apagón en toda la ciudad de Tepic. Posteriormente, el 16 de junio apareció la tormenta tropical Dolores, que fue una fuerte tormenta tropical que afectó a varios estados en el suroeste de México. En esta semana se sumó el huracán Nora, que ha afectado a los estados de Sinaloa, Durango, Guerrero, Chihuahua y Sonora, Estado de México, Nayarit, Chiapas, Oaxaca, Guanajuato, Zacatecas, Puebla y Veracruz.

Algunos podrían argumentar que estos fenómenos meteorológicos siempre han existido y que se repiten año con año, lo cual es verdad, pero lo que se podría contraargumentar es que cada vez aparecen con más intensidad y esto es derivado del proceso de deshielo que se observa, ya que el hielo de los polos se derrite y el agua resultante entra en las corrientes oceánicas de todo el planeta haciendo que, entre otras cosas, el nivel del mar suba drásticamente. Como consecuencia del deshielo, la temperatura del agua del planeta cambiará, y con ello, la temperatura del aire, provocando huracanes, tormentas tropicales y ciclones que cada vez tendrán mayor intensidad. Esto obliga a pensar en un rediseño de los asentamientos humanos en todo el territorio nacional, tenemos que disminuir los riesgos para minimizar los daños y preservar la vida. Se requieren restituir los fondos que se destinaban a enfrentar estos fenómenos naturales, la propuesta de presupuesto debería contemplar estos recursos, si el gobierno federal no los contempla corresponderá a los diputados solicitar la instauración de un Fondo Nacional para los Desastres Naturales. En una perspectiva más amplia se debería establecer un programa para reducir los gases de efecto invernadero, para ello es momento de repensar la política energética de México, ya que con la actual política estamos intensificando el calentamiento global. Siempre se puede rectificar en beneficio del país.

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