Ya es una característica del mexicano cuando de ayudar se trata, sobre todo ante graves contratiempos y tragedias como los causados por fenómenos naturales. En esos casos, la sociedad ha rebasado al gobierno y se pone en la línea de frente para apoyar a los que están en desgracia.
Lo mismo ocurre ahora con la pandemia y la falta de empatía de la mayoría de las autoridades ante el dolor de millones de mexicanos que se debaten entre la crisis médica, económica y de inseguridad.
En verdad, el sufrimiento está en todos lados y, por fortuna, también las muestras permanentes de solidaridad por parte de innumerables ciudadanos y empresas, quienes a diario están apoyando con dinero, alimentos, programas de apoyo, caretas, cubrebocas, gel y toda clase de insumos médicos.
Es muy raro encontrar un gobernante que anteponga todo para ayudar a la población que tiene serias tribulaciones, y ahora no es la excepción.
Desde el presidente de la república, hasta la mayoría de los gobernadores y qué decir de los alcaldes, tienen otras prioridades en el ejercicio del presupuesto, que el padecimiento de la población.
Simplemente, si ahora el sistema de salud pública adolece desde el equipo adecuado para proteger la vida del personal médico hasta medicamentos para niños con cáncer, o para atender a los enfermos por el Covid-19, qué decir de los millones de compatriotas que no tienen asegurada siquiera la subsistencia diaria.
Bien se dice que un gobernante sin un bagaje ético y con valores familiares, difícilmente se mostrará empático con la población que lo eligió.
La religión, sobre toda aquella que tiene como eje fundamental la misericordia y la empatía con sus semejantes, es uno de los motores que mueven a sociedades que tienen como prioridad ayudar a quien lo necesite, y sin duda buena parte de los mexicanos tienen esta capacidad de misericordia con los que padecen algún problema.
La pandemia no se irá pronto, es más, se habla de que mientras no llegue la vacuna a México y se aplique masivamente, por lo menos pasarán otros ocho meses y con ello la crisis se profundizará a niveles inéditos en la historia contemporánea del país.
La acción solidaria y empática en beneficio de los demás, impulsada por un profundo sentimiento de amor compasivo y humanista, es una condición indispensable en un ser humano que, merced a los valores familiares y la misma religión, los hace florecer.
Dicen algunos teólogos que el amor compasivo es como el de la madre o un amigo, totalmente desinteresado. Al respecto, el doctor y líder budista, Daisaku Ikeda, menciona: "Están los amigos que saben acompañar en el dolor y en los momentos difíciles. Están los que comparten ese brillo de oro que tiene la alegría y viven nuestra risa como si fuera de ellos mismos. Están aquellos que nos hacen soñar; esos que por la puerta de casa traen consigo las cosas más hermosas del universo. Y también están aquellos que nos ayudan a pensar y razonar cuando no podemos ver la realidad o cuando no podemos ser razonables. Quizás, todo esto es muy difícil encontrarlo en una sola persona. Por eso es genial la posibilidad de reunirlo en muchos amigos a quienes debemos querer. Quien tiene un amigo sincero, posee toda la riqueza del mundo".