“Al buen líder le importan más las personas que hacen las cosas que las cosas que hacen las personas”.
—Carlos Llano (1932–2010)
A 15 años de su partida, el pensamiento de Carlos Llano sobre la persona humana no solo conserva su fuerza, se vuelve imprescindible. Las personas son más que métricas, roles o “recursos”. Sus ideas nos devuelven lo esencial: la persona como centro, como fin, como protagonista del liderazgo. Llano no hablaba de técnicas, hablaba del ser; por eso, liderar –llano y claro– es, antes que nada, ser persona.
Perenidad del pensamiento de Carlos Llano
Carlos Llano, maestro, mentor y amigo, falleció hace ya 15 años. Desde entonces han cambiado muchas cosas, menos una: su pensamiento sigue vigente. De hecho, no solo está vigente sino que me atrevería a decir que hoy es incluso más valioso que nunca.
Llano no hablaba de tendencias ni modas de liderazgo, hablaba de la persona. Y ahí está la clave de su perennidad: su pensamiento no envejece porque se dirige a lo que no pasa, a lo permanente.
Hoy, mientras las empresas se obsesionan con KPI, metodologías ágiles y cultura “data-driven”, sus enseñanzas vuelven a ser un faro. Carlos Llano no nos enseñó a liderar desde el poder, nos enseñó a liderar desde la persona.
¿Qué es eso de “persona”?
Para Llano, la persona no es un “recurso humano”, ni un “colaborador estratégico”. Es alguien libre, responsable, capaz de amar, de decidir, de fallar y de levantarse. Alguien digno de confianza.
Llano no definía al líder por sus resultados sino por su integridad y esa palabra, tan usada y tan poco entendida, era para él la clave de todo.
Aquí van las 10 ideas clave de Carlos Llano sobre la persona humana:
- La persona es fin, no medio, nunca un instrumento.
- La empresa existe para servir a la persona, no al revés.
- La autoridad nace de la coherencia, no del cargo.
- El liderazgo empieza por uno mismo, quien no se manda a sí mismo, no puede mandar a otros.
- La humildad es la base de toda virtud, incluyendo la del mando.
- La confianza se da, no se exige, el líder debe confiar primero.
- La verdad no es opcional, mentir destruye toda autoridad.
- Cumplir lo que se promete no es excelencia, es lo mínimo.
- El respeto se gana con coherencia, no con carisma.
- La unidad de vida es la raíz del liderazgo, vivir como se piensa.
Diagnóstico, decisión y mando (con alma)
Carlos Llano describe tres acciones esenciales del líder:
- Diagnóstico: saber dónde estamos, pero también, cómo estamos nosotros en ese dónde.
- Decisión: elegir hacia dónde ir. Con audacia y con magnanimidad.
- Mando: hacer que las cosas sucedan, empezando por uno mismo.
Porque mandar sin autogobierno es un acto de arrogancia. Y de eso, ya estamos llenos.
Comunicación íntegra: decir lo que piensas, hacer lo que dices
Llano conectaba liderazgo con comunicación. Pero no con términos como “storytelling” o “engagement”. Lo suyo era más radical:
- Pensar con objetividad
- Decir la verdad
- Cumplir lo prometido
- Vivir como se piensa
Ese círculo –pensamiento, palabra, acción, vida– es lo que él llamaba integridad. Solo así se gana la confianza. Y sin confianza, no hay liderazgo. Solo manipulación disfrazada.
Claro que también existe el liderazgo “centrado en la tarea”. Llano no era ingenuo, sabía que las empresas tienen metas, clientes y entregables. Pero él decía algo que se nos olvida: “La empresa es el lugar donde, además de producir, las personas pueden crecer y mejorar”.
No es tarea o persona. Es tarea a través de la persona. Porque la tarea bien hecha por alguien desmotivado es, al final, una tragedia.
¿Y si el líder no es perfecto?
No lo es. Nadie lo es. Llano tampoco. Pero insistía en que no se trata de líderes impecables, sino de ser líderes confiables. Es decir, humanos, conscientes de sus errores, capaces de pedir perdón y rectificar.
La autoridad no la tiene el perfecto. La tiene quien lucha, quien aprende, quien mejora. El que se muestra como es y no finge lo que no es. Por eso es importante hacernos tres preguntas cada día:
- ¿Soy el tipo de persona que yo mismo seguiría?
- ¿Estoy viviendo como pienso… o solo diciendo lo que conviene?
- ¿Las personas que trabajan conmigo están creciendo como personas?
Si no te gusta la respuesta… alégrate. Todavía puedes cambiarla.
Llano insistía en que no basta con ser veraz, hay que ser íntegro. No basta con decir la verdad, hay que vivirla. Y eso exige lo que entendía como el verdadero KPI: la unidad de vida, que es pensar, decir y hacer en la misma línea. Sin eso, no hay liderazgo, hay teatro. Lo peor de todo es que es teatro con daño colateral.
Sus comentarios con sonrisa (y ceja levantada)
Carlos Llano tenía un humor fino, que desarmaba. A veces, en medio de una discusión sobre liderazgo, soltaba que “la prudencia es más importante que el conocimiento… porque el conocimiento sin prudencia es como un coche sin frenos”.
Tenía razón. Hoy tenemos muchos coches veloces, pero pocos con frenos. O, dicho en su lenguaje, tenemos muchos jefes… pero pocos líderes con unidad de vida.
En su vida nos dejó con algunas citas que invitan a meditar sobre nuestra forma de ver las cosas y que pueden servir como principio para el liderazgo en el contexto en el que vivimos: “El poder sin virtud es un riesgo; con virtud, es un servicio”. Además decía: “No prometas lo que no estás dispuesto a cumplir. Y si lo prometes, cumple aunque duela”.
¿Listo para liderar? Entonces empieza por mirarte al espejo y recuerda: el liderazgo empieza en la persona, y esa persona eres tú.
Liderar con humanidad… o no liderar
Carlos Llano nos enseñó que la empresa es, ante todo, una comunidad de personas. No un campo de batalla, ni un juego de egos, ni un laboratorio de técnicas de control. Si perdemos de vista a la persona, perdemos el sentido. Perdemos el alma de la organización.
Hoy, recordar su pensamiento va más allá de la nostalgia, es dirección. Porque, como él mismo decía: “Quien no sabe mandarse a sí mismo, no sabrá mandar a otros”. Y quien no entiende a la persona, no entenderá jamás lo que significa realmente liderar.