Las mayorías, esas que le dieron un triunfo contundente a Claudia Sheinbaum, y aquellos que son parte del gobierno de la 4T, se regodean con la victoria y con una soberbia desbordada, afirman que el rumbo que tomó el país a partir de que AMLO ganara la Presidencia en 2018, ha sido el acertado y que van por más y además desprecian a esos 16.5 millones de simpatizantes que votaron por Xóchitl Gálvez.
Habría que ponderar si realmente la mayoría de los mexicanos apoyaron al oficialismo, toda vez que más de 40 millones de personas no acudieron a votar y 16 millones más, rechazaron el continuismo.
Entonces, debemos reflexionar sobre el impacto que tiene esa supuesta mayoría en apoyar el rumbo que ha tomado México, y qué tanto es el adecuado o si de plano será un fracaso.
El resultado electoral da para múltiples lecturas, entre ellas la operación política-electoral que desplegó el gobierno federal con sus gobernadores, en todo el territorio nacional con una ingeniería detallada, con vastos recursos económicos y los programas sociales, que les permitieron cooptar a la mayoría de los liderazgos regionales asentados en el territorio nacional.
Esos millones de beneficiarios de los programas sociales con sus familias demostraron que están contentos y agradecidos con el actual régimen y que, de ninguna manera, permitirán que vuelva a gobernar un presidente de extracción panista y menos priista, ello, sin importar qué tan eficiente o no sea el presidente López Obrador en la tarea de gobernar, si lo que importa son las dádivas que reciben.
A esos 36 millones de mexicanos que votaron por la doctora no les interesa, por ejemplo, si la reforma al Poder Judicial es perjudicial para darle certidumbre a las inversiones que crean empleos y generan impuestos, y menos le importa que el país se siga endeudando, o la crisis en el sector salud, educativo, hídrico, energético, ambiental, etcétera, si lo relevante es que el gobierno los refaccione con dinero en efectivo.
Cuando se le preguntó al escritor ruso Antón Chéjov sobre la naturaleza de las sociedades fallidas, respondió que en las sociedades fallidas hay mil tontos por cada mente exitosa y mil palabras torpes por cada palabra consciente. La mayoría siempre sigue siendo tonta y constantemente domina a lo racional. Si ves temas triviales al frente de las discusiones en una sociedad y personas triviales ocupan un lugar central, entonces estás hablando de una sociedad muy fallida. Por ejemplo, millones de personas bailan y repiten canciones y palabras sin sentido, y la persona que escribió la canción se vuelve famosa, conocida y amada. Incluso las personas tienen su propia opinión sobre cuestiones de la sociedad y la vida. En cuanto a escritores y autores, nadie los conoce y nadie les da valor ni peso. A la mayoría de la gente le gusta la mezquindad y el entumecimiento. Alguien que nos droga para hacernos perder la cabeza, y alguien que nos hace reír con tonterías, es mejor que alguien que nos despierta a la realidad y nos lastima diciendo la verdad. Por tanto, la democracia no es adecuada para sociedades ignorantes, porque la mayoría es la que decide su destino.
En los próximos años y con el camino que elija la primera mujer presidenta de México, veremos qué tanto acertaron esas mayorías para elegir a sus gobernantes, pero, por lo pronto, en cuanto se refiere a la administración de López Obrador, diremos, por los indicadores macroeconómicos, en seguridad pública y otras tantas herramientas de medición, se equivocaron.
Desde luego, debe darse un apoyo irrestricto y un voto de confianza a la presidenta virtual y a partir de que ella ostente el cargo constitucional, el próximo 1 de octubre, entonces juzgarla por sus hechos y decisiones, mientras tanto, Andrés Manuel López Obrador es el jefe del Ejecutivo federal y así será hasta el 30 de septiembre.
En ese sentido, es inexplicable la presión que el tabasqueño le mete a los mercados, al peso y a las tasas de interés, con declaraciones insensibles que solo minan el terreno por el que transitará en unos meses Claudia Sheinbaum.
Está visto que la mesura no es un atributo de AMLO y menos librar de escollos a su sucesora, quien ya tiene un escenario adverso que no existía hace tan solo unos días.