Energía con H al Final

Cinco años han pasado

En septiembre de 2016 el panorama del sector energético era diferente. Las empresas privadas gozaban apenas de las delicias que comenzaban a cosechar por la reforma peñista de 2013.

Este espacio ha llegado a su quinto aniversario. Buen pretexto para echar un vistazo a un lustro de distancia, al sector para el cual he dedicado la columna cada semana.

En septiembre de 2016 el panorama del sector energético mexicano era diferente. Las empresas privadas gozaban apenas de las delicias que comenzaban a cosechar por la reforma peñista de 2013.

Desde el sector hidrocarburos se cantaba al mundo petrolero la posibilidad de invertir en México. Se presumían los resultados obtenidos en las rondas petroleras que organizaba la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH), y se mantenía un optimismo de largo plazo, pese a la crisis de precios sufrida apenas un par de años atrás.

En electricidad la cosa no era distinta. El principal motivo de orgullo de la pasada administración fue la primera subasta de largo plazo del Mercado Eléctrico Mayorista que se dio en marzo de ese año, y que dio origen a los laureados ‘precios más bajos’ de la energía renovable en el mundo.

En la cadena de petrolíferos los proyectos brotaban por doquier. Planeaban terminales de almacenamiento, ductos, terminales portuarias, y los permisos fluían desde la Comisión Reguladora de Energía (CRE), a la par de la fiebre por las nuevas gasolineras y la eventual liberalización de los precios.

En fin, hace cinco años México vivía un boom energético anclado por completo a la voluntad del gobierno en turno, situación que solo dos años después cambió radicalmente; hoy la prioridad es un cuestionable rescate a las empresas del Estado, cuyos resultados, en la primera mitad del sexenio, pandemia de por medio, no han sido los esperados, pero que se mantiene en una misma línea: la centralización.

Con una nueva reforma constitucional en puerta, y a cinco años de distancia, el sector energético mexicano no podría ser el mismo.

La experiencia de DNV

La empresa noruega Det Norske Veritas (DNV) fue la misma contratada para realizar investigaciones en la explosión y derrame de la plataforma Deepwater Horizon en el Golfo de México en 2010; el accidente en la plataforma de Pemex en 2019, así como el de la planta petroquímica de Monterrey en 2020; de igual forma, investigó una explosión química en Iqoxe, España en 2020; entre otros sucesos.

Quizá sea por esa trayectoria, el informe que presentó DNV sobre lo acontecido en la Línea 12 del Metro, es resultado de una investigación respaldada por la experiencia, por ello seguramente la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, decidió que fueran ellos quienes llevaran a cabo el análisis del trágico accidente.

COLUMNAS ANTERIORES

¿Y para cuándo el sindicato?
Pleito le genera a Pemex... dinero

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.