Desde San Lázaro

Alejandro Moreno igual que Roberto Madrazo

Moreno pretende lanzarse como candidato a la presidencia de 2024, al acompañarlo, el PRI estaría ‘cavando su tumba’, comenta Alejo Sánchez Cano.

El canto de las sirenas no lo resiste un político de tercera. Así le pasó a Roberto Madrazo en 2006, cuando perdió en la elección presidencial a manos de Felipe Calderón y quedando rezagado en un lamentable tercer lugar, después de AMLO; igual, ahora, Alejandro Moreno, actual líder nacional del PRI, pretende agandallarse la candidatura presidencial de ese partido para el 2024.

Luego de la estrepitosa derrota del PRI, al perder todas las gubernaturas que estaban en juego, en junio de este año, incluyendo Campeche, de donde es originario y fue gobernador, se atrincheró en el partido y desde allí, le arrebató las candidaturas plurinominales de la cámara de diputados a militantes de cepa para entregárselas a sus incondicionales y con ello tomar el control de la bancada tricolor en la cámara Baja.

Controlado el partido y la cámara de diputados, ahora “Amlito”, como también se le conoce, se auto destapa para la grande y con ello, volvió a recorrer en la sede de ese partido en Insurgentes, el fantasma de Roberto Madrazo, quien le dio la puntilla al Revolucionario Institucional en 2006 y que si no fuera por Enrique Peña Nieto, que lo hizo resurgir en 2012, ya habría perdido su registro a nivel nacional.

En momentos en que la coalición Va por México, conformada por el PAN, PRI y PRD sufre los embates del oficialismo por mantenerse cohesionados rumbo a la discusión de la reforma eléctrica, se le ocurre a Moreno destaparse como aspirante a la presidencia y con ello echar por tierra la posibilidad de presentar una candidatura común respaldada por los tres organismos políticos.

El campechano, a pregunta expresa, advirtió estar listo para asumir esa responsabilidad, debido a que ha sido tres veces diputado federal, senador, gobernador y presidente nacional del PRI. “Al final lo que se necesita es un buen cuadro, un buen liderazgo para enderezar el camino del país”.

El autodestape provocó, más que respaldo entre sus correligionarios, sorpresa e hilaridad, ya que ni son tiempos, ni las condiciones internas del PRI son las adecuadas para un destape tan precipitado y menos sin tener el pulso de las bases; al contrario, hoy más que nunca su actuación al frente del tricolor está en entredicho y cada vez surgen más opositores a que siga al frente.

La ruptura al interior de los tricolores por el agandalle de Alito es un hecho y solo que surja una corriente conciliatoria e imparcial para rencauzar el destino de ese partido, no se ve como puedan salir del atolladero en que los metió Alejandro Moreno.

Habrá que recordar que el PRI todavía gobierna en cuatro estados del país, Hidalgo, Oaxaca, Coahuila y Estado de México, sin embargo, este año, perderá las dos primeras y el próximo se quedará sin ninguna entidad que gobernar.

Lo que parecía imposible hace 21 años, de que el PRI no gobernara en ningún estado, ahora es una posibilidad real y el autor del desastre tiene nombre y apellido y pretende ser su candidato presidencial.

Ni en los sondeos de opinión externos y menos en las encuestas internas del PRI, Alito tiene una presencia relevante y menos contra otros candidatos externos nacionales, así que si los priistas quieren acelerar la hecatombe, solo tienen que acompañar a Moreno en su sueño guajiro.

Seguramente, avalan su proceder desde Palacio Nacional para causar la ruptura la coalición Vamos por México y si no es así, pues no se observa quien podría apadrinar semejante locura.

Hemos platicado con algunos exgobernadores del PRI, que recién terminaron su gestión y todos hablan pestes de Alejandro Moreno, ya que en los comicios de junio, no hubo un respaldo relevante a los candidatos de ese partido a sucederlos, y menos el apoyo con recursos económicos.

En cualquiera de los casos, si Alito se mantiene en su idea de agandalle de la candidatura, será un presagio de que el PRI ahora si camina rumbo a su extinción.

Sera interesante observar el nuevo reacomodo de los partidos políticos después del 2024 sin el PRI y de cómo el sistema partidista se va agotando para dar espacio a la participación organizada de la sociedad y de los mismos ciudadanos.


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