Desde San Lázaro

La falacia como sustento del quehacer presidencial

El triunfalismo expresado por López Obrador en cuanto a la composición del Congreso para 2024 habla de un personaje que está en otro mundo y no asentado en la cruda realidad.

En qué se basa el presidente López Obrador para afirmar que por los resultados que se obtendrán en las elecciones de 2024, se recobrará en el Congreso la mayoría calificada de Morena y sus rémoras; todo apunta a que ocurrirá lo contrario, ya que se reducirá la presencia de los senadores y diputados federales del bloque oficialista, a una cantidad menor de las que tienen ahora.

El triunfalismo expresado por AMLO en cuanto a la nueva composición del Congreso para 2024, habla de un personaje que está en otro mundo y no asentado en la cruda realidad, esa que ha movilizado a cientos de miles de personas en el país, y allende nuestras fronteras, en su contra y cada vez hay más ciudadanos que se muestran decepcionados, por decirlo de forma elegante, por la actuación del tabasqueño.

En los cálculos del presidente sobre los resultados de los comicios del próximo año, está por supuesto, ganar la Presidencia y recobrar la mayoría calificada en ambas cámaras legislativas y ello, ya de suyo, pone en evidencia el temor real del tabasqueño, por si se diera la alternancia en el poder.

Ya sabemos que al presidente para entender lo que dice, hay que leerlo al revés, es decir, cuando afirma que tendremos un sistema de salud como Dinamarca, quiere decir que estamos con el peor sistema de salud de la historia contemporánea de México, con un desabasto de medicamentos a niveles criminales.

Si dice que el próximo año se alcanzará la autosuficiencia energética, es decir, ya no se importarán gasolinas; lo que realmente quiso decir es que se seguirá importando los combustibles, a pesar de que ya exista una nueva refinería, Dos Bocas, que no obstante haber sido inaugurada hace nueve meses, a la fecha no ha refinado nada.

Cuando afirma el presidente que su estrategia de ‘abrazos, no balazos’ ha tenido éxito, significa exactamente lo contrario, es decir, la criminalidad está desbordada y la presencia del narcoterrorismo es un hecho en el país, además que existen grandes extensiones del territorio nacional en manos de los malandros.

Que en su gobierno no se espía. Que es un demócrata por antonomasia. Que se retirará de la política cuando termine su gestión. Que habrá autosuficiencia alimentaria.

Si quiere saber, estimado lector, cuántas mentiras dice a diario el presidente, tan solo hay que ver la mañanera para darse cuenta que hay más falacias en el discurso político del presidente que en el compendio completo de Pinocho.

Tan solo en los primeros cuatro años de gobierno, AMLO ha dicho 100 mil mentiras en mil mañaneras, y ha expresado 86 mil respuestas que resultan falsas, engañosas o difíciles de comprobar, según Luis Estrada, del Centro de Análisis Spin.

En promedio AMLO dice 85 mentiras cada mañana, por lo que es mejor poner en tela de juicio todo lo que dice, en lugar de creerle.

La credibilidad del presidente está por los suelos. El mandatario afirma que en septiembre de 2024, ya con un Congreso a su modo y en el último mes de su administración, mandará una retahíla de reformas a la Constitución para asegurar que la dictadura obradorista siente sus raíces en México.

Así mandará una nueva iniciativa para que la Guardia Nacional regrese a la Sedena y otra en torno a la reforma electoral, y una más en relación a la estatización del sector eléctrico, por enumerar tan solo algunas de sus reformas que no fueron aprobadas por el bloque opositor en el Congreso o por la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Las mentiras más repetidas de AMLO giran en torno al nuevo aeropuerto Felipe Ángeles al considerarlo uno de los mejores del mundo.

Una más, que no se ha contratado más deuda pública, cuando en la realidad se ha incrementado al doble de lo que contrataron Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, juntos.

Ante el fracaso en el crecimiento económico durante este sexenio y que será negativo en promedio al término de 2024, el presidente optó por descalificar los datos que arrojó el PIB y mejor optó por establecer otro indicador que mida la felicidad, en lugar del desarrollo económico; y qué cree, estimado lector, también en este rubro el país ha caído varios lugares en el Reporte Mundial de Felicidad.

El discurso presidencial se construye sobre mentiras y así seguirá hasta el último día de su mandato, es decir, el 30 de septiembre de 2024.

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