Desde San Lázaro

La oportunidad perdida de Clara Brugada

Brugada tenía la posibilidad de proyectar una ciudad de vanguardia; eligió una ciudad decorada.

La Ciudad de México tuvo frente a sí una oportunidad irrepetible. El Mundial de Futbol representaba la posibilidad de mostrar al planeta una metrópoli moderna, eficiente, segura y capaz de competir con las grandes capitales globales.

Sin embargo, la administración de Clara Brugada decidió apostar por la cosmética urbana antes que por las soluciones de fondo que demandan millones de capitalinos.

Los recursos destinados a la preparación de la ciudad para la justa mundialista superaron los 20 mil millones de pesos. Era dinero suficiente para impulsar proyectos estratégicos que dejaran un legado duradero en materia de movilidad, seguridad pública, infraestructura hidráulica y transporte público.

Pero la prioridad terminó siendo otra: una ciudad pintada de colores, primero morado y luego amarillo, acompañada de una sobredosis de figuras de ajolotes convertidas en símbolo oficial de una estrategia de imagen que poco o nada resolvió los problemas estructurales de la capital.

La llamada “ajoloteada” de la Ciudad de México quedará como uno de los sellos más visibles de esta administración. Se intervinieron espacios públicos, se colocaron elementos decorativos, se promovieron campañas visuales y se realizaron obras de relumbrón destinadas más a la fotografía que a la funcionalidad. Entre ellas destaca el puente peatonal sobre Calzada de Tlalpan y una ciclovía cuya utilidad práctica sigue siendo motivo de debate entre especialistas y usuarios.

Mientras tanto, el Sistema de Transporte Colectivo Metro continúa acumulando rezagos. Las líneas más antiguas requieren mantenimiento mayor, modernización de instalaciones eléctricas y sustitución de equipos obsoletos. Los usuarios enfrentan diariamente retrasos, saturación y riesgos operativos que han sido documentados en múltiples ocasiones. Ahí debieron concentrarse buena parte de los esfuerzos presupuestales.

Tampoco se observan avances significativos en la modernización del drenaje profundo, una infraestructura crítica para una ciudad que cada temporada de lluvias enfrenta inundaciones cada vez más severas.

La coordinación metropolitana con el Estado de México e Hidalgo sigue siendo insuficiente, pese a que millones de personas cruzan diariamente los límites territoriales de la capital para trabajar, estudiar o realizar actividades económicas.

A ello se suma el deterioro de la percepción de seguridad. Los delitos patrimoniales continúan afectando amplias zonas de la ciudad, mientras que la presencia de grupos dedicados al narcomenudeo, extorsión, el robo y diversas actividades ilícitas mantiene preocupados a comerciantes y vecinos. Sin embargo, estos asuntos quedaron relegados frente a una estrategia gubernamental enfocada en la construcción de una narrativa visual.

El problema para Morena es que los costos políticos comienzan a acumularse. La gestión de Clara Brugada amenaza con convertirse en un lastre electoral para el oficialismo de cara a las elecciones intermedias de 2027. Lo que durante décadas fue considerado el principal bastión de la izquierda mexicana empieza a mostrar signos de desgaste político.

La permisividad mostrada frente a movilizaciones que paralizan a la ciudad durante semanas tampoco ayuda. Los bloqueos de la CNTE provocan pérdidas millonarias para comercios, restaurantes, hoteles y pequeños negocios. Miles de trabajadores vieron afectada su movilidad y productividad mientras el gobierno capitalino evitó ejercer plenamente sus facultades para garantizar la libre circulación.

Algo similar ocurrió con las acciones protagonizadas por grupos radicales conocidos como “Bloque negro” y por colectivos que en distintos momentos recurrieron a actos de vandalismo y confrontación. La ausencia de una respuesta firme generó la percepción de que las autoridades privilegiaron consideraciones ideológicas sobre la aplicación imparcial de la ley.

La consecuencia es evidente: amplios sectores de clase media, comerciantes, empresarios, profesionistas y jóvenes comienzan a replantear sus preferencias electorales. En varias alcaldías la competencia política luce mucho más cerrada de lo que Morena estaba acostumbrado a enfrentar.

No resulta exagerado afirmar que la oposición observa una ventana de oportunidad real para 2027. Si PAN, Movimiento Ciudadano y otras fuerzas políticas logran construir candidaturas competitivas y una narrativa común enfocada en seguridad, movilidad y calidad de vida, podrían obtener triunfos importantes en varias de las 16 alcaldías.

Más allá de los colores partidistas, lo preocupante es que la Ciudad de México desperdició una vitrina mundial para resolver problemas históricos y consolidar una visión de largo plazo. El Mundial pudo ser el detonante de una transformación urbana profunda. En cambio, terminó convertido en una costosa operación de imagen.

Brugada tenía la posibilidad de proyectar una ciudad de vanguardia; eligió una ciudad decorada. Tenía la oportunidad de dejar infraestructura estratégica; prefirió obras de impacto mediático. Tenía en sus manos fortalecer el liderazgo político de Morena rumbo a 2027; corre el riesgo de entregar una capital desencantada y electoralmente competida.

La factura política comenzará a cobrarse muy pronto. Y cuando lleguen las urnas, los electores probablemente valorarán más el estado del Metro, la seguridad de sus colonias y la movilidad cotidiana que cualquier ajolote pintado en las paredes de la ciudad.

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