De acuerdo con el registro de homicidios dolosos de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana del 1 de diciembre de 2018 al 19 de junio de 2023, las fiscalías estatales y federal han registrado 158 mil 346 casos.
Al comparar el número de muertes en el mismo periodo con otros sexenios, la actual administración encabeza el registro de dicho delito con 53 mil muertes más que con Enrique Peña Nieto y casi el doble de lo que ocurrió con Felipe Calderón, que fue del orden de 83 mil 70 asesinatos, mientras que en el gobierno de Vicente Fox se registraron 45 mil 718.
Todo sin considerar la llamada cifra negra o real, con la que el gobierno de AMLO podría alcanzar el doble de homicidios de los que registran las cifras oficiales.
Lo más grave del asunto ya no es si al final del sexenio resultará el más sangriento de todos, lo que desde ahora es una realidad, sino que el incremento de este tipo de delitos seguirá al alza, incluso más allá de 2024, con lo que se demuestra el fracaso del actual gobierno para combatir este flagelo.
La política de ‘abrazos, no balazos’, no solo ha repercutido en el incremento de los homicidios dolosos, sino que ha empoderado al crimen organizado en vastas regiones del territorio nacional.
El jefe del Ejecutivo federal presume que es el único mandatario que realiza reuniones de trabajo diariamente sobre el tema de seguridad pública, pero sin resultados, porque está peor que en la pasada administración.
La seguridad nacional es el principal problema que aqueja a los mexicanos. De acuerdo con la casa encuestadora México Elige, este rubro está por encima de la corrupción, la violencia, el narcotráfico o los bajos salarios.
Al cuestionar a los encuestados sobre cuál crisis les preocupa más, el 58.7 por ciento afirma que el tema de la seguridad, por encima de la crisis económica u otras crisis como la de desabasto de medicamentos.
Este México real contrasta notablemente con el discurso presidencial e incluso con las cifras oficiales.
Los excesos de mortandad han ido en incremento desde 2020 con la pandemia de Covid-19. De acuerdo con estimaciones del INEGI, de enero de 2020 a junio de 2022 se esperaban defunciones del orden de 1 millón 855 mil 54; sin embargo, ocurrieron 2 millones 626 mil 260 muertes en el país.
A estas cifras se debe el título de esta columna y no solo por las elucubraciones de este reportero, sino por los datos de la base de información para el análisis del exceso de mortalidad en México 2020-2022.
El país apesta a muerte, a violencia y polarización social, que es alentada a diario desde Palacio Nacional y pese a estas cifras negras de los homicidios dolosos y las derivadas de una mala gestión del gobierno durante la pandemia por Covid-19, el gobierno de la 4T no corrige el rumbo en temas como la seguridad pública o incluso en la crisis que se vive en el sector salud provocada por el desabasto de medicamentos, insumos e incluso de vacunas; al contrario, AMLO las aviva con el hecho de cerrar la llave del presupuesto para remediar estos males.
Veamos un ejemplo de lo anterior: en momentos en que todavía el Covid-19 y todas sus variantes contagian a la población, en especial a los niños y ancianos, se aplica la vacuna cubana Abdalá, que carece del reconocimiento de la Organización Mundial de la Salud, lo que implica que el antígeno podría presentar algunas secuelas en la población que lo reciba.
De hecho, varias de las vacunas que fueron aprobadas por la OMS para combatir el virus de procedencia china, aunque en menor escala desencadenaron secuelas, ¿qué se puede esperar de la vacuna cubana? Esta es una de las razones por la que muchos ciudadanos no se la han aplicado.
Mientras que en otros países ya van en el tercer refuerzo y la vacuna bivalente para prevenir el contagio, en México estamos con la vacuna Abdalá.
Los feminicidios y los asesinatos de periodistas son otro estigma que se llevará el presidente López Obrador al finalizar su sexenio; de acuerdo con la organización no gubernamental Artículo 19, entre el 1 de diciembre de 2018 y el 15 de julio de 2023, han sido asesinados en el país al menos 41 periodistas; en el caso de las agresiones contra el gremio por parte del crimen organizado, desde el poder u otros frentes, las cifras se desbordan, pero bueno, qué se puede esperar si el mismo presidente de México los agrede sistemáticamente.
Triste, pero la realidad es contundente, en todo el país se respira un tufillo, más bien una pestilencia a cadáveres en descomposición y mientras tanto escuchamos en Palacio que el pueblo está feliz, feliz.