Análisis sin Fronteras

La Presidenta no debe ser portavoz de corruptos

Parecería que la mandataria se ve forzada a pasar horas de la semana defendiendo a funcionarios, exfuncionarios o personas allegadas a Andrés Manuel López Obrador de posibles actividades delictivas o corruptas de su movimiento. Y esto está creando fricción pública dentro del gobierno y del movimiento.

La responsabilidad de Claudia Sheinbaum es defender la soberanía de México ante la eventual injerencia extranjera. No es responsabilidad de la presidenta de México defender o ser portavoz de la corrupción en Morena.

Parecería que la mandataria se ve forzada a pasar horas de la semana defendiendo a funcionarios, exfuncionarios o personas allegadas a Andrés Manuel López Obrador de posibles actividades delictivas o corruptas de su movimiento. Y esto está creando fricción pública dentro del gobierno y del movimiento. Lo vimos esta semana, cuando la mandataria acusó a Estados Unidos de injerencia política, buscando generar divisiones dentro de Morena, cuando el director de la DEA, Terry Cole, expresó apoyo público a Omar García Harfuch, secretario de Seguridad. “Es una de sus estrategias, no de ahora, de siempre: generar divisiones al interior del Gabinete de Seguridad, generar divisiones al interior del gabinete federal. Son tácticas que usan ellos de injerencia”, afirmó la mandataria durante la conferencia mañanera. “Piensan que por hablar bien de uno y mal de otros van a generar al interior división, pero fracasan en eso porque no lo logran, porque hay mucha coordinación y mucho patriotismo de todos en la defensa de México”, añadió. Inclusive, la presidenta especuló que estas declaraciones de apoyo estarían relacionadas con las elecciones intermedias de noviembre en Estados Unidos, atacando a México, tratando de fortalecer el voto a favor de los republicanos. “Que se ocupen de los asuntos de allá, acá nos ocupamos nosotros de los asuntos de acá y nos coordinamos”, como un recordatorio de que las agencias estadounidenses no deben meterse en donde no les importa.

Con estos comentarios, la presidenta pone a su aliado más cercano, el secretario Omar García Harfuch, en una encrucijada, ya que México necesita una relación de confianza para coordinar programas de seguridad con Estados Unidos y reducir la posibilidad de actividades unilaterales que podrían llevar a un rompimiento diplomático. ¿El secretario García Harfuch es parte de la injerencia extranjera?

El problema para la presidenta Sheinbaum y para Morena es que a Donald Trump y a su equipo sí les importan los vínculos entre el gobierno de México y la clase política mexicana con las organizaciones criminales que ahora son señaladas como terroristas. Hace algunas semanas, durante una conferencia de prensa, el administrador de la DEA, Terrance Cole, amenazó a narcotraficantes y funcionarios por igual: “Permítanme ser claro. Si trafican drogas mortales, lucran con el sufrimiento de otros o usan un cargo público para proteger a los cárteles, esta es su advertencia. La DEA va por ustedes. Ningún título, cargo o conexión política los protegerá.”

Pero la tragedia para Claudia Sheinbaum es que, cada vez que ella sale a defender a individuos posiblemente corruptos ligados al movimiento o a AMLO, argumentando injerencia, literalmente está confirmando que probablemente estos individuos han cometido alguna actividad delictiva.

Mientras más defienden públicamente a Rocha Moya o a Andy López Beltrán, argumentando injerencia de la DEA, más se confirma su culpabilidad. Si son inocentes, ¿qué importa lo que digan las oficinitas del Departamento de Justicia? Cada vez que la presidencia sale a reclamar la injerencia extranjera por las investigaciones penales estadounidenses, el retiro de la visa de un funcionario o el congelamiento de cuentas confirmando las acusaciones del vecino.

Hay indicios de que la estrategia estadounidense incluye lo que podría considerarse injerencia en los procesos electorales de 2027. Pero la defensa de la presidenta a favor de individuos investigados por Estados Unidos les da aún más credibilidad a las acusaciones de que Morena promueve gobiernos “narcoterroristas”.

Lo que es más sorprendente es que la Presidencia y el liderazgo de Morena sigan defendiendo públicamente a individuos como Rubén Rocha, Andy López y Enrique Inzulza, quienes aparentemente no se están coordinando ni consultando con la presidencia. No hago este comentario buscando dividir a la Cuarta Transformación. Solo hay que ver cómo sucedió el breve regreso del gobernador Rocha Moya a Sinaloa o la ofensiva carta que envió Andy López Beltrán al presidente Donald Trump. Estas decisiones agarraron a la presidenta y a su equipo por sorpresa en un momento muy complejo en la relación política con Morena y diplomática con Estados Unidos.

Si estos individuos han decidido irse por la libre, por lo menos busquen a otra persona que sea su portavoz. O mejor todavía, si no es la Fiscalía ni Gobernación o Relaciones Exteriores que sean ellos mismos quienes contesten las preguntas de los medios y manejen su estrategia de comunicación. Así, la presidenta puede dejar de ser su portavoz y dedicarse de tiempo completo a defender los intereses de México y las verdaderas amenazas a la soberanía.

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