Desde San Lázaro

Con la estatización se acelera la quiebra del gobierno

Una decena de diputados priistas se inclina a rechazar la reforma eléctrica, aunque varios de ellos comentaron que al interior de la bancada el asunto está que arde.

La discusión sobre la eventual aprobación de la reforma eléctrica impulsada por el presidente va perdiendo terreno, por lo menos en el ámbito de los medios de comunicación y redes sociales, toda vez que los argumentos vertidos en la misma son contundentes para su rechazo.

Mientras que en el debate público las cosas están definidas, en la arena político-judicial la situación es diferente, ya que el gobierno está jugando todas sus cartas para presionar en lo personal a varios legisladores, principalmente del PRI, entre ellos su líder nacional, Alejandro Moreno, para que den su brazo a torcer a la hora de alcanzar la mayoría calificada para obtener la aprobación anhelada.

En un sondeo que este reportero ha hecho con una decena de diputados priistas la balanza se inclina a rechazar la reforma eléctrica, aunque varios de ellos comentaron que al interior de la bancada el asunto está que arde, en virtud de que la gente de Amlito que trajo del PRI a diputaciones plurinominales, están por la aprobación y aunque son pocos, representan el número mágico que necesitan Morena, PT y PVEM para alcanzar las dos terceras partes de los votos que se requieren para aprobar la reforma.

Pretender regresar a la CFE en el tiempo a la década de los 80 o antes, con su estatización, es crear castillos sobre una realidad inexistente, ya que se ignora que la población era la mitad de lo que somos ahora y que esa paraestatal marchaba viento en popa por la ejemplar conducción que hicieron algunos de sus directores generales, como el ingeniero Fernando Hiriart Valderrama.

Ese pasado es diferente a lo que ocurre ahora con Manuel Bartlett, cuyas decisiones, por cierto, responden más a caprichos, resentimientos e intereses personales, que a satisfacer la demanda del fluido eléctrico que requieren más de 126 millones de mexicanos.

En la actualidad la CFE está en un punto crucial de su historia, sin embargo, con un hombre en la presidencia de la República que no la concibe como una empresa productiva del Estado que tenga un papel protagónico en un mercado con alta competitividad, sino como un monopolio del Estado como ocurría hace 50 años, pues el augurio es desalentador para el país, dicho esto por las calificadoras internacionales.

Recordemos que las arcas del gobierno de la 4T están quebradas y si ahora la situación está bajo cierto control, gracias principalmente a los precios internacionales que tiene la mezcla mexicana, cuando se estatice la CFE no habrá dinero que alcance para por lo menos satisfacer la demanda del fluido eléctrico que requiere no solo la población, sino la industria que cada vez es más demandante en proporción al crecimiento económico.

Los intereses de la deuda externa, más las pensiones -incluyendo el apoyo que reciben los adultos mayores de 65 años-, se queman buena parte del presupuesto federal, y si a ello le agregamos que por más esfuerzos que se hagan, los ingresos tributarios se mantienen en rangos que son insuficientes para fondear al Presupuesto que estará alrededor de los 7 billones de pesos, pues en menudo lio estamos.

En este contexto económico imaginemos que se estatiza a la CFE y que tiene que generar los ingresos que requiere para funcionar al tope. En esta lógica, ¿qué rangos de incrementos se requieren para tener los recursos suficientes?

Dicen que con la reforma eléctrica bajará la luz, argumento falaz a todas luces.

La zanahoria de que los mexicanos vuelvan a ser dueños de la CFE ya no se la traga nadie, porque sencillamente no representa nada.

Cuando cada vez más consumidores usan las celdas solares para su autoconsumo eléctrico a un costo brutalmente barato y además tienen excedentes que le venden a la CFE, resulta absurdo pensar que estarían a favor de que se las quiten.

La participación de la IP en el mercado de electricidad trae inversiones, empleos, abaratamiento de la luz, uso de energías renovables y satisfacción de la demanda, con el salto al pasado que se pretende hacer, todo esto desaparecería por decreto presidencial.

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