Carlos Javier Gonzalez

Ataque presidencial a las clases medias, una posible explicación

Parece ser que AMLO ya le echó el ojo a esa clase para que financien sus proyectos sociales.

Uno de los más grandes logros que presumió el presidente de la República en su ‘informe al pueblo’ por los tres años de su victoria electoral, fue que los conservadores no le quitaron la mayoría en la Cámara de Diputados, lo que le permitirá seguir decidiendo el Presupuesto. Evidentemente, esa no puede ser considerada una victoria como tal, sino más bien como una manifestación de alivio por sobrevivir.

El control del Presupuesto -no es un secreto para nadie- es lo que da el poder verdadero en la política. Es así como se pueden ahorcar financieramente a los adversarios y favorecer a los aliados, hacerlos crecer o apagarlos. López Obrador lo comprende a la perfección y por eso manifestó su alivio porque aún podrá manejar el Presupuesto de la federación de la mano de sus impresentables aliados del Partido Verde y del PT, que seguramente también tendrán derecho a opinar lo que debe hacerse con el dinero de la Federación y hacia dónde orientarlo según conveniencias personales y políticas.

El problema es que el dinero ya se acabó, y con una reactivación económica como la que se prevé pospandemia, posiblemente en 2023 o 2024 logremos regresar a los niveles que teníamos antes de la crisis sanitaria, lo que implica que no va a crecer el pastel de ingresos para el gobierno federal. Los ingresos no crecen, los ahorros para el fondo de estabilización ya se mal invirtieron en Pemex y en gasto corriente; el dinero de los fideicomisos supuestamente plagados de corruptos y de corrupción -de los que hasta hoy no han dado una sólo evidencia- también ya se agotó.

El Presidente ha sido muy enfático en que no piensa recurrir al endeudamiento para financiar a su gobierno y entonces uno se pregunta, ¿de dónde saldrá el dinero para seguir con el gasto social a favor de los más desprotegidos? Porque queda claro que para López Obrador su lema de “primero los pobres” se convirtió en “únicamente los pobres”, tal vez por sensibilidad social o por conveniencia electoral, quién sabe. Esa dinámica político-electoral le ha resultado efectiva a López Obrador, pero sin dinero para repartir está destinada al fracaso. Él lo sabe, y como lo sabe ya ha de estar pensando en la mejor forma de obtener recursos para financiar la materialización de su ideología.

De los empresarios ya no puede sacar mucho, porque su muy exitosa campaña de fiscalización para hacer pagar a los evasores que durante años se beneficiaron de leyes laxas y complicidades corruptas del sistema, ya logró sus objetivos y no se ve cómo poder aumentar la recaudación de ahí. Además, entramos a partir del 6 de junio en cuenta regresiva -como cada sexenio- en que la agenda se centra en la sucesión y, con ello, en la pérdida de poder del titular del ejecutivo.

Por ello el presidente concluye que la única fuente de posibles ingresos no explotada para poder cumplir con sus promesas para los más pobres, es la clase media. Esa clase media de ingresos producto de sueldos, honorarios, ahorros, pequeñas empresas, herencias, pensiones, tandas, ventas de productos entre amigos y familiares, taxistas, artistas, etcétera, que justamente por su historia y su esfuerzo logran salir a flote y mantenerse, pero no por corruptos ni traficantes de influencias, sino por su trabajo.

Esa clase media que ha mantenido le economía en movimiento y ha evitado la quiebra del país -desde hace mucho tiempo, no es reciente- parece ser a la que AMLO ya le echó el ojo para que financien sus proyectos sociales. ¿De que otro modo se entienden sus demenciales críticas a quienes lo llevaron a la silla presidencial en 2018? Si no, ¿cuál es la razón de llamarles arribistas, clasistas, racistas, egoístas, etcétera? ¿A qué se refiere con su pronunciamiento de que necesitamos “otra clase media” más humanista y solidaria? Pues sí, se refiere a una clase media que no sólo cargue consigo misma y con sus familias, sino que ahora también cargue con los más pobres y financie los proyectos sociales del presidente.

Dice que no habrán nuevos impuestos, pero es factible que comience a llevar a cabo una fiscalización extrema e inmisericorde para evitar la evasión; o tal vez cambie de opinión y sí realice la imposición de contribuciones -a actividades que hasta ahora no han estado gravadas-. Por ejemplo, las herencias, las rentas de vivienda, las ventas de automóviles usados, el cobro de seguros, etcétera, y un número importante de actividades típicamente clasemedieras que hacen la vida de esta clase un poco más llevadera.

Como es de esperarse, las clases medias habrán de poner el grito en el cielo, con lo que le dará -en su lógica distorsionada- la razón al presidente quien argumentará que si no fueran mezquinas, egoístas y arribistas, gustosamente contribuirían para el desarrollo de los más desprotegidos. Es la preparación de un terreno para justificar su golpe contra las clases medias y poder financiar así su proyecto de nación… que solo durará hasta 2024. ¿O cuál sería la razón de tanto ataque a las clases medias sobre todo viniendo de alguien que no da paso sin huarache?

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