Carta desde Washington

La ultraderecha alemana yergue la cabeza

La AfD podría gobernar Sajonia-Anhalt y romper el Brandmauer alemán, en un avance de la extrema derecha con impacto nacional y europeo.

En el corazón de Alemania se encuentra un estado del que muchos fuera de Europa nunca han oído hablar: Sajonia-Anhalt. Conservador, con poco peso político, marcado por el declive industrial -con desempleo por arriba del promedio nacional- y el tradicionalismo rural, no suele ser objeto de cobertura mediática internacional. Posee, eso sí, una rica historia regional y un legado cultural importante; con la ciudad de Wittenberg, es cuna de la Reforma Protestante, al igual que de la escuela Bauhaus-Dessau y su movimiento artístico, arquitectónico y de diseño, y figuras como Lutero, Händel, Bismarck y Nietzsche nacieron ahí, pero el estado como tal existe solo a partir de la reunificación alemana en 1990. Sin embargo, es plausible que esta región escasamente poblada de 2.2 millones de habitantes haga historia alemana y europea. Cuando los votantes acudan a las urnas este domingo para elegir un nuevo parlamento estatal, el resultado podría tener repercusiones y olas expansivas que rebasen las fronteras del país.

Si las actuales encuestas se mantienen, el partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD) ganará cómodamente las elecciones locales con cerca del 41% de los votos. Los servicios de inteligencia del Estado alemán han clasificado a la rama del partido ahí como “de derecha extremista”, pero esto no ha disuadido a los votantes. De hecho, la trayectoria de los sondeos la sitúa a un paso de obtener la mayoría absoluta de los escaños en el parlamento estatal, lo que le permitiría gobernar en solitario, sin socios de coalición, y elegir al ministro presidente, el equivalente alemán del gobernador. Sajonia-Anhalt podría convertirse así en la primera entidad de Alemania encabezada por un partido de ultraderecha desde 1945. La propia AfD es muy consciente del momento del que se trata: su cabeza de lista, Ulrich Siegmund, un joven carismático y acicalado, afirma que pretenden “hacer historia”, e insiste en cada oportunidad en que la plataforma electoral para Sajonia-Anhalt pretende ser un modelo para otras partes del país.

Los encuestadores alemanes atribuyen la posición de la AfD en los sondeos en Sajonia-Anhalt en gran medida a la historia política de la región -que ha tendido a apoyar posturas políticas en los márgenes del espectro ideológico- sumada al descontento generalizado que sienten muchos de sus habitantes con la situación prevaleciente en Alemania. En los años posteriores a la reunificación, se perdieron numerosos empleos, especialmente en la minería y la industria química. El estado se enfrenta hoy a importantes desafíos demográficos: con una edad media de 48.3 años, tiene la población más vieja del país y presenta un marcado desequilibrio de género entre los grupos de edad más jóvenes (de entre 18 y 29 años), de 2 a 1 a favor de los hombres. Muchos jóvenes abandonaron el estado y nunca regresaron; muchos se oponen a la inmigración, que se ha duplicado ahí desde 2015, a pesar de que la población extranjera del estado sigue siendo relativamente pequeña.

En un país profundamente consciente de su historia, la AfD debe decidir si rechaza o normaliza a Hitler como antecedente ideológico. En lugar de dar una respuesta definitiva, el partido opta por la ambigüedad deliberada. Coquetea con el legado nazi sin comprometerse explícitamente con él. Lejos de alejar a los votantes, esta ambigüedad estratégica genera una sorprendente y poderosa combinación de indignación y negación plausible. Por ello la primera pregunta obligada es, ¿qué haría un gobierno liderado por la AfD en Sajonia-Anhalt? Al igual que Estados Unidos, Alemania tiene un sistema federal, el poder dividido entre el gobierno central y 16 gobiernos estatales, y también como en ese país norteamericano, los estados alemanes tienen muchas atribuciones en áreas como la educación, la seguridad pública y la cultura. Y es ahí donde el programa electoral de la AfD diverge notablemente del de los demás partidos alemanes. La inmigración es el agravio principal de la AfD. Si bien el partido tiene un margen de maniobra limitado a nivel estatal ya que la política migratoria es prerrogativa del gobierno federal, afirma que utilizaría los cuatro votos de Sajonia-Anhalt en la cámara alta alemana (la Bundesrat) para presionar por un cambio radical a nivel nacional, al tiempo que promulgaría medidas a nivel estatal, como negarse a acoger su parte asignada de solicitantes de asilo si han entrado en Alemania a través de una nación europea primero. También se observa un uso notable y frecuente del término “re-emigración”, el concepto tan en boga entre la ultraderecha europea y un vaso comunicante con el movimiento MAGA en EE.UU, para describir los planes de deportación masiva del partido.

