Carlos Javier Gonzalez

López Obrador pierde el ‘toque’

Algo ha de estar sucediendo en la mente del presidente, quien no obstante tener un olfato político envidiable, parece ser que lo está perdiendo, o se encuentra sobrepasado por la realidad.

Algo ha de estar sucediendo en la mente del presidente de la República, quien no obstante tener un olfato político francamente envidiable, parece ser que lo está perdiendo, o se encuentra sobrepasado por la realidad tan necia que se empeña en hacerle ver el fracaso de sus políticas públicas y el deterioro del país que gobierna. A nadie le queda duda que, hoy por hoy, el hombre que decide en México se llama Andrés Manuel López Obrador, un presidente que ha concentrado una gran cantidad de poder como no se había visto tal vez desde la época de Carlos Salinas de Gortari, su némesis. Sin embargo, por razones que sólo él ha de conocer se ha empeñado en mostrar que poco a poco va perdiendo visión sobre las consecuencias que tendrán sus actos y decisiones, sobre todo en materia de política. No se entiende el empeño que ha puesto el presidente en hacer prevalecer a toda costa la candidatura de Félix Salgado Macedonio a la gubernatura de Guerrero, habiendo denuncias de conductas delictuosas en contra de mujeres en diferentes épocas. Claramente debe de prevalecer la presunción de inocencia en este caso, pero eso es el ámbito legal y no el político. El desgaste que ha tenido Salgado como consecuencia de este bochornoso episodio es una prueba del desprecio que siente esta administración por los movimientos feministas, que no sólo no entiende, sino que ni siquiera le importa entender, tal y como se vio el pasado 8 de marzo cuando el Palacio Nacional fue tapiado para evitar que las manifestantes en defensa de los derechos de la mujer, llegaran hasta Palacio Nacional. Las explicaciones pueden ser muchas, las que ya se han repetido hasta el cansancio: que si era para evitar destrozos, que si era para proteger a las manifestantes, y algunas francamente ofensivas al género femenino que no vale la pena siquiera reproducir. Pero lo que no ve López Obrador es el impacto que esta decisión tendrá en los resultados electorales si es que algún opositor –si es que queda alguno con credibilidad– toma esta bandera y logra convertirla en un movimiento anti López Obrador. Sus argumentos pueriles y estúpidos sobre el porqué él es un feminista, no aguantan un análisis serio. Aunado a esta defensa sinsentido de Salgado Macedonio, ahora se tiene la decisión del INE de retirarle la candidatura por violaciones a la ley electoral, misma que sin ninguna duda habrá de ser revertida por el abyecto tribunal electoral del poder judicial de la federación (así, con minúsculas porque ellos son chiquitos, chiquitos, chiquitos). Obvio que con este aliado, obtendrá la ratificación de su candidato a Guerrero, pero fortalecerá la credibilidad del INE para todos los ciudadanos y electores que logran ver los destellos autoritarios del autócrata, con lo que los resultados de junio en las elecciones pueden afectar gravemente los deseos de la 4T.

¿Y qué decir del proceso en contra del gobernador de Tamaulipas, Cabeza de Vaca? Todos saben que será desaforado por el Congreso de la Unión en que la mayoría de Morena de manera irreflexiva y en ocasiones indigna hace estrictamente lo que le ordenan desde el Ejecutivo. El verdadero problema será la ejecución de dicha decisión a nivel del estado. La interpretación del artículo 111 constitucional es diversa dependiendo del intérprete. Connotados constitucionalistas dicen que no se requiere actuación alguna por parte del Congreso local del estado de que se trate, mientras que otros dicen que sin dicha aprobación por parte de los diputados locales, queda sin efectos o en ‘suspenso’ la ejecución del desafuero. Así como sabemos que el Congreso federal hará lo que le ordene el presidente, lo mismo pasará con el Congreso local en el que el PAN –partido del gobernador Cabeza de Vaca– hará lo que le ordene este último. ¿Qué hará entonces el presidente de la República? ¿Enviará un grupo de policías ministeriales a detener al gobernador en su territorio si resulta culpable con el riesgo de convertirlo en un ícono de una supuesta o real persecución política? O de lo contrario, si no hace nada, mostrará el camino a los demás gobernadores que cuenten con control de sus congresos locales para convertirse, aún más, en auténticos virreyes que no podrían ser juzgados –en la práctica– por autoridades federales. En cualquiera de los dos escenarios, AMLO sale perdiendo. Habrá quienes digan que no es orden del presidente su investigación y posterior enjuciamiento, sino de dos entes autónomos: La Fiscalía General de la República y el Poder Judicial Federal. Pero los defensores de esta postura olvidan que en esta administración no hay organismos autónomos ni división de poderes. Tanto la FGR como el Poder Judicial federal han dado sobradas muestras de su subordinación a los intereses del Ejecutivo, y cuando no lo hacen, ya hemos visto cómo les va. Sin embargo, estos dos eventos –entre muchos otros– son evidencias de que, al menos en materia de control, manejo y consecuencias políticas, el presidente López Obrador está perdiendo ese toque de operación que lo llevó a donde está. ¿Tendrá consecuencias en los resultados electorales? La respuesta se tendrá el 6 de junio.

El autor es abogado experto en administración pública.

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