Desde San Lázaro

¿Qué puso México sobre la mesa de Trump?

Sobre la mesa están simultáneamente migración, fentanilo, seguridad fronteriza, combate a los cárteles, narcopolíticos, comercio, acero, aluminio, industria automotriz, inversiones chinas en México y el futuro del T-MEC.

El próximo martes 3 de noviembre los estadounidenses acudirán a las urnas para renovar la Cámara de Representantes, 35 escaños del Senado y numerosas gubernaturas, y el resultado determinará buena parte de la capacidad política operativa que tendrá Donald Trump durante los dos últimos años de su mandato.

Cuando tomó posesión de la presidencia en su segundo periodo, el escenario era radicalmente distinto. Trump regresó a la Casa Blanca acompañado por el control republicano del Congreso y con una fuerza electoral que parecía incontenible. Hoy llega a las elecciones intermedias desgastado y con sus mayorías amenazadas.

La encuesta Reuters/Ipsos concluida el 26 de octubre colocó la aprobación presidencial en apenas 32 por ciento y registró una ventaja demócrata de 47 a 36 por ciento sobre los republicanos en la intención genérica de voto al Congreso entre votantes registrados. Entre quienes probablemente acudirán a las urnas, la diferencia también favorece a los demócratas.

Eso no significa que el resultado esté escrito.

Particularmente en el Senado existen contiendas sumamente cerradas. Los demócratas necesitan obtener cuatro escaños adicionales para arrebatarle el control a los republicanos y varias elecciones que hace unos meses parecían seguras se han vuelto competitivas.

Pero mientras Estados Unidos mira hacia sus urnas, México debe mirar cuidadosamente hacia Washington.

Durante meses, Trump y funcionarios de su administración han lanzado severas acusaciones contra México en materia de narcotráfico, seguridad fronteriza y penetración criminal. Esa presión ha colocado permanentemente al gobierno de Claudia Sheinbaum ante la necesidad de demostrar que existe cooperación efectiva contra los cárteles.

La pregunta es hasta dónde llegará esa presión antes y después del 3 de noviembre.

Rubén Rocha Moya, Enrique Inzunza, Adán Augusto López, Marina del Pilar Ávila y otros personajes del oficialismo seguramente están inquietos ante la eventual incursión de militares de aquel país para aprehenderlos en virtud de que han sido acusados por cortes norteamericanas de estar coludidos con los narcos.

Lo interesante es que, mientras permanece esa espada sobre la relación bilateral, durante las últimas semanas han aparecido señales de distensión que no deben pasar inadvertidas.

El 16 de octubre, el Departamento de Transporte estadounidense revocó las restricciones que impedían a las aerolíneas mexicanas abrir nuevas rutas hacia Estados Unidos desde el AIFA y el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. El propio gobierno mexicano informó que Washington reconoció avances en el cumplimiento de los compromisos bilaterales en materia aeronáutica.

También comenzó a destrabarse el conflicto ganadero.

Estados Unidos inició una reapertura gradual de los puertos fronterizos para las importaciones de ganado mexicano. Douglas, Arizona, abrió desde agosto; Santa Teresa, Nuevo México, en septiembre; Columbus lo hizo este 26 de octubre y Nogales está programado para el 30 de noviembre, sujeto a las condiciones sanitarias relacionadas con el gusano barrenador.

Y todavía existe un asunto mucho mayor: el T-MEC.

Estados Unidos decidió en julio no renovar todavía el tratado en sus términos actuales, por lo que comenzó un periodo de revisiones anuales. Sin embargo, las negociaciones bilaterales con México continúan y el propio gobierno mexicano ha señalado que las posiciones se han acercado, aunque todavía no existe un acuerdo definitivo.

Ante esta “buena voluntad” de los gringos, hay que ser mal pensados. ¿Qué puso México sobre la mesa a cambio?

Porque Donald Trump difícilmente regala algo en una negociación.

Sobre la mesa están simultáneamente migración, fentanilo, seguridad fronteriza, combate a los cárteles, narcopolíticos, comercio, acero, aluminio, industria automotriz, inversiones chinas en México y el futuro del T-MEC.

Ahí puede encontrarse la verdadera moneda de cambio.

Sheinbaum ha optado hasta ahora por administrar la relación con Trump evitando la confrontación abierta. Esa estrategia puede explicar parte de la distensión reciente, pero falta conocer qué compromisos adicionales se están negociando por debajo de la mesa.

Si Trump pierde la Cámara de Representantes o queda políticamente debilitado después de las elecciones, necesitará encontrar temas con los cuales recuperar fuerza ante su electorado. México, los cárteles, la migración y el fentanilo constituyen asuntos particularmente rentables dentro de su narrativa política.

Después vendrá la hora de conocer si la reciente amabilidad de Washington constituye simplemente el resultado de acuerdos cumplidos por México o forma parte de una negociación política mucho más amplia.

Y cuando Washington repentinamente afloja la cuerda en aviación, ganado y comercio, la pregunta no es solamente, ¿qué consiguió México, sino a cambio de qué?

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