Mala jornada ayer para los que querían sangre de la reunión que tuvieron los líderes de norteamérica en la célebre cumbre que se llevó a cabo en la Ciudad de México.
Buenas fotografías y mensajes cruzados fue el saldo del décimo encuentro de este tipo, donde sin duda la gran ausente fue la controversia por el sector energético que actualmente se está revisando en el marco del trumpiano y conveniente T-MEC.
Como lo explicó el canciller Marcelo Ebrard en entrevista radiofónica -corcholata que por cierto brilló sobre su principal rival ante los desastres citadinos del Metro- el tema fue tachado de la agenda, simple y sencillamente porque aún se mantiene en curso la revisión, que por cierto, apunta a que mutará lentamente de consulta a panel de resolución de controversias.
Sin embargo, y pese a que los mandatarios se mantuvieron dentro del guion, llevaron a la mesa otros pendientes relacionados con el sector energético, en los cuales México tiene un papel esencial, aunque donde también se han dejado las cosas claras.
El interés de Estados Unidos fue muy claro. Joe Biden reiteró la invitación para construir junto con México, un corredor industrial de alto nivel de especialización que pueda proveer de insumos y piezas a la industria de automóviles eléctricos a la que tanto le están apostando. De igual forma, confirmó que ven en México un poderoso aliado que les permita solucionar la crisis de semiconductores que persiste a nivel global, y que tanto ha golpeado a los industriales del país vecino. Aquí, la postura del gobierno ha sido consistente en promover la autosuficiencia y buscar el beneficio a las cadenas nacionales.
Por su parte, el mensaje de Canadá tuvo como objetivo recordarle a México que durante este gobierno no se han otorgado concesiones mineras, por lo que esperan que dicha situación cambie, aunque sea para el litio, donde el presidente López Obrador ha invitado públicamente a las empresas para que participen con posiciones minoritarias en los proyectos de explotación, tal como quedó delineado en el Plan Sonora.
En este contexto, la amenaza de Justin Trudeau unos días antes de la Cumbre de Líderes, de que le leería la cartilla al presidente López Obrador, terminó en una velada exhortación a que se puje por una economía regional más verde, orientada al desarrollo de fuentes de energías renovables. Nada nuevo.
A pesar del balance positivo registrado de la reunión, el gobierno de México se lleva tareas pendientes que debe tomar en consideración en el corto plazo, sobre todo de cara a un año que pinta recesivo, y en el cual la integración regional será una de las principales ventajas para afrontar los retos económicos que la mayoría de los organismos internacionales prevén.