El escritor Rafael Pérez Gay viaja al lejano país de la infancia y cuenta de México 70: “La selección pasa a la siguiente ronda y juega contra Italia en Toluca. A pase de Fragoso, La Calaca José Luis González anota el primer gol. Me vuelvo loco. México pierde 4 a 1 y queda eliminado. Quedo loco y triste. Mi madre me acompaña, pero no entiende lo que es el fuera de lugar. Había cumplido 12 años”.
El poeta Luis Miguel Aguilar abre el cofre de su memoria: “Recuerdo las imágenes del primer Mundial de futbol que llegaron al Motorola: Chile 62. […] Recuerdo la ansiedad y resignación, la avidez de saber cómo había sido, con que esperábamos la llegada a la pantalla de ese momento traumático que llevó a la derrota mexicana 1-0 contra España en el último minuto. Recuerdo que fue en esa escena, madre de todos nuestros traumas futbolísticos, cuando el locutor Fernando Marcos, que narraba el partido, comenzó a acuñar frases como: ‘¡¿Por qué nos tiene que pasar esto?! ¿Por qué a México? ¿Por qué ese maldito error que nos acompaña siempre?’.”
Mi escuela primaria como aficionado al futbol constó de dos Mundiales: Argentina 78, donde México fue último lugar, y España 82, al que la selección nacional ni calificó.
Hoy Camila y Bruno, a sus diez años, celebran 8 goles de México, cuatro triunfos y la portería nacional invicta. Al fin, una infancia de pura felicidad futbolera.