Desde San Lázaro

Turistas en el infierno

El Mundial representa una oportunidad  para mostrar la mejor cara de México. El país cuenta con talento humano, capacidad organizativa.

Miles de turistas han comenzado a llegar a México con motivo de la Copa Mundial de Futbol. En las próximas semanas arribarán aficionados de todos los continentes, periodistas, directivos, patrocinadores y selecciones nacionales que tendrán a nuestro país como escaparate ante el mundo.

La pregunta es inevitable: ¿qué México encontrarán?

Porque detrás de la fiesta futbolística existe una realidad que las campañas publicitarias gubernamentales no pueden ocultar. Los visitantes extranjeros llegarán a una capital del país y otras ciudades llenas de contrastes, donde conviven la riqueza histórica, cultural y gastronómica con problemas de inseguridad, desorden urbano, bloqueos permanentes, comercio irregular y una creciente sensación de que la autoridad ha cedido espacios fundamentales de gobernabilidad.

El Centro Histórico, Paseo de la Reforma, Insurgentes y otras vialidades estratégicas de la CDMX se han convertido en escenarios recurrentes de manifestaciones, plantones y movilizaciones que paralizan la actividad económica y afectan la movilidad de millones de personas. Lo preocupante es que muchas veces la autoridad parece resignada a observar desde la barrera mientras grupos de presión hacen y deshacen a su antojo.

La ley se aplica con rigor para unos y con indulgencia para otros.

La imagen que proyecta la capital del país es, por momentos, surrealista. Mientras las autoridades promocionan la modernidad de la ciudad ante el mundo, los visitantes encuentran calles cerradas, campamentos improvisados, congestionamientos monumentales y una permanente incertidumbre sobre qué vialidad permanecerá abierta al día siguiente.

Ni siquiera las delegaciones deportivas han escapado a los problemas organizativos.

Recientemente trascendió que la selección de Japón tuvo que modificar parte de su logística de entrenamiento debido a las condiciones deplorables en que se encuentran las instalaciones de UANL. Situaciones como esa, que en cualquier otra circunstancia pasarían desapercibidas, adquieren una dimensión distinta cuando el mundo entero tiene puesta la mirada sobre México.

Los turistas internacionales también llegan informados. Muchos siguen las noticias sobre México antes de abordar un avión. Leen reportajes, observan debates políticos y conocen los señalamientos que han surgido en distintos espacios sobre la relación entre el crimen organizado y algunos actores políticos.

Al mismo tiempo observan la creciente tensión diplomática entre México y Estados Unidos, así como los constantes intercambios de declaraciones que han marcado la agenda bilateral en los últimos días.

Por si fuera poco, las autoridades también deben prepararse para otro desafío que parece inevitable: las protestas sociales.

Diversos grupos inconformes han convertido la movilización callejera en su principal instrumento de presión política y de chantaje como la CNTE. El Mundial representa para ellos una oportunidad inmejorable para amplificar sus demandas ante los medios nacionales e internacionales.

Cría cuervos y te sacarán los ojos, apunta el dicho popular y ello se ajusta perfectamente a que AMLO ha sido el principal promotor de que la CNTE continúe con vida, luego de que en el sexenio de Peña Nieto esta ala de la disidencia magisterial quedara reducida a su mínima expresión.

Ahora, tendrán que llenarles alforjas de dinero, prebendas y posiciones políticas y laborales para quitárselos, por el momento, de encima.

El Mundial representa una oportunidad para mostrar la mejor cara de México. El país cuenta con talento humano, capacidad organizativa y una riqueza cultural que pocos países en el orbe pueden igualar.

La verdadera prueba para las autoridades no será la ceremonia inaugural ni el resultado de los partidos. El desafío consiste en demostrar que el Estado sigue siendo capaz de garantizar el orden, hacer cumplir la ley y ofrecer condiciones mínimas de certidumbre a ciudadanos y visitantes.

Porque los turistas no sólo observarán estadios llenos y espectáculos deportivos.

También sopesan y viven la experiencia de cuál es el México real.

Y si algo enseña la historia de los grandes eventos internacionales es que los reflectores no sólo iluminan las fortalezas de una nación. También exhiben sus debilidades.

México tiene ante sí una oportunidad extraordinaria para proyectar una imagen de modernidad y liderazgo. Pero para lograrlo necesita algo más que ceremonias, campañas promocionales y discursos optimistas.

Necesita gobernabilidad.

Porque ningún visitante viaja miles de kilómetros para conocer el infierno. Y ningún país puede darse el lujo de mostrarse cuando el mundo entero lo está observando.

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