Desde San Lázaro

Oposición ignorada y derrotada

Lo más grave es que el totalitarismo no acepta la menor crítica o denuncias debidamente soportadas con documentos y datos duros.

Cada vez que se presenta la oportunidad a Claudia Sheinbaum de golpear al PRIAN y a sus dirigentes, lo hace sin resquemor alguno; ello no sería relevante si no fuera porque es la presidenta de todos los mexicanos y no solo de sus simpatizantes y correligionarios.

Al más fiel estilo de AMLO, se acrecientan las agresiones permanentes a todos los detractores, sin respetar a voces disidentes que tal vez tengan razón en sus reclamos, como las madres buscadoras, los padres de niños con cáncer o los habitantes de Culiacán; eso no importa, y lo más grave es que el totalitarismo no acepta la menor crítica o denuncias debidamente soportadas con documentos y datos duros.

Los señalamientos sobre corrupción de mandos de la Marina en torno al huachicoleo llevan varios meses en los principales escritorios del gabinete de seguridad y, por supuesto, de AMLO, y no obstante las denuncias, incluso en medios de comunicación, no se hizo absolutamente nada, hasta ahora.

No obstante los grandes esfuerzos que hace el oficialismo para callar las voces de los críticos del sistema, por fortuna sobreviven varios, aun con la presión del aparato gubernamental para callar sus voces.

Ahora, los contrapesos al poder absoluto ya no están en áreas específicas del gobierno, sino en algunos sectores de la sociedad civil, los medios de comunicación, los mercados y la comunidad internacional, en especial el gobierno de los Estados Unidos, y ello es debido a las amenazas que representan los narcos mexicanos coludidos con autoridades a su seguridad interior.

Toda crítica al gobierno es barrida de inmediato con descalificaciones e insultos emitidos no solo desde Palacio Nacional, sino de todos los frentes que tiene el oficialismo, como el Poder Legislativo y, en unas semanas más, también desde el Poder Judicial.

Los coletazos del régimen autoritario son mayores para evitar que los enanos del tapanco crezcan en sus aspiraciones político-electorales en las elecciones intermedias del 2027.

En unas semanas conoceremos los primeros esbozos de la reforma electoral que dinamitará los puentes por donde pasaron el PRD y Morena para acceder al poder y con ello impedir que la oposición tenga posibilidades de triunfos significativos en los próximos comicios.

La agenda legislativa de la 4T con sus momentáneos aliados del PVEM y PT es impulsar con todo el Paquete Económico del próximo año que les permita seguir fondeando los programas de asistencia social y cumplir con los compromisos de la deuda, transferencias a los estados, gasto corriente, salvamento de Pemex y mantener a los elefantes blancos que medio construyó López Obrador.

De igual manera, la reforma electoral es otra de las grandes prioridades del obradorato para apretar aún más a los opositores hasta el grado de desaparecerlos.

El PAN enfrenta uno de sus retos más relevantes de su historia, luego de la apabullante derrota padecida en las elecciones del año pasado y ahora, su dirigencia está estigmatizada con razón o sin ella de pertenecer a un cártel inmobiliario; por ello, reman más a contracorriente.

Todos los intentos que está haciendo Jorge Romero, dirigente nacional del PAN, para despertar al partido del letargo se diluyen entre sus propias limitaciones y de los principales cuadros políticos de los azules, quienes se hunden entre la mediocridad y la pasividad.

Salvo algunas honrosas excepciones, los panistas carecen del poder de convocatoria para llenar las plazas públicas del país y menos de aglutinar a los ciudadanos inconformes y molestos con la actual administración.

Son políticos de salón; rara vez se ensucian los zapatos para recorrer las poblaciones y ciudades del territorio nacional.

Mientras que el oficialismo lleva a cabo una labor integral de proselitismo que incluye el barrido de casa por casa, brindando todo tipo de apoyos económicos, Acción Nacional se refugia en la comodidad de participar en algunos debates y de criticar al gobierno desde las tribunas legislativas.

Con ello no les alcanza para quitarle la mayoría a Morena en el Congreso y menos recobrar la presidencia en el 2030.

Algunos optimistas cifran sus esperanzas en que la Marea Rosa alcance el registro como partido político el próximo año y con ello abrir el abanico de opciones de la oposición para enfrentarse al todopoderoso gobierno.

Da vergüenza ajena decirlo, pero la oposición está derrotada ahora y en los próximos años y, salvo que ocurra un milagro o que se dé una cadena de errores graves desde la Presidencia de la República para que los ciudadanos despierten de la borrachera que los invitó con engaños y dádivas López Obrador, están condenados al ostracismo.

Llama la atención que los grupos parlamentarios del PAN, PRI y MC en la Cámara de Senadores, ilusamente, llaman al diálogo al gobierno federal y al partido oficial para alcanzar acuerdos en el Poder Legislativo que permitan sacar reformas por consenso y no solo por mayoría; no han caído en cuenta que nadie los necesita.

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