Desde San Lázaro

Cisma en Morena por Monreal

Ricardo Monreal apesta para muchos de sus pares en la Cámara alta y no se diga entre los que se ubican en el círculo más cercano de colaboradores del presidente.

El ADN de Morena es similar al del PRI, cuando menos en mantener la cohesión entre sus militantes mientras que haya posiciones y cargos que repartir; sin embargo, en el momento que una de las fracciones, tribus, sectores o grupos se vean marginados de éstos, de inmediato avanzará la amenaza de la ruptura interna que, incluso, posibilita a la creación de nuevos partidos políticos.

Así pasó con el tricolor en 1987, con la ruptura de Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo para abrir otra franquicia con las siglas del PRD.

Lo demás ya es historia, el PRI vino a menos, el partido del sol alcanzó la cúspide en poco tiempo para gradualmente extinguirse en el espectro político nacional.

Las inconformidades que existen en el seno de Morena contra Mario Delgado, líder nacional, cada vez son mayores, particularmente en varios estados de la República y, por supuesto, a nivel nacional con liderazgos regionales como el de John Ackerman, por citar tan solo uno.

Esto es poca cosa ante lo que se está gestando con la exclusión del senador Ricardo Monreal en la competencia por abanderar la causa de Morena rumbo a la elección presidencial.

Si bien es cierto que Monreal ya fue invitado como una más de las corcholatas al evento de arranque ante los comicios del próximo año en Coahuila, la verdad es que fue convocado por el riesgo que representa su salida del partido, que por las auténticas posibilidades que tenga el zacatecano para ser el candidato presidencial de ese partido.

Hay que decirlo con todas sus letras, Ricardo Monreal está más afuera de Morena de lo que piensan muchos de sus correligionarios, y solo es cuestión de tiempo para que ocurra esa salida.

Con el paso de las semanas y con la consolidación de Adán Augusto López y Claudia Sheinbaum en el ánimo presidencial, se cristalizará la escisión al interior de Morena con el abandono del pastor de los senadores morenistas, porque no solo saldrá Monreal de ese partido, sino que lo seguirán cientos de militantes buscando nuevos horizontes en donde puedan acceder a posiciones de poder.

Este escenario ya lo vislumbra el presidente López Obrador y solo está tratando de retrasar la ruptura para que el daño sea menor.

Monreal seguirá siendo invitado con las demás corcholatas a eventos para que, cuando hagan las encuestas del caso, sea relegado a un cuarto lugar.

En estos momentos AMLO necesita más a Monreal cerca de él, que en una posición de lejanía.

Reza el dicho que a los enemigos hay que tenerlos cerca, y por esta razón el presidente no le cerrará la puerta al cuarto en donde están los precandidatos; sin embargo, en cuanto sean momentos de definiciones lo sacará por la puerta de atrás.

Ante este escenario, ¿qué le queda hacer a Monreal? Pues lo que está haciendo en estos momentos, ser una voz crítica al interior de Morena y de forma inteligente convertirse en un contrapeso legislativo ante los arrebatos del régimen totalitario.

El senador fue uno de los primeros en alertar sobre los actos anticipados de campaña con recursos públicos que han realizado la jefa del Gobierno capitalino y el secretario de Gobernación.

De igual manera, ha criticado la política de López Obrador en materia de seguridad pública, además de fustigar el talante represor del gobierno de la 4T.

Ricardo Monreal apesta para muchos de sus pares en la Cámara alta y no se diga entre los llamados duros, que se ubican en el círculo más cercano de colaboradores del presidente.

Es recíproco el desdén que recibe, porque él siente lo mismo contra muchos de los causantes del fuego amigo que recibe todos los días.

La crónica anunciada de un cisma en Morena se escribe todos los días y no tarda en estallar, tan solo es cuestión de elegir el mejor momento para que Monreal deje ese partido.

COLUMNAS ANTERIORES

Mafia entre aseguradoras, médicos y laboratorios
Tiempos de zozobra en el PRI, por culpa de ‘Alito’

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.