En una reunión, hace tiempo, mi amiga Maite Lot dijo una frase que se me quedó muy grabada: “Éramos muy felices. No nos habíamos dado cuenta.” Me dejó mucho que pensar. Esas siete palabras tienen la precisión de las verdades que uno reconoce de inmediato — no porque sean nuevas, sino porque ya las sabía sin haberlas formulado nunca tan bien.
Me quedé reflexionando sobre la frase de Maite que, en primera instancia, habla de la vida personal. De esos períodos que solo se revelan como extraordinarios cuando ya terminaron. La juventud que se vivió con prisa. Los hijos pequeños que crecieron mientras uno trabajaba. Las conversaciones con personas queridas que en su momento parecían ordinarias y que hoy, desde la distancia, se revelan como momentos irrepetibles. La felicidad, con frecuencia, no se anuncia. Llega sin etiqueta y se va sin despedirse.
Hay algo en la naturaleza humana que nos hace mirar hacia adelante con más intensidad que hacia el presente. Siempre hay una meta, un proyecto, una etapa siguiente que parece más importante que la que estamos viviendo. Y así, sin querer, convertimos el presente en un trámite hacia el futuro — y cuando el futuro llega, ya es presente, y volvemos a mirarlo como trámite.
“No hay nada más triste que darse cuenta tarde de lo que uno tuvo.”
— C.R.G.
Pero la frase de Maite no habla solo de la vida personal. Habla también — y esto me parece igualmente poderoso — de las organizaciones y los equipos. ¿Cuántos directivos, mirando atrás, reconocen que hubo una época en que su equipo funcionaba de maravilla — con confianza, con energía, con resultados — y que en ese momento no lo vieron con claridad?
Estaban demasiado ocupados resolviendo problemas, apagando incendios, corriendo hacia el siguiente objetivo. El equipo era extraordinario. Nadie se lo dijo. Nadie lo celebró. Y cuando se desintegró — por una reestructura, por un cambio de liderazgo, por el desgaste acumulado — todos lo lamentaron.
Hay culturas organizacionales que solo se valoran cuando desaparecen. Hay líderes que solo se reconocen como excepcionales cuando ya se fueron. Hay momentos de cohesión y propósito compartido que se viven como normales — hasta que dejan de serlo y uno descubre que no eran normales en absoluto. Eran extraordinarios. Solo que nadie se había dado cuenta.
“La gratitud no es solo un sentimiento — es una forma de ver. Y ver bien lo que uno tiene es, quizás, la habilidad más escasa en el mundo directivo.”
— C.R.G.
¿Qué hacer con esta conciencia? No se trata de vivir en nostalgia permanente ni de idealizar el pasado. Se trata de algo más difícil y más valioso: aprender a reconocer lo bueno mientras todavía está. A decirle a un colaborador que hace bien su trabajo, no en su carta de despedida sino hoy, mientras sigue en el equipo. A valorar la cultura que existe antes de que una crisis la rompa. A disfrutar la etapa que se está viviendo sin convertirla en escalón hacia la siguiente.
La planeación estratégica — tema al que he dedicado gran parte de mi vida profesional — tiene entre sus virtudes más importantes precisamente esta: obliga a detenerse. A mirar con atención dónde estamos antes de decidir hacia dónde vamos. Ese ejercicio de diagnóstico honesto no es solo estratégico — es, en el fondo, un acto de gratitud consciente: ver con claridad lo que uno tiene antes de correr a buscar lo que le falta.
Vivir con atención no es vivir despacio. Es vivir despierto.
Y eso aplica en la empresa tanto como en la vida. El directivo que aprende a ver bien — a reconocer el talento de su equipo, la solidez de su cultura, el valor de sus relaciones — no solo dirige mejor. Vive mejor.
La frase de Maite me dejó con una pregunta que desde entonces me hago con cierta frecuencia, y que hoy comparto:
¿Somos muy felices ahora mismo… y nos estamos dando cuenta?
Ojalá la respuesta, cuando miremos atrás, no tenga que esperar al pasado para ser sí.
Puntos de reflexión
•¿Hay algo valioso en tu equipo o en tu organización que estás dando por sentado — y que extrañarías profundamente si desapareciera mañana?
• ¿Cuándo fue la última vez que le dijiste a alguien cercano — en el trabajo o en la vida — que su presencia importa?
• ¿Estás viviendo esta etapa con atención… o la estás convirtiendo en trámite hacia la siguiente?