Tan grande empieza a ser el temor que provoca en el oficialismo el crecimiento político de Grecia Quiroz y del Movimiento Independiente del Sombrero, que la batalla por la gubernatura de Michoacán dejó de librarse exclusivamente en las calles y comenzó a trasladarse a los congresos, los tribunales y hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
La viuda del asesinado alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, se convirtió en pocos meses en una de las figuras políticas más competitivas de Michoacán. Lo que nació como un movimiento regional de ciudadanos inconformes con los partidos tradicionales, amenaza con convertirse en una fuerza capaz de disputarle seriamente a Morena una de las entidades donde el oficialismo suponía que tendría relativamente asegurada la continuidad en 2027.
El Congreso de Michoacán aprobó en mayo una reforma al Código Electoral que establece severas restricciones para las candidaturas independientes. La Suprema Corte acaba de validar buena parte de esos candados: quienes compitan sin partido no podrán realizar campañas conjuntas, compartir propaganda, imagen, emblemas, plataformas o eventos porque, según el criterio de los ministros, ello podría configurar una especie de coalición de facto al margen de las reglas aplicables a los partidos.
La Corte mantuvo restricciones que golpean directamente el modelo político mediante el cual Carlos Manzo construyó el Movimiento del Sombrero en Uruapan y que ahora pretende extenderse por todo Michoacán.
Resulta demasiada coincidencia que, justamente cuando un movimiento independiente comienza a crecer, aparezcan nuevas reglas para impedir que sus candidatos compartan identidad, símbolos y estrategia política.
La Suprema Corte argumenta razones jurídicas y de fiscalización. El oficialismo seguramente insistirá en que las modificaciones electorales no tienen destinatario. Pero en política existen casualidades que terminan pareciendo causalidades, particularmente cuando el beneficiario de los obstáculos colocados a una fuerza emergente resulta ser el partido gobernante.
Grecia Quiroz ya anunció que buscará la gubernatura por la vía independiente y sostiene que las restricciones fueron diseñadas porque el oficialismo teme que en 2027 se repita a escala estatal el fenómeno que llevó a Carlos Manzo al poder municipal de Uruapan.
Y las encuestas explican buena parte del nerviosismo.
Una medición publicada en junio colocó a Grecia Quiroz con 28 por ciento de las preferencias, frente a 23 por ciento de Raúl Morón y 22 por ciento de Alfonso Martínez. Una encuesta de El Financiero mostró una competencia cerrada y, además, un dato todavía más preocupante para Morena: apenas 32 por ciento aprobaba la administración del gobernador Alfredo Ramírez Bedolla, mientras 60 por ciento la desaprobaba.
Más delicados son los resultados sobre los principales problemas del estado. En aquella medición, 76 por ciento evaluó negativamente la seguridad pública, 79 por ciento el combate al crimen organizado y 67 por ciento el desempeño frente a la corrupción.
Allí está el verdadero combustible político del Movimiento del Sombrero.
Grecia Quiroz no está creciendo solamente por ser la viuda de Carlos Manzo. Sería un error del oficialismo reducir el fenómeno a la explotación política de una tragedia. Está creciendo porque representa, para una parte del electorado michoacano, una alternativa frente al agotamiento de los partidos tradicionales y, particularmente, frente al deterioro de un gobierno estatal que no ha logrado resolver el problema fundamental de Michoacán: la violencia.
El asesinato de Carlos Manzo convirtió además al Sombrero en algo mucho más poderoso que un logotipo electoral. Lo transformó en un símbolo.
En una causa común, incluso puede ser a nivel nacional, el reclamo de la seguridad pública y la justicia que le dan al reclamo social una identidad colectiva.
Cada obstáculo colocado al Movimiento del Sombrero puede terminar fortaleciendo la narrativa que más conviene a Grecia Quiroz: la de una ciudadana enfrentándose sola al aparato político, y esa lucha la puede encumbrar incluso no solo a la gubernatura, sino hasta la presidencia de la República.
El oficialismo la está convirtiendo en mártir. Tan solo hay que ver cómo la Fiscalía de Michoacán abrió una línea de investigación para determinar la posible relación de Quiroz con Samuel García Rivero, exfuncionario municipal procesado dentro de las investigaciones por el asesinato de Carlos Manzo.
Primero fueron los candados electorales; luego la batalla ante la Suprema Corte, y ahora aparece una investigación que pretende alcanzar a la propia viuda de Manzo.
La gran paradoja es que el oficialismo está fabricando precisamente aquello que quiere evitar.
Mientras más presionen al Movimiento del Sombrero, mayor será la posibilidad de convertir a Grecia Quiroz en una figura antisistema con proyección nacional.
Y si llegara a ganar Michoacán por encima de Morena y de los partidos tradicionales, el fenómeno político adquiriría otra dimensión.