Desde San Lázaro

PT: entre AMLO y Sheinbaum

El destape de las primeras diez corcholatas de Morena para las gubernaturas de 2027 no solamente adelantó de facto buena parte de las candidaturas del oficialismo, sino que abrió una peligrosa grieta con uno de sus aliados históricos: el Partido del Trabajo.

El destape de las primeras diez corcholatas de Morena para las gubernaturas de 2027 —ahora disfrazadas bajo la rimbombante denominación de coordinadores estatales de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional— no solamente adelantó de facto buena parte de las candidaturas del oficialismo, sino que abrió una peligrosa grieta con uno de sus aliados históricos: el Partido del Trabajo. Faltan siete entidades por definir y ya comenzaron los reclamos, las amenazas de ruptura y, sobre todo, la posibilidad de que los damnificados de las decisiones morenistas encuentren cobijo precisamente en las siglas de quien durante años acompañó a Morena prácticamente sin condiciones.

Se habla de que Abelina López, en Guerrero; Raúl Morón, en Michoacán; Rafael Marín, en Quintana Roo; Geovanna Bañuelos, en Zacatecas; Montserrat Caballero, en Baja California, y Andrea Chávez, en Chihuahua (en su momento), serán candidatos a las gubernaturas por el PT, representando con ello, dos cosas, la división cupular y las pugnas encarnizadas en Morena.

El PT se cansó, al menos por ahora, de desempeñar el papel de acompañante menor. Su coordinador en la Cámara de Diputados, Reginaldo Sandoval, acusó a Morena de actuar con “soberbia” y abrió públicamente la puerta para que su partido postule a algunos de quienes perdieron las definiciones morenistas.

El caso de Zacatecas ilustra el problema. El PT rechazó acompañar la designación de Verónica Díaz y cuestionó que no se utilizaran encuestas espejo para contrastar los resultados. Geovanna Bañuelos, figura relevante del petismo zacatecano, quedó fuera de una definición que terminó favoreciendo a Díaz, personaje identificado con el grupo político de los Monreal. Allí quedó claro que el problema no es únicamente quién gana una encuesta, sino quién controla el procedimiento, quién conoce los números y quién toma finalmente la decisión.

Y allí está el verdadero peligro para Morena.

Un candidato opositor tradicional puede arrebatarle votos al oficialismo; un morenista resentido puede llevarse además estructura, operadores territoriales, liderazgos municipales y una parte del voto duro. Si el PT convierte sus siglas en refugio de los desplazados, podría transformar una inconformidad interna en competencia electoral. No necesariamente significaría una derrota de Morena en todos esos estados, pero sí podría fragmentar el bloque oficialista en algunas contiendas cerradas.

Detrás de esta disputa aparece inevitablemente otro elemento: la relación del PT con Andrés Manuel López Obrador. El partido de Alberto Anaya acompañó al tabasqueño mucho antes de que Morena se convirtiera en la fuerza dominante del país y considera esa trayectoria parte de su capital político.

¿Significa esto que Alberto Anaya actúa como pieza de López Obrador contra Claudia Sheinbaum? No existen hasta ahora elementos públicos suficientes para afirmarlo. Pero políticamente la pregunta resulta pertinente porque 2027 será también una prueba sobre dónde reside realmente el poder dentro del movimiento fundado por López Obrador: cuánto corresponde ya a la presidenta y cuánto conservan los grupos construidos durante el sexenio anterior.

Sheinbaum enfrenta además un problema estrictamente aritmético. El PT y el Verde no solamente sirven para ganar gubernaturas; sus legisladores son importantes cuando el Ejecutivo necesita construir mayorías calificadas. De hecho, las diferencias con ambos aliados ya introducen incertidumbre sobre iniciativas constitucionales impulsadas por la propia presidenta.

Por eso las elecciones de 2027 son mucho más que una disputa por 17 gubernaturas y la renovación de la Cámara de Diputados. Constituyen la primera gran prueba nacional del liderazgo político de Sheinbaum después de López Obrador. Allí se medirá su capacidad para mantener cohesionada a Morena, administrar las ambiciones de los gobernadores, disciplinar a quienes pierdan las candidaturas y conservar al PT y al Verde dentro de la coalición.

El PT lo sabe y por eso eleva el precio de su permanencia.

También sabe que nunca tendrá mejor momento para hacerlo. Morena necesita llegar unido a 2027, mientras los petistas poseen algo particularmente valioso en cualquier negociación política: candidatos potenciales, estructura territorial y la posibilidad de convertirse en el vehículo de los resentidos.

Falta conocer siete definiciones y, por tanto, todavía pueden aparecer nuevos damnificados que los recogerá en su seno el PT, veremos dijo un ciego, porque al final del día les darán las migajas y prebendas de costumbre, o tal vez un poco más y todos contentos.

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