El contagio de todas las ‘corcholatas’ del presidente y de otros miembros del gabinete como el titular de la SHCP, Rogelio Ramírez de la O, es una muestra de lo que ocurre con la irrupción de la quinta ola de contagios por Covid-19 en nuestro país.
Tanto Claudia Sheinbaum como Marcelo Ebrard estuvieron ‘guardados’ al contraer el virus; por fortuna ya están bien y han recobrado el ritmo de sus actividades laborales. No así el titular de la Segob, Adán Augusto López, quien continúa convaleciente en su hogar.
Ellos, que tienen la posibilidad y los recursos para cuidarse y atenderse, padecen los estragos de la enfermedad, aunque por las vacunas no fue grave el impacto. Cosa contraria sucede con el grueso de la población que, para muchos, ya quedaron sin efecto, en el mejor de los casos, las dos o tres dosis que recibieron del antígeno, en virtud de que el virus ha mutado a diferentes variantes que requieren necesariamente los refuerzos respectivos.
La vacuna de Moderna, que no se ha aplicado en nuestro país pero es una de las dos más eficientes en el mundo, requiere dos tomas y dos refuerzos, y aun con el cuadro completo no garantiza que proteja de por vida, ya que el virus no es el mismo, siempre muta y no se sabe si con efectos más dañinos o no.
A lo que queremos llegar es que los ‘científicos’ del sector salud, como Jorge Alcocer y Hugo López-Gatell, dan por hecho que la población vacunada no requiere ningún tipo de refuerzo, ya que no se ha mencionado nada de su adquisición o donación; y por el contrario, piensan que con la inmunidad de rebaño es suficiente para contener cualquier rebrote.
La cifra de contagiados de ayer ascendió a 32 mil 295, de acuerdo con datos oficiales, empero, conforme a las proyecciones matemáticas que se acercan más a la realidad, el número de infectados en un día es de por lo menos de 8 a 13 veces más. Aunque la mortandad es baja, dice el reporte técnico de la Secretaría de Salud, esto no significa que en cualquier momento se revierta esta tendencia.
Paralelamente, luego de que se retrasara criminalmente la vacunación a niños por más de un año, ahora se hace con una lentitud pasmosa debido a que no se cuenta en los centros de vacunación y con el producto suficiente para vacunar a los infantes programados.
La aplicación del ungüento de Vick, tal como lo recomendó la máxima autoridad de Salud, el secretario del ramo, solo sirvió para recrudecer los contagios en ese sector de la población, además de exacerbar la ira de los padres.
En resumen, sigue el desastre sanitario ante la pandemia, que a la fecha ha cobrado la vida de más de 600 mil mexicanos y, por lo que se vislumbra, tardará por lo menos lo que resta del sexenio para que se tenga el suficiente stock de vacunas para atender la demanda de toda la población.
Mientras que en otros países del orbe no solo ya se aplicó el cuadro completo de vacunación a sus pobladores, sino que están alentando el surgimiento de nuevos antígenos que permitan inhibir los efectos de las nuevas variantes del virus, en México se soslaya tanto el problema que las autoridades dan como asentado acostumbrarse a vivir con el bicho.
En el desglose de los presupuestos del 2020 y 2021 no se etiquetó ninguna cantidad para la compra de vacunas contra el Covid, y seguramente para los dos años que vienen tampoco lo harán, en virtud de que no quieren gastar en ello, ya que para el gobierno de AMLO existen otras prioridades como terminar las obras inconclusas inauguradas, así como el Tren Maya y fondear los programas de política social con tintes electorales.
La función primordial del Estado, entre otras, es proteger la vida y la salud de toda la población, pero está visto que este gobierno es omiso en el cumplimiento de los preceptos constitucionales que tienen que ver con los derechos fundamentales.
Decía el presidente López Obrador hace dos años, para ser preciso el 5 de junio de 2020, en una de esas peroratas sin sentido que acostumbra hacer, que “estar bien con nuestra conciencia. No mentir, no robar y no traicionar ayuda mucho para no tener coronavirus”.
Lo bueno es que sus ‘corcholatas’ y él mismo son impolutos, por eso son ajenos a la enfermedad.