Mañana, 23 de abril, se celebra el Día Internacional del Libro, en conmemoración con la fecha del fallecimiento de Miguel de Cervantes Saavedra, William Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega.
Por ello, también comienza mañana la Feria del Libro y la Rosa en la UNAM. Especial motivo de festejo es, además, que este año el escritor mexicano Gonzalo Celorio reciba el Premio Cervantes en Alcalá de Henares.
Pero viendo el bosque del libro en México, el panorama de la lectura y de la industria editorial es desalentador, sin que el gobierno se tome en serio una política para revertir tal situación. Veamos.
La Asociación de Librerías de México (ALMAC) encargó en 2025 al Grupo de Economistas y Asociados (GEA) un estudio para conocer los beneficios de la tasa cero de IVA a la producción de libros.
Vayamos primero al diagnóstico del estado de la lectura y de las librerías.
A partir del módulo sobre lectura del INEGI, se sabe que el porcentaje de la población alfabeta mayor de 18 años que lee cayó del 84.2 por ciento en 2015 a 69.6 en 2024, una reducción de 14 lectores por cada cien personas en una década.
En la misma tendencia está la población alfabeta que asistió a una librería: mientras en 2015 iba el 21.1 por ciento, en 2024 fue el 13.8 por ciento, así que 86 de cada cien personas alfabetas no pisan una librería.
El estudio de GEA revela, además, que mientras que el número de hogares en el país pasó de 27.9 a 38.8 millones entre 2008 y 2024, esto es, un aumento de 39 por ciento, los hogares que realizaron gastos positivos en adquisición de libros se redujeron de cuatro a 2.4 millones, es decir, una caída de 40 por ciento.
Además, 1.9 millones de hogares gastaron en libros escolares y apenas 530 mil en libros no escolares. De esos hogares, el gasto en libros escolares aumentó 19 por ciento en el último periodo referido, mientras que cayó en 37 por ciento en términos reales la erogación en libros no escolares.
A partir de los censos económicos, GEA identifica que en 2003 había 2 mil 823 establecimientos dedicados al comercio al por menor de libros y para 2023 había 2 mil 365 librerías, así que en dos décadas desaparecieron 458, una caída de 16 por ciento, aunque en ese lapso la población mexicana aumentó de 103 a 131 millones, una expansión de 27 por ciento.
Por otra parte, la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (CANIEM), en su documento Indicadores del Sector Editorial Privado en México 2024-2025, da cuenta de que en 2024 se produjeron en el país 20 mil 54 títulos, que representan 15 por ciento menos que en el año previo.
En cualquier sector económico, una caída del 15 por ciento expresa una situación de crisis.
La mala salud de la industria editorial también se aprecia en el número de ejemplares producidos: en 2020 se imprimieron 105 millones de libros y para 2024 fueron 76 millones, un desplome de 27 por ciento.
En términos comerciales, el sector privado vendió 99 millones de libros en 2020 y nada más 79 millones en 2024, un descenso de 20 por ciento.
Además, ha crecido el peso de las importaciones, que en 2024 representaron el 14 por ciento de los libros vendidos, el doble que en 2020, por lo que la producción nacional pierde terreno en el mercado doméstico.
Ello se confirma con el déficit comercial entre exportaciones e importaciones, que pasó de 34 millones de dólares en 2022 a 82 millones de dólares en 2025.
¿Qué explica la enorme caída en la venta de libros en el país? Dice la CANIEM: “la disminución se atribuye principalmente a la cancelación de las ventas que el sector privado hacía a programas gubernamentales de libros gratuitos”.
Es decir, en vez de tener una política industrial que amplíe la demanda de libros y del trabajo de escritores, correctores, diseñadores, editores, impresores y libreros, lo que se hace es menospreciar esta actividad cultural y económica.
A la par, no se ha hecho realidad la promesa gubernamental incluida en el documento “100 pasos para la transformación” de 2024, consistente en aplicar una tasa cero de IVA para la cadena de producción del libro.
La conclusión es evidente: crece la población, aumenta el número de hogares, pero se reduce la proporción de gente con hábitos de lectura, se leen menos libros por persona, se gasta menos en libros y, consecuentemente, las librerías van cerrando sus puertas.
Encima, el gobierno renuncia a dar apoyos a la producción de libros y cancela los programas que daban oxígeno a la industria editorial.