Carlos Javier Gonzalez

AMLO contra la Corte, ¿cuáles son sus razones?

Lo mismo que con Perú y la presidencia de la Alianza del Pacífico que López Obrador decidió no entregar, sin duda puede suceder en 2024 en México.

A partir del momento en que la ministra Norma Lucía Piña Hernández asumió la presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, ha sido blanco de constantes y reiterados ataques por parte del presidente de la República. Se le ha dicho de todo, a lo que la ministra ha respondido con sobriedad y prudencia. Como ya es costumbre en este gobierno, nada es culpa del equipo de la 4T sino de todos los demás y, ahora le tocó al Poder Judicial de la Federación ser víctima del enfado y visceral juicio de López Obrador, al culparlos de diversas decisiones que no le convienen políticamente hablando al Presidente. Se ha dicho mucho que el grupo gobernante -entre los que sin duda se encuentra la FGR- persiste en los viejos modos de integrar carpetas de investigación y de presentar sus casos ante los juzgados. Eso es algo que viene de mucho tiempo atrás, no es nuevo ni llegó con el gobierno de AMLO, pero parece ser que no le pueden dar una solución. Les faltan mejores abogados.

Pero la realidad es que los ataques de López Obrador al PJF se han incrementado de manera importante a partir de que no pudo imponer a su incondicional Arturo Zaldívar por dos años más en la presidencia de la Corte; luego no pudo obligar a los ministros a que eligieran a su ministra Yasmín Esquivel como presidenta de la Corte, por razones ya denunciadas hasta la saciedad y por las que, sin embargo, no pasa nada. Ahí sigue la ministra acusada de doble plagio sin ningún tipo de decoro ni de vergüenza. La razón por la que López Obrador enfila ahora sus baterías contra el Poder Judicial es porque sabe que existen muy altas posibilidades de que las acciones de inconstitucionalidad y controversias constitucionales que habrán de analizar y decidir la conformidad del plan B electoral lo declaren como inconstitucional en algunos de los aspectos fundamentales que el Presidente quiere imponer para controlar las elecciones. Tiene que preparar el terreno para su público, tiene que argumentar desde ahora que su derrota no es legal, sino conspirativa.

AMLO juega en dos pistas por ahora, una en la que sabe que los ministros Loreta Ortiz, Arturo Zaldívar y Yasmín Esquivel harán lo que él les ordene, pero aún así, le hace falta un voto para que su controvertida reforma electoral se sustente. Por eso no puede darse el lujo de perder el voto de Esquivel y la va a mantener contra viento y marea hasta que se voten estas acciones y controversias en el pleno, después la va a dejar a su suerte. Por eso volvió a darle un guiño a Zaldívar, a quien reconoció como mejor presidente de la Corte que a la actual, porque López Obrador sabe que a la postre, los votos de Zaldívar son de su propiedad y votará con abyecta disciplina lo que le ordene el presidente de la República. Sólo falta un voto, sólo uno. Y por eso, López Obrador denuesta a los ministros, porque tiene la esperanza de que algún otro u otra prefieran atender los intereses de palacio antes que confirmar ante el imaginario colectivo que son todo lo que les endilga López.

El problema para López Obrador y su estrategia es que se vio que un número muy importante de mexicanos apoyamos a los ministros de la Corte para que actúen con libertad, dignidad e independencia y decidan lo que consideren que mejor protege a la Constitución.

Pero, ¿qué pasará si las decisiones de la Corte son por declarar la inconstitucionalidad del plan B? No sería sorprendente para nadie que AMLO y sus seguidores decidan no atenderlas por considerar que vienen de un Poder Judicial ya calificado por el Presidente como corrupto y conservador. Eso mismo que pasó con el caso de Perú y la presidencia de la Alianza del Pacífico, en que él decidió de manera unilateral y escudado en principios personales, que no entregaría la presidencia. Eso puede pasar en 2024 sin duda. Algunos pensábamos que no se atrevería a tanto, ahora ya no lo dudamos.

Es por ello que la ciudadanía actuante, marchante, rosante, defensora, debe tener conciencia de que estos apoyos populares en marchas y demás son solo el inicio de una lucha que puede ser larga y muy tortuosa. Es posible que tengamos que prepararnos para la resistencia civil pacífica en 2024. Habrá que irle pensando.


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