Desde San Lázaro

Zoé Robledo, una losa muy pesada para la 4T

Robledo enfrenta uno de los momentos más complicados de su larga gestión al frente del Instituto: protestas de trabajadores, saturación hospitalaria, problemas de abasto y una creciente presión por los casos de recién nacidos fallecidos en hospitales de Jalisco y Durango.

Ocho años en el cargo y el IMSS va en picada y con ello el sector salud, y si la presidenta no toma decisiones de envergadura en ese instituto, el estigma de la crisis lo cargará ella para siempre.

La ausencia de Zoé Robledo en la reciente gira presidencial por Ciudad del Carmen, donde Claudia Sheinbaum apareció acompañada por integrantes de su equipo de salud, alimentó inmediatamente las versiones sobre el futuro del director general del IMSS.

La señal política resulta significativa, aunque por sí sola no permite concluir que su relevo esté decidido. Lo que sí puede documentarse es que Robledo enfrenta uno de los momentos más complicados de su larga gestión al frente del Instituto: protestas de trabajadores, saturación hospitalaria, problemas de abasto y una creciente presión por los casos de recién nacidos fallecidos en hospitales de Jalisco y Durango.

No se trata únicamente de la atención a los derechohabientes. Los propios trabajadores han salido a las calles para exigir mejores condiciones laborales, medicamentos e insumos suficientes y respuestas de las autoridades. Las protestas obligaron a Robledo a anunciar un proceso de diálogo “piso por piso” para conocer directamente las carencias de hospitales y unidades médicas.

¿Después de ocho años al frente del IMSS apenas se requiere recorrer los hospitales para conocer sus necesidades?

Esa pregunta resume buena parte del problema.

Más delicados todavía son los fallecimientos de recién nacidos registrados recientemente. En Durango, el IMSS investigó la muerte de cinco bebés después de detectarse Klebsiella pneumoniae; en Guadalajara, el propio Instituto reconoció que en seis bebés fallecidos una infección hospitalaria apareció entre las causas de muerte y ordenó una auditoría clínica independiente para determinar qué ocurrió y si existieron fallas evitables.

Estos casos no deben utilizarse para adelantar responsabilidades individuales que todavía están bajo investigación. Pero tampoco pueden minimizarse. Cuando ocurren acontecimientos de semejante gravedad en una institución pública, la responsabilidad administrativa y política de sus máximos dirigentes debe formar parte de la discusión.

El IMSS es demasiado importante para México como para administrar su crisis únicamente mediante comunicados, programas emergentes y anuncios coyunturales. Atiende a decenas de millones de personas y constituye una de las columnas vertebrales del Estado mexicano.

Claudia Sheinbaum ha anunciado nuevas estrategias, ampliación de infraestructura y medidas para mejorar el funcionamiento del sistema público de salud. Pero ninguna estrategia tendrá resultados suficientes si no existe una evaluación rigurosa de quienes llevan años conduciendo las instituciones responsables.

Ahí aparece inevitablemente Zoé Robledo.

Su permanencia ya no puede analizarse únicamente en términos de confianza política. Debe medirse mediante indicadores concretos: porcentaje real de recetas surtidas, tiempos de espera, disponibilidad de especialistas, funcionamiento de urgencias, inversión hospitalaria, condiciones laborales, mortalidad prevenible y satisfacción de los derechohabientes.

Además, Robledo tendrá que comparecer el próximo 6 de noviembre ante las Comisiones Unidas de Salud y Seguridad Social de la Cámara de Diputados, junto con David Kershenobich, Martí Batres y Alejandro Svarch. Será una oportunidad, si es que llega a esa fecha, para que explique con números, con datos duros, no solamente con discursos, qué está ocurriendo dentro del Seguro Social.

La presidenta enfrenta una decisión que tarde o temprano deberá tomar: mantener la continuidad administrativa o exigir responsabilidades cuando los resultados son insuficientes.

Porque los problemas del IMSS ya dejaron de ser exclusivamente problemas de Zoé Robledo.

También empiezan a convertirse en un problema político para Claudia Sheinbaum.

Y mientras en Palacio Nacional se anuncian nuevos programas para rescatar al sistema de salud, en los hospitales la evaluación ocurre todos los días frente a una ventanilla de farmacia, en una sala de urgencias o ante un paciente esperando atención.

Ahí no sirven las estadísticas triunfalistas. Ahí, un medicamento que falta, una cama que no existe o una atención que llega demasiado tarde puede marcar la diferencia entre recuperar la salud y una tragedia.

¿Cuánto tiempo más pueden esperar los derechohabientes del IMSS para recibir el servicio de salud que están pagando, los patrones también y que el Estado está obligado a garantizar?

Mañana miércoles, los trabajadores del IMSS retomarán las marchas de protesta en torno a las demandas laborales y la crisis por el desabasto de medicamentos e insumos. La protesta va en aumento y se extiende por todo el país.

Robledo es uno de esos funcionarios apadrinados por AMLO que goza de su total protección. ¿Hasta cuándo y hasta dónde alcanzará ese halo protector?

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