Competencia 2.0

Regular mercados digitales podría afectar la innovación

Los expertos económicos de todo el mundo coinciden en que los reguladores deben tener en cuenta las diferencias en los modelos de negocio.

Está de moda hablar de los ‘gigantes tecnológicos’. Se dice que los gobiernos deben ‘domarlos’ por su enorme poder. Aunque son muy diferentes, a las grandes empresas de tecnología se les quiere analizar igual y verlos con el mismo lente, bajo el concepto de plataformas digitales. En Europa se ha propuesto regular los mercados digitales y prevenir mayor concentración con reglas preventivas, incluso prohibiéndoles hacer adquisiciones u obligándolos a compartir información. ¿Será esta la respuesta?

La propuesta europea es adoptar una nueva Ley de Mercados Digitales para regular directamente a las grandes plataformas digitales que actúan como gatekeepers o ‘guardianes de acceso’ en los mercados, y con ello garantizar que estas plataformas se comporten de manera equitativa.

Según los proponentes de esta idea, las empresas usuarias de los servicios de los gatekeepers tendrán un entorno empresarial más parejo y con más opciones para cambiar de proveedor. Con esta regulación se pretende obligar a las grandes plataformas que permitan a terceros interactuar con sus usuarios, permitir que sus empresas usuarias accedan a los datos que generan al utilizar la plataforma, y que éstas no puedan dar preferencia a sus propios servicios y productos.

Algunos importantes expertos y miembros de la industria han criticado fuertemente la Ley de Mercados Digitales propuesta, por afectar los incentivos a la innovación y la inversión. Efectivamente, la propuesta incluye varias medidas que podrían reducir directa e indirectamente la capacidad y los incentivos de las empresas globales para ofrecer productos innovadores a los consumidores por establecer tantas restricciones y no permitir el uso creativo de la información que ellas mismas generan.

Por ejemplo, las prohibiciones de agrupación o de entrada en mercados adyacentes reducirían directamente la capacidad de las empresas globales para ofrecer nuevos productos y/o servicios a los consumidores. Del mismo modo, las obligaciones de compartir datos con los competidores podrían reducir los incentivos de estas compañías para innovar debido a la reducción de los beneficios de sus innovaciones.

Uno de los temas más criticables es el riesgo de regulación ex ante que define los mercados relevantes en función del uso y el acceso a los datos. En especial en ciertos sectores, como el minorista, donde ya existe una abundancia de datos, incluso de fuentes de terceros, que están fácilmente disponibles, tanto para los consumidores como para los minoristas.

La propuesta parece ir a contrapelo de la experiencia del derecho de la competencia en el mundo. Recordemos que uno de los principios fundamentales del derecho de la competencia es que el tamaño de la empresa o su poder de mercado no es un problema por sí solo. Las empresas deben ser castigadas solamente cuando abusan de su posición de mercado y afectan la competencia y los aspectos estructurales deben corregirse tras una investigación profunda. En este mismo sentido, la legislación de competencia debe aplicarse al sector tecnológico como a cualquier otro sector de la economía. La ley de competencia puede y debe evolucionar, pero lo que no debe cambiar es su enfoque en la promoción de lo que es mejor para la economía y los consumidores.

En este sentido, y siguiendo las mejores prácticas internacionales y la enorme experiencia del derecho de competencia en los países avanzados, los remedios para las ‘grandes compañías tecnologías’ deben considerarse caso por caso y con remedios establecidos después de un correcto análisis de los problemas de competencia en cada mercado. Hoy en día hay mercados altamente concentrados sin actores pequeños, como el mercado de los sistemas operativos para teléfonos móviles, el cual contrasta fuertemente con otros sectores como el comercio minorista, en el cual los clientes están constantemente comparando y cambiando entre varias tiendas para obtener la mejor oferta. Los expertos económicos de todo el mundo coinciden en que los reguladores deben tener en cuenta las diferencias en los modelos de negocio y no podemos echar a todas las empresas y todos los mercados en una misma canasta.

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