La presidenta Claudia Sheinbaum cumplió esta semana un año, once meses y 23 días de su sexenio. Pero parecería que no ha podido ejercer un liderazgo que transmita control sobre su gobierno, sobre su partido, sobre el país. Hago este comentario con cuidado y respeto, ya que siendo la primera mujer Presidenta de México, no quiero que se me acuse de misoginia o de violencia política. El problema para gobernar que tiene la Presidenta no tiene nada que ver con el hecho de que sea mujer. Su problema se llama Andrés Manuel López Obrador y la decisión de la Presidenta de proteger al expresidente, su legado y las personas allegadas. Su equipo está plagado de personas más leales al expresidente que a ella. Pero su equipo de gobierno y el liderazgo político de Morena son más leales a los intereses del exmandatario que a las necesidades de su gobierno, además de que con pocas excepciones sus asesores son incompetentes, incapaces o simple y llanamente tienen poca experiencia.
Y esta semana parecería que la Presidenta decidió sacar las manos de la selección de los candidatos para las elecciones intermedias del 2027. Durante su “mañanera” en Palacio Nacional, la mandataria con un tono de frustración dijo que no se involucraría en las discusiones internas sobre candidaturas estatales y los reclamos de los partidos aliados. Aunque la ley electoral exige que la presidencia y el gobierno federal no intervengan en la vida interna del partido oficial, parecería que la Presidenta simplemente se estaría rindiendo. Cuando un presidente deja de controlar el futuro de su partido, deja de controlar el futuro de su sexenio. Sobre todo, cedería la decisión sobre quiénes serían las futuras corcholatas y quién la reemplazaría en el 2030. Esto sería terriblemente peligroso para la Presidenta, sus allegados y su legado histórico como la primera mujer presidenta de México.
Tal vez la Presidenta asume que, si declara que sacó las manos del proceso electoral del 2027, podría argumentar que no se responsabiliza por las candidaturas de individuos corruptos o vinculados al crimen organizado. Pero Claudia Sheinbaum, como mandataria del país, tendrá que asumir la responsabilidad no solo de los futuros gobernantes corruptos y criminales electos durante su sexenio, sino de los que participaron en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Y las decisiones más difíciles que tendrá que tomar la presidenta serán cómo equilibrar la protección del equipo de AMLO con los nuevos gobernantes corruptos y criminales de Morena recién electos frente a las inimaginables presiones del Presidente Donald Trump.
¿Cómo proteger la soberanía y denunciar la injerencia estadounidense cuando el argumento de la Casa Blanca tiene fundamento? Un porcentaje importante del país es gobernado por organizaciones criminales —ahora clasificadas como terroristas— y el gobierno mexicano no quiere o no tiene la capacidad de detener la expansión criminal. Pero lo más preocupante para Donald Trump y su equipo de seguridad es el vínculo entre los ahora grupos “terroristas” y la clase política y empresarial, especialmente aliados y gobernantes de Morena.
De nuevo esta semana, Donald Trump “amenazó” a México durante su discurso en la Asamblea General de la ONU. Pero considerando el discurso del Presidente de los Estados Unidos, el mensaje no era para el país; el señalamiento era para el gobierno mexicano encabezado por la Presidenta Claudia Sheinbaum. Trump calificó al país como el “epicentro de la violencia de los cárteles” y afirmó que es “inaceptable” compartir una frontera de 2,000 millas (3,200 kilómetros) con un territorio controlado por “cárteles enemigos”, a quienes tildó de “enemigos de la humanidad”.
Enemigos de la humanidad.
Pero no solo Estados Unidos hizo señalamientos esta semana en contra de México. Quince países del hemisferio firmaron la declaración conjunta del Escudo de las Américas, que contempla medidas coordinadas frente a 24 organizaciones criminales. De los grupos incluidos, ocho son originarios de México. El problema que enfrenta la Presidenta después del sexenio de AMLO es que México se quedó con muy pocos aliados. Y esto se vio esta semana.
Trump destacó en su discurso ante la ONU que mantiene “una relación muy buena con el gobierno mexicano. Hemos logrado grandes avances, avances realmente importantes con México. Ellos tampoco quieren a los cárteles y cuando llegue ese día, toda esta región será un lugar mejor y más seguro”.
Así, deja en manos de la Presidenta decidir cómo va a enfrentar a los “enemigos de la humanidad”, que posiblemente incluyen miembros de su partido, o enfrentar la posibilidad de que Estados Unidos tome las decisiones para resolver la amenaza. Por eso, ceder las decisiones electorales del 2027 de su partido, podría abrir la puerta a la temida injerencia de Trump.