Carlos Serrano Herrera

Guerra en Irán: márgenes de maniobra para México

Los fundamentales de la economía mexicana permiten enfrentar este tipo de episodios de volatilidad sin mayores problemas.

Los ataques que Estados Unidos e Israel han iniciado en contra de Irán están teniendo efectos importantes en la economía global: el precio del petróleo ha aumentado alrededor de 12%, los índices accionarios han caído y los rendimientos de los bonos de largo plazo han subido.

En México también se ha sentido el impacto. Desde que comenzó el conflicto, el tipo de cambio se ha depreciado cerca de 2%, los rendimientos de los bonos gubernamentales a 10 años han aumentado en una magnitud similar y la bolsa de valores ha retrocedido también en torno a ese porcentaje.

Los fundamentales de la economía mexicana permiten enfrentar este tipo de episodios de volatilidad sin mayores problemas. El régimen de tipo de cambio flexible funciona como amortiguador natural ante choques externos de esta naturaleza.

El aumento en los precios internacionales del petróleo resultará en mayores precios de las gasolinas en muchos países, lo que puede generar presiones inflacionarias. Qué tan persistentes serán dependerá de cuánto dure el conflicto.

En el caso de México, lo más probable es que no veamos aumentos en los precios de los combustibles. Desde hace algunos años el gobierno ha seguido la política de no trasladar completamente los cambios en los precios internacionales a los consumidores. De esta manera, ante aumentos en el precio del petróleo, el gobierno tiende a mantener estable el precio al público, lo que implica una menor recaudación del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS).

Lo contrario ocurrió en años recientes: los precios relativamente bajos del petróleo no se tradujeron en menores precios de las gasolinas para los consumidores, lo que permitió una mayor recaudación por IEPS.

Considero adecuado que el gobierno contribuya a estabilizar los precios de la gasolina mediante ajustes en el IEPS, ya que el sector público tiene mayor capacidad e instrumentos para enfrentar la volatilidad que los hogares. Sin embargo, esto debería hacerse siguiendo dos criterios.

Primero, procurando que –en promedio– no se otorgue un subsidio al consumidor y que el IEPS recaudado sea positivo. Subsidiar las gasolinas es regresivo y no contribuye a generar incentivos adecuados frente al cambio climático.

Segundo, que en épocas de precios bajos del petróleo, cuando el IEPS sea elevado, se generen ahorros etiquetados para enfrentar los periodos de precios altos en los que el IEPS pueda reducirse o incluso volverse negativo. De esta forma se evitaría que las finanzas públicas se deterioren en las fases adversas del ciclo.

Ahora bien, otro aspecto a considerar tiene que ver con que México se ha convertido en un importador neto de petróleo y sus derivados, por lo que un aumento en los precios del petróleo tiene efectos adversos en la economía. Sin embargo, esto era en gran parte compensado por el aumento simultáneo de los ingresos por exportaciones petroleras (debido al mayor precio), lo que reducía la necesidad de apoyo gubernamental a la empresa estatal. El problema es que ahora esa compensación es menor debido a la decisión de exportar menos crudo para refinar más en territorio nacional.

Creo que esto es un error. Los márgenes en la exportación de crudo son mayores que en la refinación, actividad en la que en los últimos años se han registrado pérdidas. No tiene sentido insistir en una estrategia de refinación donde México no cuenta con ventajas comparativas claras.

Si bien lo más probable es que no veamos efectos inflacionarios significativos por el lado de las gasolinas, sí podría haber algún impacto por mayores precios del gas. En BBVA estimamos que la inflación podría aumentar alrededor de una décima porcentual y que el efecto se diluiría una vez que concluya el conflicto.

¿Cómo debe actuar el Banco de México ante este escenario? Este es un claro ejemplo de un choque de oferta ante el cual la política monetaria no debería reaccionar de manera automática. La depreciación cambiaria ha sido relativamente moderada; el tipo de cambio sigue en niveles históricamente fuertes y el traspaso de tipo de cambio a inflación en México es hoy bajo. Por ello, en BBVA México seguimos anticipando dos recortes adicionales en la tasa de política monetaria durante el año.

Por otra parte, podrían presentarse episodios de salida de capitales extranjeros, pero no deberían representar un problema significativo, especialmente considerando el crecimiento del mercado de capitales doméstico en los últimos años.

En resumen, la economía mexicana está preparada para enfrentar los efectos del conflicto, asumiendo que se trate de un episodio de duración relativamente corto, de algunas semanas.

COLUMNAS ANTERIORES

Tope a rentas en CDMX terminará encareciendo la vivienda
Inversiones mixtas: buena idea con grandes retos de ejecución

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.