Desde San Lázaro

¿Sheinbaum podrá sin cargo y sin presupuesto?

Claudia Sheinbaum, quien decía que no iba a renunciar porque había sido elegida como jefa de Gobierno de la CDMX, tendrá que dejar su cargo para estar en el juego sucesorio.

Ahora que Marcelo Ebrard marcó el paso con su renuncia a las otras corcholatas, veremos si aquellos que se han hecho propaganda con recursos públicos y privados pueden sostener el ritmo de difusión, o más aún, si al carecer de los cargos públicos que ostentan que les dan los reflectores y el cash, continúan comprando espectaculares, bardas, eventos proselitistas, granjas de bots en redes sociales, publicidad soterrada en medios de comunicación y encuestas.

Las famosas encuestas que darán luz sobre el ungido de Morena, se aplicarán en agosto, lo que significa que esas corcholatas que han sido descobijadas con la dimisión del canciller, bajarán sus puntos porcentuales en las mismas y con ello, comprometerán sus posibilidades de ganar.

El presidente López Obrador cumplió su palabra de establecer piso parejo y para ello, dio luz verde para que aquellos que buscan la nominación de Morena y sus rémoras, renuncien a sus cargos públicos a la brevedad, además de comprometerlos a coadyuvar en la unidad, independientemente de quien sea destapado.

Así que Claudia Sheinbaum, aquella que decía que no iba a renunciar porque había sido elegida como jefa de Gobierno, tendrá que dejar su cargo y pelear por la nominación en igualdad de condiciones con Marcelo Ebrard, Adán Augusto López, Ricardo Monreal, Gerardo Fernández Noroña (PT) y hasta Manuel Velasco (PVEM).

Por cerca de siete meses, “el carnal” estuvo insistiendo en la renuncia de todos los que aspiran suceder a AMLO, así como la confrontación de propuestas bajo el formato que dan los debates y diseñar, entre todos los interesados, una única encuesta con una única pregunta.

El destape del “bueno” al más puro estilo priista, lo ha acogido AMLO y le da su toque distintivo al disfrazarlo con el gambito de las encuestas internas de Morena, para con ello, cubrirse ante un eventual reclamo o una ruptura que sería muy costosa para instaurar el obradorato.

Al participar como corcholatas, se comprometen a mantenerse en Morena y por supuesto, apoyar a quien resulte el elegido por el dedito del tabasqueño, perdón, por lo que indique el estudio demoscópico.

Si se están aceptando las condiciones que pidió Ebrard para participar, tiene que, en correspondencia, acatar el compromiso de evitar una escisión y menos buscar una postulación por otro partido político.

Bueno, eso si en verdad el piso será parejo, porque como se las gastan los radicales que se ubican en el círculo cercano y familiar del presidente, así como en los principales cuadros de dirección de Morena, es previsible que intenten hacer sus chanchullos para que Claudia Sheinbaum sea la elegida.

Para mantener el poder más allá de 2024, se debe evitar una costosa dimisión de morenistas que abandonen el partido para constituir otra fuerza política que a la postre extinga a Morena, tal como pasó cuando el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo rompieron con el PRI hace 34 años, para dar paso a la gestación del PRD.

Finalmente, todo este tipo de desencuentros se dan por la inconformidad que prevalece ante la imposibilidad de acceder a cargos de poder que otorgan el presidente de la República y su camarilla a quien consideren dignos de ellos.

En este caso, si el presidente López Obrador ha entregado su palabra para que todo el proceso de nominación del candidato de Morena y rémoras, se lleve a cabo en condiciones de imparcialidad para los que quieren participar y que al final del día, será una o varias encuestas que aplicará este partido para seleccionar a su candidato, pues no habrá pretexto para resquebrajar la unidad.

Volvamos al quid del asunto, con las renuncias de las corcholatas a sus cargos públicos, podrán mantener su presencia en el ánimo de la gente al carecer del recurso público del que disponen, de las influencias que da el cargo y de las mismas tribunas públicas y reflectores que acompañan a los funcionarios y representantes populares en el desempeño de sus funciones.

Claudia Sheinbaum debe dejar su cargo y ahora sí podrá llevar a cabo lo que permitan las leyes electorales a un ciudadano común y corriente en tiempos que no están autorizados para hacer campañas políticas.

Por instrucción presidencial, ningún gobernador podrá cargar los dados a favor de la todavía jefa de Gobierno de la CDMX o de cualquier otro suspirante, porque serán merecedores del castigo que provenga del látigo tabasqueño y menos pagar con recursos públicos o privados o, peor aún, de procedencia dudosa, por decirlo de forma elegante.

Así que la pasarela de aspirantes de Morena, PT y PVEM se torna interesante en su epílogo porque llevan meses placeándose.

En tanto, en la oposición conformada por el PAN, PRI y lo que queda del PRD, se vanaglorian de su derrota con “visos de victoria”, de la debacle que significó para los tres partidos el fracaso en el Estado de México y la victoria que alcanzó el PRI de Manolo Jiménez y Miguel Ángel Riquelme en Coahuila; y continúan rezagándose para nominar a un candidato, el que sea, que perderá en 2024.

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