Ni fueron todos lo que tenían que estar y estuvieron presentes muchos que no debieron acudir a los foros del Parlamento abierto que organizó la Cámara de Diputados con la finalidad de escuchar todas las voces para aprobar, en su caso, una reforma eléctrica que, en términos generales, busca la estatización de este sector al dejar afuera de ella al capital privado, aunque éste brinde la oportunidad de abaratar el energético y de privilegiar las energías renovables.
Si hubiera voluntad política y tan solo se recogieran de estos foros las opiniones de los verdaderos expertos, seguramente el texto de la iniciativa presidencial sufriría cambio radicales. Pero no va a ser así y si le cambian algunas comas será ganancia, aunque de nada serviría para revertir el brutal daño que subyace en este conjunto de preceptos constitucionales y diversos ordenamientos que atenta contra tratados internacionales.
Dicen las fuentes oficiales que fue un éxito el Parlamento abierto en la materia y que con el material recabado se enriquecerá la iniciativa, pero insistimos -y el tiempo nos dará la razón- en que solo habrá unos párrafos de nueva creación, lo demás quedará al gusto del titular del Ejecutivo federal.
El periplo de la aprobación de la reforma eléctrica corre en varias pistas. Primero, en la arena Ejecutiva y Legislativa, para luego dar paso a la irrupción del Poder Judicial, al tiempo que las presiones de gobiernos y empresas extranjeras subirán de tono en la medida en que el proceso avance.
En la aprobación de la reforma veremos cómo el PRI se pliega a los designios del poder al votar a favor de ella, a cambio de que le dejen gobernar Hidalgo.
La desilusión que prevalece entre los opositores a la reforma eléctrica (algunos de ellos participaron en los foros) es de tal tamaño que, si solo se quedara en el campo de los anecdotario no pasaría nada, pero impactará en varios rubros estratégicos como son inversión, energía, medioambiente, relaciones internacionales, diplomacia, tarifas y gobernabilidad.
De este tamaño es el universo en donde pegará la contrarreforma eléctrica.
Ponderando los argumentos del ala oficial del gobierno, se concluye que en estos predominaron los adjetivos que se esgrimen todas las mañanas desde Palacio Nacional, con epítetos endilgados contra los opositores, como adversarios del régimen, mafia del poder, conservadores, fifís, saqueadores, explotadores, potentados, etcétera.
Puros adjetivos pero nada de argumentos basados en datos duros.
Vamos, ni siquiera en los temas relevantes de la iniciativa viene acompañada de información basada en cifras reales, ni siquiera en datos que ofrecen las fuentes del gobierno.
Los Manuel Bartlett, Rocío Nahle, Claudia Sheinbaum, tan solo por citas algunos de los ‘genios’ que participaron, dejaron en claro que, al carecer del conocimiento y de visión científica, los ineficaces e ineptos están del otro lado de la cancha, y no de la propia, a pesar de que los indicadores oficiales dan cuenta del desastre que prevalece en la CFE y en Pemex.
Desde cualquier punto de vista, por decir lo menos, esas dos empresas productivas del Estado están en cifras deficitarias, y con la reforma eléctrica que pretender sacar adelante, el escenario será muy adverso para ellas y para México.
Desde San Lázaro, el parte oficial dado a conocer por Morena reporta que se realizaron 25 foros. Durante enero y febrero se abordaron diversos ángulos de un tema tan relevante para el desarrollo del país como lo es la iniciativa de reforma al sector eléctrico, que constituye un asunto de soberanía energética y de seguridad nacional.
Presume el presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Sergio Gutiérrez Luna, que fue un éxito el Parlamento abierto, visto como un ejercicio de participación democrática: “fue escenario de la expresión libre de las y los ponentes en cada una de las sesiones, en las que se escucharon voces a favor y en contra de la mencionada iniciativa, enviada al Congreso por el titular del Poder Ejecutivo”.