Marcelo Ebrard está fuera de Morena, si bien no de manera formal, sí de manera tácita, así que la duda es en qué momento formalizará su renuncia al partido político que lo cobijó.
La más reciente acusación del excanciller en el sentido de que los resultados de las encuestas que avalaron como ganadora a Claudia Sheinbaum como abanderada del oficialismo a la presidencia de la República, ya se conocían desde antes del conteo de los votos, y la belicosa respuesta de Mario Delgado, fueron una declaración de guerra que huele a defenestración.
El día que MEC decidió no levantarle la mano a Sheinbaum como ganadora, marcó su destino, el cual no estaba al lado del presidente ni de su sucesora y menos de Morena; si acaso podría estar bajo el cobijo de Movimiento Ciudadano, de Dante Delgado, y párele de contar.
Está equivocado Ebrard cuando señala que desde antes del conteo ya se sabía el resultado, ya que desde que AMLO se sentó en la silla presidencial, tenía dibujado perfectamente quién sería su sucesora y en qué términos lo haría, es decir, desde 2018 ya era un hecho que Claudia iba a ser quien recibiera el bastón de mando, como acaba de ocurrir.
La verdad, a Marcelo lo chamaqueó el presidente al envolverlo con el cuento de las encuestas, ya que no tenía ninguna posibilidad de ganar y no porque los números no le dieran, sino porque los dados estaban cargados.
Tanto sus colaboradores, como comunicadores y muchos amigos del extitular de la SRE, le restregaron en la cara que las encuestas eran una farsa, pero este se empecinó en creer en la palabra de su ‘carnal’ y compañero de lucha, y se aventó al precipicio sin paracaídas y sin contar con un plan B.
Otro más avezado no se hubiera prestado a participar en la simulación, y en este momento seguiría en el gabinete de AMLO y con proyecto político a futuro dentro del actual régimen.
Su plan B debería haber sido tener todo planchado con Dante Delgado y los gobernadores emecistas de Jalisco y Nuevo León, Enrique Alfaro, y Samuel García, además de otros liderazgos del partido naranja en el Congreso federal y otros personajes de renombre como Luis Donaldo Colosio Riojas, pero no lo hizo porque consideró que no le hacía falta, ahora, quizás es demasiado tarde, hoy MEC teje fino con MC para buscar estar en la boleta presidencial.
Cuando uno acepta las reglas del juego para participar en determinada contienda, de entrada sabe que existe la posibilidad de perder y si este fuera el caso, debería aceptar el resultado. Ebrard no lo hizo, a pesar de que se le advirtió que no tenía posibilidades de ganar porque ya estaba definido quién sería la vencedora.
Esa misma noche que se dieron a conocer los resultados del conteo de votos, Marcelo debió haberle levantado la mano a Claudia Sheinbaum, tal como lo hicieron los otros suspirantes de Morena, aunque dos de mala gana, como Adán Augusto López y Ricardo Monreal; sin embargo, optó por no acudir y descalificar los resultados y con esta actitud selló su destino y solo es cuestión de tiempo para que formalice su retirada de Morena y su rompimiento con el presidente López Obrador.
Qué tanto costará esta ruptura a Morena y al proyecto de instauración del obradorato, no lo sabemos; lo que sí es un hecho es que será una roca en el zapato de la exjefa del Gobierno capitalino y en una de esas, incluso, será su adversario político en la boleta presidencial.
Subestimar la salida de Ebrard del oficialismo es un error mayúsculo, porque en momentos en que se requiere sumar al mayor número de fuerzas para ganar la elección presidencial y la mayoría en el Congreso, se prefiere maltratarlo con belicosas declaraciones de Mario Delgado y exigirle que “tiene que probar sus dichos y responsabilizarse de sus actos”.
No había ninguna necesidad de este tipo de respuestas al ‘carnal’ y menos de hacer escarnio al chamaquearlo.
Con ello se acelera el rompimiento y vaya a saber cuántos legisladores morenistas, verdes y del PT se alinean con el excanciller y otros liderazgos regionales en el territorio nacional.
Cuando se apreciaba que la elección presidencial iba a ser un día de campo para Morena y su candidata, irrumpe Xóchitl Gálvez y ahora hay que esperar que Marcelo se levante de la lona para dar la pelea.
El aparato propagandístico del régimen, reitera que Xóchitl Gálvez se ha desplomado, y que Ebrard es un “cadáver político”, cuando la realidad es muy diferente.