En educación aboga por un retorno a la “educación tradicional” y sostiene que los niños con discapacidad y los niños que llegaron a Alemania bajo la figura del asilo no deben mezclarse con los demás, con clases impartidas por separado o incluso asistiendo a escuelas designadas solo para ellos. También pretende prohibir la bandera LGBTQ en escuelas, y argumenta que “a los niños se les debe enseñar, como modelo a seguir, la familia tradicional compuesta por un hombre y una mujer, de la que nacen los hijos”. Esto se refleja también en su política familiar explícitamente natalista, atribuyendo el descenso de la natalidad al hecho de que “las desviaciones sexuales y los estilos de vida no reproductivos gozan ahora de mayor aceptación y se promueven con más agresividad que la familia tradicional”. En cuanto a la cultura, la AfD propone una ruptura radical con la “política de memoria” alemana. El enfoque de la posguerra en las dos repúblicas, la Alemania Oriental y la Occidental, enmarcó la educación sobre la era nazi bajo el lema de “nunca más”. La AfD afirma querer centrar el currículo en el siglo XIX, cuando Alemania se convirtió en Estado-nación, como una época que “aún puede ser fuente de inspiración y modelo a seguir para nosotros hoy”, de paso “hablando menos de Hitler” y “honrando el sacrificio de los soldados” en ambas Guerras Mundiales. Y al igual que lo ocurrido después del colapso de la República de Weimar con la llegada del nazismo, pretende retirar la financiación al “arte y la cultura antigermana”. La historia ciertamente no se repite, pero vaya que si rima.

El proyecto programático de la AfD para Sajonia-Anhalt parece una hoja de ruta para toda Alemania, y deberíamos tomarlo muy en serio. Durante años no ocurrió porque un gobierno de la AfD parecía cosa imposible. Y es que en gran parte debido a su pasado nazi, Alemania tiene un consenso multipartidista para mantener una barrera infranqueable (el llamado “Brandmauer”) contra partidos a la derecha de la conservadora Unión Demócrata Cristiana (CDU). Esto significa que ningún partido formaría una coalición con la AfD. Entonces, ¿por qué la alarma con Sajonia-Anhalt? Para empezar, la AfD está muy cerca de la mayoría absoluta ahí: su victoria duplicaría su porcentaje de votos con respecto a las últimas elecciones en 2021. Por supuesto, no parece -a cuatro días de los comicios- que llegará al 50% de votos, pero el partido aún podría obtener más de la mitad de los escaños si partidos más pequeños, como el Verde, no alcanzan el umbral del 5% para entrar en el parlamento estatal y esos escaños se distribuyen entre los partidos que sí lo logren. Según una encuesta reciente, la AfD podría quedarse a solo dos escaños de la mayoría. Esos escaños podrían ser ocupados por diputados conservadores disidentes de la CDU. Oficialmente esto no está previsto, pero habría muy pocos obstáculos para que los parlamentarios votaran con la AfD o incluso cambiaran de partido una vez elegidos. Y el nerviosismo en la sede nacional de la CDU ante esta posibilidad es palpable. Mientras tanto, el partido populista de izquierda BSW, relativamente nuevo en la escena política alemana, ha indicado su disposición a colaborar con la AfD; los extremos, como casi siempre, tocándose.

Algunos medios alemanes siguen considerando la erosión del antiguo tablero político alemán como un fenómeno regional y, por ende, controlable. Pero lo mismo se especulaba y se decía antes de 1932 en Alemania con respecto al Partido Nazi. Un argumento hoy es que Sajonia-Anhalt, al igual que Turingia, otro estado donde la AfD ha ido adquiriendo tracción electoral, se encuentra en la ex Alemania Oriental. El partido ha obtenido históricamente mejores resultados en encuestas en esta región que en el territorio de lo que fue Alemania Occidental. Algunos analistas alemanes atribuyen esto a la idea de que muchos alemanes orientales -más pobres hoy que sus compatriotas en el oeste del país- se sienten particularmente “ajenos a la democracia” debido a que vivieron bajo una dictadura socialista durante cuatro décadas después de la Segunda Guerra Mundial. Pero tales explicaciones no solo ignoran a amplios sectores del electorado, sino que también son engañosas. Para empezar, y haciendo eco del sentimiento antisistémico en toda Alemania, la AfD lidera ahora también las encuestas nacionales, con la CDU y la Social Democracia del SPD -los dos grandes polos y partidos políticos del país- en una crisis existencial. Con alrededor del 28% de apoyo a nivel nacional, puede que esté muy lejos de una mayoría absoluta en futuras elecciones federales, pero conviene recordar que estas cifras habrían sido -en un Estado y un país que consensual y explícitamente marginaron a la extrema derecha de la vida alemana y erigieron un cordón sanitario alrededor de ella- impensables hace tan solo unos años.

En el contexto de un continente en el cual la extrema derecha está adquiriendo musculatura, las elecciones de Sajonia-Anhalt y un potencial batacazo -y eventual laboratorio de prueba de políticas públicas- de la AfD ahí son cruciales, no como una anomalía regional, sino como un indicador clave de un giro a la extrema derecha que podría afectar a toda Alemania y a Europa en su conjunto. Por ello una cosa sí que parece segura: el 6 de septiembre, todas las miradas estarán puestas en este pequeño estado en el centro de Alemania.

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