Perder la vista puede significar mucho más que dejar de reconocer el rostro de un ser querido, leer el periódico o distinguir los colores de un atardecer. Para millones de mexicanos también representa el riesgo de quedarse sin empleo, abandonar actividades cotidianas o depender de alguien para realizar tareas que antes parecían sencillas. Detrás de cada diagnóstico existe una historia personal, pero también una factura económica que el país lleva años pagando sin prestarle suficiente atención.
México tiene alrededor de 16 millones de personas con pérdida de visión, de las cuales 540 mil presentan ceguera. Según el diagnóstico difundido esta semana por especialistas, el impacto sobre la productividad laboral asciende a 50 mil millones de pesos anuales. Una cantidad equivalente a más de 137 millones de pesos diarios, que debería preocupar tanto a las autoridades sanitarias como a quienes toman decisiones económicas.
Otro dato merece atención: siete de cada 10 personas afectadas tienen más de 50 años, mientras que las mujeres representan 55% de los casos. Estas cifras obligan a mirar hacia el envejecimiento demográfico y una realidad que suele pasar inadvertida: conservar la visión también significa preservar autonomía, ingresos y calidad de vida.
Diagnóstico conocido, respuesta pendiente
Durante un encuentro celebrado el miércoles 28 de octubre, la Sociedad Mexicana de Oftalmología, Colegio Nacional (SMOCN), presidida por el doctor David Lozano Rechy, y la Agencia Internacional para la Prevención de la Ceguera (IAPB) formalizaron la Alianza para la Salud Visual en México.
Su propósito es impulsar una agenda de políticas públicas para el periodo 2027-2030, con cinco prioridades: gobernanza, financiamiento, redes integradas de atención, formación de especialistas e investigación.
La doctora Valeria Sánchez Huerta, presidenta regional de la IAPB para América Latina, planteó durante la presentación que el desafío consiste en transformar el conocimiento acumulado sobre el problema en decisiones, recursos y servicios accesibles para la población.
Tiene razón. Nuestro país cuenta con diagnósticos, especialistas e instituciones capaces de proponer soluciones. Falta demostrar si existe voluntad para convertir esas capacidades en resultados que beneficien a los pacientes.
Basta revisar la disponibilidad de profesionales: por cada 10 mil habitantes existen apenas 0.32 oftalmólogos certificados y 0.52 optometristas titulados, según las cifras presentadas por la alianza. A esta limitación se suma la concentración de servicios especializados en determinadas regiones del territorio nacional.
Para una familia que vive lejos de los principales centros urbanos, acudir a una consulta oftalmológica puede representar gastos de transporte, alojamiento y días sin trabajar. Cuando la atención se posterga, algunas enfermedades avanzan hasta comprometer la visión, con consecuencias que pudieron evitarse mediante un diagnóstico oportuno.
Prevenir también es invertir
Entre las propuestas de la Agenda por la Salud Visual destacan fortalecer la detección temprana, mejorar la atención de cataratas y retinopatía diabética, ampliar el acceso a lentes de prescripción e incorporar herramientas como telemedicina e inteligencia artificial.
Son medidas pertinentes, aunque su viabilidad dependerá de aspectos menos atractivos que los discursos: presupuesto, personal capacitado y mecanismos para evaluar resultados.
El doctor David Lozano Rechy ha señalado la necesidad de fortalecer la atención desde el primer nivel y ampliar el acceso a servicios especializados. Ahí se encuentra una de las claves para evitar que problemas tratables terminen convertidos en discapacidades permanentes.
Por su parte, el doctor Jorge E. Valdez García, secretario general de la SMOCN y coordinador de la alianza, tendrá la tarea de articular las propuestas de la comunidad médica con las instituciones responsables de llevarlas a la práctica.
También corresponde a la Secretaría de Salud, encabezada por el doctor David Kershenobich, asumir un papel central si esta iniciativa aspira a influir en las decisiones públicas.
Existen razones para actuar sin demora. De mantenerse las tendencias demográficas, la población mexicana con pérdida visual podría alcanzar 27.5 millones de personas en 2040, un incremento proyectado de 72%.
Conviene recordar que no toda pérdida visual es prevenible ni todos los padecimientos tienen el mismo tratamiento. Justo por ello resulta indispensable distinguir las condiciones que pueden corregirse, atenderse o evitar que progresen.
México necesita dejar de considerar la salud visual como un asunto secundario. Cada diagnóstico tardío puede representar una oportunidad perdida para una persona, una familia y la economía nacional.
Sala de Urgencias
- Una inversión de 3 mil 500 millones de pesos merece atención en una industria donde ampliar la capacidad productiva exige recursos, tecnología y visión de largo plazo. Laboratorios Carnot, que preside Guy Jean Savoir, inauguró una nueva planta en Hidalgo, una apuesta que refuerza la presencia de la industria farmacéutica nacional y abre oportunidades para el desarrollo económico regional. Más allá del monto anunciado, lo relevante será conocer su contribución a la producción de medicamentos, la generación de empleos especializados y el fortalecimiento de las cadenas de suministro. México necesita inversiones que conviertan su potencial farmacéutico en capacidad industrial. Carnot acaba de dar un paso en esa dirección.