Análisis sin Fronteras

Salud presidencial y los retos de seguridad nacional 2022

Surge de nuevo la preocupación de que si México tiene instituciones lo suficientemente fuertes para sobrevivir la falta del presidente.

Con el anuncio de que, por segunda vez, Andrés Manuel López Obrador se había contagiado de COVID 19, surge de nuevo la preocupación de que si México tiene instituciones lo suficientemente fuertes para sobrevivir la falta del presidente. Especialmente ante los retos de 2022 que enfrentará el país.

La posibilidad de que algún percance o un problema de salud afecte las capacidades de López Obrador ha incrementado dramáticamente esta semana. En parte porque el historial público de la salud del mandatario claramente señala peligrosas comorbilidades, incrementando la posibilidad de que un segundo contagio pueda dejar secuelas. Pero también hay que reconocer que el estrés de gobernar afecta la salud de cualquiera, y al presidente todavía le falta la segunda parte de su mandato -tres años donde históricamente el presidente tiene menos control-, incrementando las dificultades para gobernar. Son los últimos tres años de gobierno que ‘envejecen’ a los gobernantes, especialmente si llega a la segunda parte del sexenio con problemas de salud.

Pero el presidente no se ayuda y parece no comprender la importancia de proteger su salud por razones de seguridad nacional. Durante la conferencia mañanera de esta semana reconoció que tenía gripa y que tomaría su prueba de COVID-19. Horas más tarde, después de reunirse con secretarios del gabinete de seguridad, anuncia resultado positivo para COVID-19 habiendo expuesto, de nuevo, a su círculo cercano.

Pero la relativa poca protección que tiene el presidente de México durante sus giras, además de una agenda demoledora que seguramente empeorará ante los múltiples procesos electorales en los siguientes años, nos recuerda los peligros para la salud de Andrés Manuel.

Y sí, la salud y bienestar del presidente de México siempre deberá considerarse como materia de seguridad nacional, especialmente en un momento donde se perciben abiertas divisiones entre el círculo cercano del presidente y Morena. No hay garantía de que si algo le pasa a López Obrador, Mexico tendría una transición tersa y sin desestabilización política y económica.

Además de la salud del presidente de México, hay otros temas de seguridad que podrían, literalmente, ‘estallar’ este año. Un reto particularmente importante será la capacidad del gobierno de México de controlar las organizaciones criminales, que han tenido casi rienda suelta en prácticamente todo el país. Particularmente en los últimos dos años han influido en los procesos electorales. Esto facilita la promoción de sus actividades delictivas, pero también incrementa su influencia en la economía formal. Y si los eventos violentos son un indicio de lo que sucederá en 2022, entonces habrá que esperar incremento de las guerras intestinas este año.

El presidente y su gabinete de seguridad tendrán que tomar la difícil decisión de enfrentar las organizaciones criminales, con lo que se incrementará aún más la violencia en el país. O simple y llanamente dejar regiones enteras del país y sus pobladores para que sean ‘gobernados’ por criminales.

Y obviamente, el no enfrentar en este momento al control territorial que ejercen decena de organizaciones como el CJNG o el CDS, y otras agrupaciones criminales, básicamente serán éstos los que definan indudablemente los procesos electorales y los gobernantes del futuro.

Esto nos lleva al siguiente gran reto para Mexico en 2022: procesos migratorios catastróficos para el país por los millones de mexicanos y centroamericanos que tratarán de cruzar a Estados Unidos -en parte huyendo de la desbordad violencia en el país-. Los grupos del crimen organizado, obviamente, serán los beneficiarios de este gran negocio de traficar con seres humanos.

Y este panorama, donde se espera que grupos criminales tendrán más control territorial que favorece sus negocios, es de esperarse que incremente aun más el tráfico de fentanilo hacia Estados Unidos. Las dificultades con el vecino del norte incrementarán dramáticamente al ir subiendo también el número de adictos en Estados Unidos, pero también las defunciones por sobredosis de fentanilo. Las fricciones entre ambos países incrementarán, no solo por la tragedia humanitaria en la frontera por los flujos migratorios incontrolables por ambos países, sino por la casi imposible tarea de detener el tráfico de fentanilo.

Y sin importar quién es el presidente de México o de Estados Unidos, siempre está la preocupación de que algún grupo terrorista, antagónicos al vecino, intente ingresar a suelo estadounidense por territorio mexicano.

Ante este panorama y los retos que potencialmente le espera a México para 2022, es vital que la salud del presidente sea una prioridad en materia de seguridad nacional.

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