Importancia de la globalización en el entorno actual
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Importancia de la globalización en el entorno actual

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Importancia de la globalización en el entorno actual

11/12/2018
Actualización 11/12/2018 - 12:10

En el actual entorno se escuchan diversas voces que claman que debemos regresar al escenario vigente en los años 70 del siglo pasado y revertir lo que se ha realizado en las pasadas décadas. Se dice esto porque en esos años la economía creció a tasas superiores al 7 por ciento; pero no se menciona que esto duró hasta que… ¡la misma se colapsó en el año de 1982! En ese año el gobierno no pudo pagar sus deudas, ya que no tenía suficientes ingresos al haber apostado por ingresos petroleros crecientes en el largo plazo, al mismo tiempo que incrementaba sus gastos.

Durante el gobierno de Echeverría que entró a la presidencia en 1970 y de López Portillo que inicio su mandato en 1976 se siguieron estrategias de fomento económico basándose en mayor gasto público, las que incrementaron la demanda agregada, el empleo y los salarios, pero también elevaron el déficit fiscal, la deuda pública y la inflación. Además, mucho del gasto público se canalizó a proyectos sin una evaluación correcta y que no eran rentables, como fueron los caminos de mano de obra, subsidios al consumo y apoyo a empresas quebradas entre otros. Esto elevó el endeudamiento público y el Banco de México aumentó la emisión de circulante. La 'fiesta' del gasto público terminó una vez que no se pudo financiar, lo que primero provocó la fuerte devaluación del peso en 1976 y posteriormente el colapso del economía que ocurrió en 1982, reflejándose en la expropiación de todo el sistema bancario.

Muchos mencionan que el neoliberalismo fue una mala decisión, sin estar conscientes que en realidad fue una política de realismo económico, basada en la premisa de que sólo se puede gastar el ingreso disponible. No fue una decisión tomada después de largas deliberaciones y evaluando las distintas opciones, sino fue resultado de que no existían otras opciones.

Un problema de aquellos años era la carencia de información oportuna que permitiera entender la gravedad de la situación que enfrentaban las finanzas públicas, por lo que no pudo anticipar el colapso que vendría. Por ejemplo, se conocían el monto de reservas internacionales del Banco Central sólo tres veces en el año, que eran durante el Informe Presidencial y en dos Informes del Banco de México. Hoy en día se tiene este dato una vez a la semana.

El tipo de cambio era semifijo o en flotación dentro de una banda, es decir el Banco Central no dejaba que se saliera de ciertos niveles y las tasas de interés, así como los montos de los créditos que podían otorgar los bancos, estaban determinados por el gobierno. Por otro lado eran frecuentes los controles de precios en distintos sectores y productos, que propiciaban desequilibrios en distintos sectores de la economía, reduciendo la productividad general y desperdiciando una gran cantidad de recursos.

El ajuste de la finanzas públicas y en general de la economía se realizó durante tres lustros y es hasta que se firma el Tratado de Libre Comercio y se reducen los impuestos a las importaciones que la economía empieza a crecer sobre nuevas premisas. Así, en 1980 las exportaciones mexicanas fueron de quince mil millones de dólares al año y las petroleras fueron de 10 mil millones, es decir casi el 70 por ciento; mientras que en la actualidad las exportaciones totales son superiores a los 400 mil millones de dólares anuales y las petroleras representan sólo el 5 por ciento de la totales, dando ingresos a miles de empresas que crean empleo para millones de personas.

Esta integración con la economía mundial permite que las empresas y los trabajadores se estén ajustando de manera continua al entorno de los mercados, tanto nacionales como externos. Por lo mismo los desajustes no se reflejan de manera dramática como sucedía con anterioridad. Anteriormente malas decisiones no tenían un impacto negativo fuerte en el corto plazo, pero se magnificaban en el tiempo; hoy en día si se toman malas decisiones o se anuncian medidas que pueden ser dañinas en el medio plazo, se tienen respuestas inmediatas. Un buen ejemplo es lo que sucedió con la cancelación del aeropuerto en Texcoco, lo que se consideró una mala decisión por los distintos inversionistas, quienes retiraron recursos del país, lo que se reflejó en un deterioro en el tipo de cambio, en caída de la Bolsa de valores y en mayores tasas de interés.

Lo anterior se traducirá en que el gobierno tendrá menos recursos para emprender otros proyectos, al tener que canalizar mayores montos al servicio de su deuda. Por lo mismo es importante entender el nuevo entorno global.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.