Una joven recibió el premio que su madre ya no pudo sostener entre las manos. Era 2021 y el Premio Nacional de Salud rendía homenaje a profesionales sanitarios fallecidos durante la pandemia. Su madre, la doctora Silvia del Carmen Carrillo Ramírez, estaba entre ellos.
Óscar Hernández, presidente del reconocimiento, me contó aquella historia durante una conversación para Mundo Farma. Recordaba el dolor de una hija que habría preferido estar entre los asistentes y ver a su madre recibir la estatuilla.
A veces, una historia permite comprender lo que un discurso apenas alcanza a explicar. Detrás de cada médico o enfermera hay una familia que comparte desvelos, ausencias y preocupaciones. Reconocer su vocación también debería llevarnos a preguntar bajo qué condiciones les pedimos que cumplan con ella.
Ese fue uno de los asuntos que puso sobre la mesa el Premio Nacional de Salud 2026, entregado el miércoles 4 de noviembre en el Museo Memoria y Tolerancia, bajo el tema “Salud, dignidad y derechos humanos”.
Conviene decirlo desde el principio: se trata de un premio que surge de la sociedad civil. Nació en 2013 en el seno de la Comisión Nacional de Salud de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), organismo que hoy preside Juan José Sierra Álvarez. Con el tiempo, el proyecto dio origen a una asociación civil independiente.
Su propósito es reconocer aportaciones de personas, organizaciones sociales, empresas e instituciones públicas. Una forma de recordar que cuidar la salud requiere capacidades y compromisos que se construyen en muchos espacios.
Detrás de cada reconocimiento
Este año, la Facultad de Medicina de la UNAM recibió la distinción en la categoría Sector Público. Su directora, la doctora Ana Carolina Sepúlveda Vildósola, recogió el reconocimiento en nombre de una comunidad cuya labor acompaña buena parte de la vida sanitaria del país.
Según la documentación presentada para el premio, en 2025 se titularon 1,745 profesionales de licenciatura y se graduaron 4,939 especialistas.
Detrás de esas cifras hay años de estudio, profesores que transmiten experiencia y familias que sostienen la preparación de sus hijos. También existe una inversión pública que debe encontrar continuidad cuando esos profesionales terminan su formación.
Para aprovechar ese esfuerzo hacen falta oportunidades laborales, equipos adecuados y condiciones que permitan llevar el conocimiento a comunidades con necesidades de atención. Formar médicos y ofrecerles espacios donde puedan ejercer bien su profesión son responsabilidades que deben caminar juntas.
Otro reconocimiento correspondió al Patronato del Centro de Prevención de Quemaduras, A. C., cuyo director médico es Hilarión Castañeda Rodríguez, por su trabajo preventivo y el apoyo a pacientes que necesitan atención reconstructiva.
Su documentación reporta más de 36,500 personas capacitadas y 69 campañas nacionales. A la educación comunitaria suma formación de primeros respondientes y ayuda para traslados y cirugías de personas con recursos limitados.
Una quemadura puede cambiar la vida cotidiana de una familia. Conseguir atención, acompañar la recuperación y volver a las actividades habituales exige tiempo y recursos. Por eso importa reconocer a quienes ayudan en ese recorrido y evaluar cómo ampliar la prevención.
Cuando recordar también es cuidar
En la categoría Empresa, Lilly México, que encabeza Phelipe Philippsen, fue distinguida por “El tiempo que perdemos, lo gana el Alzheimer”, campaña dirigida a promover el reconocimiento de señales tempranas y la búsqueda de orientación médica. El galardón lo recibió Carlos Kane, director de Asuntos Corporativos de Lilly.
Su propuesta también da visibilidad a quienes cuidan de una persona con esta enfermedad. Ese acompañamiento merece atención: detrás del paciente hay alguien que organiza consultas, adapta rutinas y procura sostener la vida familiar.
De acuerdo con la información presentada para el premio, la campaña alcanzó a 25.8 millones de personas y generó 81.3 millones de impresiones digitales.
Son indicadores de difusión relevantes. El siguiente paso es conocer cómo evaluar su contribución a la búsqueda de atención y al acompañamiento de las familias. Medir ambos aspectos permitiría entender mejor qué cambia después de que un mensaje llega a su destinatario.
Abrir una conversación sobre la memoria tiene valor. Vincularla con orientación y servicios accesibles puede darle continuidad.
Por su parte, el doctor Carlos Pedro Santos-Burgoa Zarnecki recibió el reconocimiento individual por una trayectoria que abarca investigación epidemiológica, protección frente a riesgos ambientales y laborales, formación de profesionales y participación en la creación de Cofepris.
Su trabajo recuerda que una parte de la salud se protege antes de que alguien llegue a un consultorio.
Identificar riesgos y utilizar evidencia para tomar decisiones son tareas que requieren instituciones con capacidad técnica y continuidad.
Para quienes observan el sector desde la economía, ahí existe un asunto central: sostener esas capacidades demanda inversión, personal preparado y reglas que permitan cumplir una función pública.
La dignidad se nota en lo cotidiano
Durante nuestra conversación, Óscar Hernández, presidente del Premio, cuestionó carencias de insumos, remuneraciones inadecuadas y retrasos en pagos a trabajadores y proveedores. A su juicio, esos obstáculos deterioran los servicios y afectan a los pacientes.
Vale la pena detenerse en esa reflexión. Pedimos atención oportuna y trato humano. Esperamos que un profesional escuche, explique y resuelva. Para hacerlo necesita tiempo, herramientas y respaldo institucional.
Su compromiso puede ayudar a superar dificultades, pero no debería convertirse en la respuesta habitual frente a carencias que corresponden a la gestión pública.
Hablar de dignidad también obliga a revisar presupuestos, pagos y condiciones de trabajo. Son decisiones que terminan por hacerse visibles en una consulta, en la disponibilidad de un insumo o en la posibilidad de continuar un tratamiento.
Desde la sociedad civil, este premio permite identificar esfuerzos que merecen atención. Su contribución puede crecer si ayuda a documentar experiencias, compartir conocimientos y exigir mejores servicios.
Para organismos empresariales como el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), que preside José Medina Mora Icaza, aquí hay una agenda concreta: promover inversión en prevención, formación de talento y capacidades sanitarias, con metas que permitan evaluar resultados.
Después de la ceremonia queda una tarea: conocer cuáles de esas aportaciones pueden llegar a más personas, con qué recursos y bajo qué criterios de evaluación.
La historia que me contó Óscar Hernández vuelve entonces a cobrar sentido. Aquella hija habría querido ver a su madre recibir el premio. Recordarla exige también cuidar a quienes hoy siguen en hospitales, consultorios y laboratorios. Darles condiciones dignas para trabajar es una forma concreta de corresponder a su entrega.
Sala de Urgencias
Durante la ceremonia, se presentó un video de Aurelio Nuño, exsecretario de Educación Pública, quien abundó sobre la Cruzada Nacional por Escuelas Saludables y Libres de Bullying. El proyecto incorpora el bienestar físico y emocional de los estudiantes a la conversación sanitaria. Merece seguimiento: será importante conocer sus metas, los apoyos para docentes y los canales de atención para las familias. Una escuela saludable necesita adultos capaces de reconocer un problema, escuchar a los alumnos y actuar. Ahí comenzará