Estamos en plena efervescencia futbolística ante el desarrollo de la Copa Mundial 2026. México es sede junto con Estados Unidos y Canadá y, por la propia naturaleza del evento, las problemáticas sociales tienden a aumentar.
Lamentablemente, una de ellas es la violencia en sus distintas expresiones, pero la que hoy más afecta es la de tipo sexual contra niñas, niños y adolescentes.
En las últimas semanas se han presentado, en nuestro país, múltiples campañas de prevención que unen a las organizaciones civiles a cerrar filas para evitar daños a la infancia, en tanto este tipo de encuentros propicia la distracción en los distintos espacios y, por ende, el descuido a los más vulnerables.
Así, Early Institute junto con la asociación Infancia Libre de Abuso Sexual (ILAS) lanzamos la campaña “Hagamos equipo en casa. El silencio no protege” para hacer un llamado a los padres, madres y cuidadores de niñas, niños y adolescentes para que tengan medidas de vigilancia y seguridad en sus entornos inmediatos, en particular en sus casas.
Sin duda, la atención debe acentuarse en momentos como este de reuniones familiares y con amigos, pero no se debe olvidar que el cuidado y la protección a niñas, niños y adolescentes debe ser permanente y no bajar la guardia nunca.
Hay datos que indican que los torneos no crean a los agresores, pero sí se generan condiciones de violencia ante la presencia de riesgos que pueden resumirse en tres:
a). La ingesta masiva y prolongada de alcohol.
b). La desinhibición emocional.
c). La flexibilización de las normas sociales de conducta, donde se tolera la catarsis agresiva bajo la excusa de la pasión deportiva.
En este sentido, hay que señalar que, si bien existe una gran preocupación por la presencia de agresores que buscan vulnerar la sexualidad de niñas y niños víctimas de trata o explotación infantil, es necesario observar que este tipo de eventos facilitan otras formas de violencia en contextos cercanos a las familias.
Por supuesto, bajo ninguna circunstancia deben permitirse faltas de respeto ni agresiones, de ahí la importancia de tener reglas claras cuando haya reuniones en el hogar o se asista a otros sitios.
Algo también fundamental es estar atentos a las interacciones entre niños y adolescentes y no asumir que porque son de edades similares están seguros.
Aquí la recomendación es tratar de integrarlos a la dinámica que se está desarrollando en casa o al menos echar un vistazo continuamente a lo que están haciendo, principalmente en lugares cerrados. En Early Institute sabemos que estar alertas en los espacios más cercanos puede prevenir prácticas que afecten a niñas, niños y adolescentes.
Insistimos en que las medidas de precaución no deben ser exclusivas en el marco de estas fechas deportivas, sino en todo momento y, sobre todo, no hay que guardar silencio ante alguna situación sospechosa.
Tampoco hay que olvidar que cuidar implica proteger a los niños y las niñas de nuestro entorno y no solo a nuestros propios hijos o hijas, porque nuestro apoyo puede evitarles experiencias peligrosas, desagradables y difíciles de sanar.