Benito Solis

Reunión Biden-Putin; libre mercado o planeación central

La reunión de los dirigentes ruso y norteamericano recuerda la Guerra Fría, que más que ser entre ambas naciones era entre dos sistemas económicos.

GINEBRA, Suiza.– Esta ciudad se está preparando para la primera reunión del presidente estadounidense Biden con el presidente Putin de Rusia, el miércoles 16 del presente mes. Destaca Suiza por ser un país que enfatiza mucho su característica de neutralidad, lo que le permitió no participar en la Primera y Segunda Guerras Mundiales del siglo pasado y resulta ideal para que aquí tenga lugar la misma. La reunión de los dirigentes ruso y estadounidense recuerda la llamada Guerra Fría, que más que ser entre ambas naciones era entre dos sistemas económicos.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Europa quedó dividida entre las naciones vencedoras: Por un lado una parte de Alemania era gobernada por los países aliados vencedores encabezados por Estados Unidos y por la otra estaba Rusia con la otra parte de Alemania y varias naciones de Europa Oriental agrupadas bajo el control de la llamada Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas o URSS, compuesto por quince repúblicas. En el primer bloque se permitió el funcionamiento del sistema de libertad de precios o de mercado para la asignación de los recursos y el consumo; mientras que en el segundo se utilizó el sistema de planeación, por el cual la economía funcionaba con un esquema de regulación por parte de los funcionarios y burócratas del gobierno. Durante décadas ambos esquemas compitieron para mostrar al mundo cuál era mejor para el crecimiento de las economías y el bienestar de sus habitantes. Esto fue muy claro en Alemania en donde una misma nación, pero partida en dos, con misma historia, idioma y población se diferenciaba por el sistema económico, los cuales tuvieron resultados muy diferentes. Otro ejemplo ha sido el caso de Corea, que también se dividió según el sistema económico que utiliza.

Recuerdo que esta competencia entre los sistemas era una discusión permanente y relevante en las distintas escuelas de economía de Latinoamérica, cuando yo estudiaba en la universidad. Ambas potencias competían para mostrar mejores resultados a las demás naciones. La vieja discusión de si tenías corazón para ayudar a los necesitados o mente para beneficiarte era común. Cuando terminé la carrera y la maestría en Estados Unidos decidí continuar mis estudios en Europa y visitar varias naciones en donde se utilizaba el sistema de planeación como instrumento de asignación de los factores. Esto me permitiría tener una opinión más clara respecto a cual sistema era más conveniente para México.

Mi gran sorpresa fue el descubrir los bajos niveles de vida de la población en donde se utilizaba la planeación central, así como la dificultad para la toma de decisiones. Toda la economía se volvía una gigantesca burocracia, en las cuales se requería la autorización de las autoridades para casi cualquier decisión relevante de los particulares. Dónde vivir, qué comer o tomar, qué trabajo o actividad tener, etcétera. Otra cosa que recuerdo es que después de varias décadas había todavía edificios derruidos como resultado de la guerra mundial, que no se limpiaban ni arreglaban. Era común encontrar dificultad para tomar decisiones que parecían sencillas en locales comerciales, en restaurantes, escuelas y fábricas, ya sea porque no había el funcionario que autorizara o porque él a su vez estaban consultando a sus superiores.

Aunque era relativamente fácil entrar a estos países, sobre todo si uno demostraba que traía divisas extranjeras para gastar, era muy largo y tedioso el proceso para poder salir del país socialista. En la frontera al salir revisaban mi automóvil, quitaban los asientos para verificar que no quería ayudar a alguien a huir, me pedían un detalle de dónde y cómo había gastado mi dinero y verificar que no había hecho operaciones financieras en el mercado negro. Mi conclusión fue que un sistema de tales controles y restricciones, así como el hecho de no tener un sistema de precios, impedía tomar decisiones correctas que reflejaran la escasez de los productos y los deseos de los distintos consumidores. Por lo mismo, no podía ser muy eficiente y eventualmente tendría un colapso por los bajos niveles de vida que proporcionaba a sus habitantes.

Finalmente así sucedió con la caída del llamado Muro de Berlín a fines de 1989, que fue el preludio del final de la URSS como sistema socialista. A partir de ese momento se generalizó un sistema de libertad económica y mayor comercio y competencia internacional en la gran mayoría de los países, lo que se ha reflejado en una expansión de la riqueza nunca antes vista en la historia de la humanidad. Esto ha traído otros problemas que comentaré en una columna próxima.

El autor es economista.

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