Carlos Javier Gonzalez

Las defensas del presidente

Lo que López Obrador desea mostrar al interior de su movimiento es que sigue siendo él quien determinará quiénes son honorables y quiénes no.

El presidente López Obrador ha tenido que salir en defensa de diversos funcionarios de su gobierno que han sido acusados de actos de corrupción, ineptitud, ejercicio autoritario del poder y otras tantas conductas indebidas que se les han indilgado por parte de los críticos de este gobierno. Las defensas de estos funcionarios han sido más o menos vehementes dependiendo del funcionario en cuestión y de las acusaciones que se les hacen. Entre los funcionarios que han sido defendidos por el presidente existen personalidades tan disímbolas como Manuel Bartlett o Hugo López-Gatell, uno sospechoso de corrupto y el otro sospechoso de ser un imbécil. Por esta lista han pasado los dos mencionados y también Irma Eréndira Sandoval –que al final salió corrida–, Cuitláhuac García, Liz Vilchis, Delfina Gómez, Santiago Nieto, el fiscal Gertz, entre otros muchos. De estos funcionarios AMLO ha dicho que son honestos y que confía plenamente en ellos, y no se puede decir lo contrario hasta que exista una sentencia que confirme que sus acciones ilegales han quedado probadas, sino que se trata hasta ahora sólo de sospechas. El único caso que ha sido declarado tal cual ha sido el de la secretaria de Educación, que mediante resolución del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, se confirmó que de manera indebida había dispuesto de parte del sueldo de los trabajadores del ayuntamiento de Texcoco cuando fue alcaldesa. También fue defendida por el presidente. Lo más bajo sin duda han sido las defensas de Félix Salgado Macedonio y Pedro Salmerón, pero eso se cuece aparte.

Sin embargo, muchas de las sospechas e indicios que han sido exhibidos por la prensa parecen ser abrumadores pero, como siempre, no pasa nada. Sólo investigaciones a modo; sólo pronunciamientos ideológicos de parte de López Obrador para desvirtuar cualquier sospecha o acusación de la prensa protegiendo a sus cercanos para evitar que se vea manchada su propia reputación.

Las defensas que el presidente López Obrador hace de sus colaboradores responden a la necesidad de mantener cohesionado a su equipo, por lo que sus acciones se dirigen más hacia el interior de su gabinete que hacia el exterior. López Obrador sabe que sus huestes se cuentan por millones, pero sus malquerientes también y que su popularidad ha sufrido descalabros. Es difícil pensar que en el nivel de polarización en que se encuentra el país en este momento, exista traspaso de simpatizantes o de críticos. No, no será así. Lo que el presidente necesita es contar con un equipo que sepa que las glorias y los castigos los otorga sólo él, nadie más. Sabe que todos son fusibles de cambio que impiden que la culpa –que no la responsabilidad– de los fracasos estrepitosos de su gobierno, llegue hasta él. La defensa que hace de ellos es hasta burda, hablando de honestidad, lealtad y confianza, aun en los casos de sospechas más escandalosas de corrupción en que las evidencias están a la vista. ¿Por qué lo hace si un escándalo más o uno menos no cambiarán sustancialmente las preferencias de los electores? Lo hace porque sabe que mucha de la información para las notas de prensa han salido de los sótanos de la propia 4T, en la que ya se comenzó a vivir una lucha descarnada por la sucesión adelantada. Lo que López Obrador desea mostrar al interior de su movimiento, es que sigue siendo él quien determinará quiénes son honorables y quiénes no. No importa nada, no importan pruebas, sólo importa su palabra. Pretende minimizar las luchas internas, pero no podrá hacerlo. Es demasiada la ambición y mucha la división provocada por una sucesión adelantada.

AMLO sabe que la reputación de su movimiento es fundamental para la continuidad del mismo y está consciente de que ninguno de sus posibles sucesores tiene el arraigo ni la popularidad que él tiene. En 2024 él no estará en la boleta y quien quiera que sea su candidato no forzosamente tendrá consigo el prestigio y el carisma de López Obrador, pero sí el desprestigio de su administración, a la que no podrá criticar.

Llama la atención y es contrastante la forma en que el presidente asume la defensa de sus colaboradores y no así, la de sus familiares. De sus colaboradores ha dicho que son honestos, que confía en ellos. No importan las evidencias de sus pillerías. Pero ni de sus hermanos ni de sus hijos ha dicho que sean honestos ni que confía en ellos, sino que se ha limitado a especular que son golpes en contra de su persona y de su proyecto. ¿Por qué defenderá con tanta vehemencia a sus colaboradores y con tan pocas ganas a su familia? Sus razones tendrá, aunque lo que es evidente es que existe un discurso hacia el interior de su equipo y otro hacia el exterior. Y parece ser que le interesa más el interno y la sucesión tiene mucho que ver en eso.

El autor es abogado experto en administración pública.

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